Todos los personajes de este fanfic son mayores de edad
Esta historia está basada en el mundo fantástico de los juegos Splatoon y Splatoon 2, no constituye agravios a los derechos de autor, arte, personajes y/o situaciones, los nombres no representa...
Martes, más o menos 2 de la tarde, hay tormenta eléctrica fuerte sobre los bosques de las montañas, todo allí eran árboles y algo de niebla bajo la inclemente tempestad, pero había algo que no encajaba con la naturaleza, un viejo y algo maltrecho templo, rodeado por una ruta empedrada, por donde se movía ágilmente un joven inkling, protegido por un sombrero de heno y una túnica para evitar mojarse en exceso, aquel chico saltaba y corría entre la lluvia cargando una gran mochila improvisada, se detuvo entonces en el templo y una vez allí se arrodilló frente a un par de estatuas que había en el interior del recinto, encendió una vela, unas varas de incienso y luego se retiró del lugar.
Inkling chico: ¡Adiós abuela! ¡Adiós abuelo!
Aquel joven inkling anduvo por los caminos de piedra que había en la montaña, fueron varias horas de camino bajo la lluvia hasta que, finalmente, alcanzó una carretera de tierra en la base de la montaña, una vez allí abordó una carreta que pasaba por el camino, esta lo llevó hasta un pequeño poblado, y al llegar, el inkling vio aquella montaña por última vez antes de abordar un autobús.
Pasaron varias horas de camino, aquel inkling sonreía con la ilusión de conocer la gran ciudad de Cromópolis, ante la sorpresa de varios otros pasajeros, aquel chico ojeaba una revista con algunas fotografías de aquella anhelada ciudad, pensaba en todo lo que podría hacer una vez llegar allí, las personas que iba a conocer, los famosos combates territoriales, el trabajo, la comida, tantas cosas nuevas que, para los citadinos, eran parte de su rutina, y muchas veces pasaban desapercibidas, para él no lo eran, y le provocaban una enorme sonrisa.
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Finalmente el autobús se detuvo junto a una pequeña plaza, allí había algunas tiendas y mucha gente en los andenes, el inkling tomó sus cosas y caminó rápidamente hacia un tren que estaba por salir de la estación, aún faltaban algunos kilómetros para llegar a aquel lugar soñado, pero fue un viaje ligero y tranquilo, poco a poco la tormenta y las nubes se fueron disipando, el sol comenzó a desvelarse en el cielo y para cuando el tren llegó a su destino final, el cielo estaba soleado, la ciudad estaba llena de vida y música, y eso que ya era algo tarde, pero aun así, aquel joven inkling bajó del tren, y al pisar el suelo de Cromópolis se retiró el sobrero, exhibió una brillante sonrisa, unos tentáculos de un peculiar color rojizo peinados a la vieja usanza, y una mirada extraña, sus ojos eran algo inusuales, pues sus pupilas no eran redondas u ovaladas, sino en forma de estrella, un rasgo que pocas familias aún conservaban, varios de los presentes en la plaza se acercaron para verlo mejor, pero al darse cuenta que no se trataba de alguna celebridad, sino de un pueblerino, casi todos ellos se retiraron.
En la ciudad todo era un caos, muy diferente a la paz y la calma a la que aquel joven había estado acostumbrado desde siempre, sin embargo eso no logró desanimarlo, buscó por algunas horas algún lugar para pasar la noche, y algún lugar para trabajar, pero debido a la hora casi todo ya estaba cerrado, las tiendas, los hoteles, no conocía a nadie en aquella ciudad, sin más opciones, sacó un antiguo instrumento de cuerda de su mochila, se puso junto a lo que parecía ser un almacén, y comenzó a tocar para reunir algo de dinero.
Al principio la gente no parecía muy interesada en su música, pero tras un rato varios de los pasajeros comenzaron a acercarse y a dejar algo de dinero en el sombrero del joven inkling, eso lo animó y comenzó a tocar de una manera más alegre e interesante, así transcurrió un rato, hasta que la reja de aquel almacén se abrió y de allí salieron 4 chicas, dos de ellas se quedaron allí observando al joven músico, pero la alegría duró poco, pues desde el interior del lugar alguien le arrojó algo de agua, argumentando que estaba ahuyentando a los posibles trabajadores, una de las chicas que había salido del local se enojó bastante al ver la escena así que intervino, secó un poco al pobre joven músico y los 3 se marcharon del lugar.
Inkling chica: ¿Estás bien? Ese viejo don Oso es un infeliz y egoísta
Inkling chico: Sí, estoy bien, no logró mojarme lo suficiente (sonríe)
Inkling chica: No eres de por aquí ¿verdad?
Inkling chico: No, señorita, recién llego a esta ciudad
Octoling chica: Tus ojos son muy raros ¿eres famoso?
Inkling chica: Basta, Patricia, vas a asustarlo
Patricia: Pero es que es muy inusual, solamente las estrellas de cine o los músicos tienen ese tipo de ojos, Rose
Rose: Eso es verdad, pero acabas de ver que el chico tocaba una ¿guitarra?
Inkling chico: de hecho, es un samisén, es un instrumento musical tradicional de donde yo vengo
Patricia: ¿de dónde vienes?
Inkling chico: yo provengo de una lejana provincia, de las montañas de Irelia ¿y tú? ¿eres una octariana?
Patricia: eso... eso es una larga historia ¿cómo sabes que soy una octariana?
Rose: Ya tendremos tiempo para hablar de eso, vamos por un batido para que conversemos, pero ven, por cierto ¿cuál es tu nombre?
Inkling Chico: me llamo Iruka, Gothling Iruka
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