Perfecto, es viernes no he conseguido algún progreso en la apuesta y esta lloviendo, el entrenamiento se cancelo.
Eduardo ya se fue a su casa, ya solamente falta que me vaya yo.
Suspiro, acabo de recordar que deje algo en los vestidores, antes de que se cancelara el entrenamiento.

Voy a ellos, salgo con mi sudadera gris y me encamino a mi auto, antes de que salga al instituto me percato de una persona, tiene un celular en el oído, me hacerlo a ella, y puedo escuchar que esta susurrando.

—Vamos, vamos, vamos contesta —Entonces cuelga, se voltea y le sonrió.

—Hola Cariño —Tal vez no es el mejor momento. ¿Pero acaso existe alguno? Si no aprovechó ahora, jamás llegaré a algo y perderé mi reputación en cierto modo.

—¿Mi día no se puede arruinar mas de lo que ya esta? —Dice más para si misma que mas para mi—. ¿Se te ofrece algo? —Lo dice mas tranquila, tratando de controlarse.

—De hecho, me preguntaba por ti. ¿Estas bien? —Tengo el presentimiento de que no lo esta. Y que va a ser súper cortante.

—No tengo transporte para casa, Román esta enfermo... Y pues —Mira a su reloj dorado que tiene en su muñeca—, si corro alcanzare al transporte del instituto, así que adiós Valerio.

Hace mucho que nadie me llamaba por mi apellido, bueno si me pongo a pensar bien... es la única forma en como me llama ella, pero al momento que se da la vuelta le tomo por la muñeca, provocando que mi mochila se cayera. Fue un movimiento estupido, pero tenía que detenerla.

—Yo te llevo a tu casa —Si quería lograr tan si quiera algo, podríamos conversar algo en el camino—. Y si no estoy mal —Ahora yo estoy viendo mi reloj—, el camión ya se fue hace diez minutos.

Ella suspira, voltea a ver por el pasillo, luego me ve a mi, yo sigo teniendo su muñeca en mi mano, suelto un poco mi agarre pero no mucho, porque no la quiero lastimar.

—Suéltame Valerio —Ahora está enojada, empiezo a creer que es un poco bipolar—, me iré de alguna manera, pero no contigo.

—No te soltaré —Sonó realmente infantil, pero en cierto modo no podía dejar que se fuera—, a nomas que aceptes que te lleve a tu casa.

Trata de zafarse de mi agarre, pero vamos, ambos sabemos que no puede contra mi.

—Aparte, ¿Acaso estás loca? ¡Está lloviendo! Si te vas caminando te resfriarás —Punto para mí.

Trata de volver a zafarse de mi, y si, no logra nada.
Suspira y me observa por unos momentos.

Vuelve a suspirar. Sus ojos verdes me miran fijamente. Sonrío un poco de lado.

—Esta bien, pero que quede claro que es porque ya no tengo opciones —Sigo sujetándola de las muñecas—, ahora suéltame.

Eso duele, pero me conformo, y la suelto.

Nos dirigimos al estacionamiento corriendo para que no nos mojemos.

Subimos a mi carro algo mojados los dos.

—¿Sabes donde vivo o te digo por donde? —La verdad es que no—, no creo que seas un acosador, o eso espero, así que mejor te voy diciendo por donde.

—Dime por donde —Le confirmó y ella asiente, me empieza a decir por donde ir.

En el transcurso del camino escuchamos la radio.

—Bien veamos —Digo y parece llamar su atención—. Se tres cosas sobre ti, vas a la biblioteca los domingos, me odias y te gusta dibujar o algo por el estilo. ¿Que mas no se sobre ti?

La apuesta perfecta [1]¡Lee esta historia GRATIS!