"Los caídos" cuarto libro de la saga "Todos mis demonios" cap. 13

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13. Heridos.

- ¡Eliza!- Lucas gritó mi nombre a voz en cuello. Tras él, por la puerta salió Anežka.

Los dos tenían cara de no haber pegado un ojo en toda la noche. Bueno, no es que fuese precisamente así para Lucas, en él la mala cada debía deberse solamente a la preocupación causada por mi desaparición, no por la falta de sueño.

Por el bien de todos, alcé todas las barreras mentales que pude, Lucas no podía llegar a mí, mucho menos, a ellos.

- ¡¿Por Dios, dónde te habías metido?!- se lanzó sobre mí en un abrazo que casi me tumba. Me apretó entre sus brazos con tanta fuerza que poco falto para que me saltasen los ojos de las órbitas. Apartándose de mí un paso, requisó mi cuerpo con sus ojos, lo cuales parecían un escáner de rayos equis-. ¿Estás bien? ¿Dónde estabas? ¿Qué te pasó? Fui a buscarte al supermercado. Encontré tu camioneta abierta, tu cartera, tu celular, las llaves en el piso. ¿Qué sucedió? Comenzábamos a pensar lo peor. Tenemos que llamar a Gaspar para avisarle que estás de vuelta. Todo mundo salió a buscarte, incluso barajamos la posibilidad de llamar a tu padre…fue idea de Gaspar; no sé si no lo habrá llamado ya. Estábamos terriblemente preocupados. Hace tan solo un par de horas Gaspar logró dar con Vicente, viene en camino-. Se me acercó otra vez y apretándome los brazos dijo:- nos tenías muertos de miedo-. Me estrechó contra su pecho otra vez-. Temí no volver a verte nunca más- me susurró al oído-. Creí que iba a volverme loco de desesperación- continuó diciendo con una voz llena de angustia que al instante me hizo sentir pésimo. Más allá de las amenazas de Gabriel tenía pensado no contar ni una sola palabra a nadie, sobre lo sucedido en las horas pasadas.

- Estoy bien, Lucas. Lamento que te hayas preocupado tanto por mí.

- ¿Pero qué te pasó? Te topaste con algún demonio…¿te atacaron?

- No me pasó nada- sutilmente lo aparté de mi lado-. Mejor vamos a llamar a todos para que se tranquilicen. No fue nada. No creí que se alterarían tanto.

- ¿No creíste que nos alteraríamos tanto?- me miró torcido-. Tal como están las cosas pensamos lo peor. Ni te imaginas lo que fue encontrar tu camioneta abandonada en el estacionamiento del supermercado…y el resto de tus cosas. Sentí que el mundo se desmoronaba debajo de mis pies. Fue…nunca tuve tanto miedo por nadie- dijo bajando la voz mientras espiaba por el rabillo del ojo en dirección a Anežka, quién se había mantenido a una distancia prudencial de unos cuantos pasos por detrás de Lucas.

- Perdón, ni me imaginé que fuese a causar tanto…

- ¿Dónde estabas?

- Por ahí- le contesté encogiéndome de hombros-. Necesitaba un poco de soledad-. Aquella era una mentira basada en lo que sentí anoche al momento de salir de casa. Ni yo resistí mi propia mentira. Al instante quise huir de allí, y de hecho lo hice, lo esquivé y enfile en dirección a la puerta de la cocina.

- Estoy bien- le expliqué Anežka en checo, cuando llegué a su lado-. No me pasó nada. Perdón por haberte preocupado. ¿No pegaste en ojo en toda la noche?

Anežka negó con la cabeza.

- Cosas de demonios- añadí forzando una sonrisa-. Todo está bien. Ven, vamos adentro, necesito comer algo. ¿Desayunaron ya?

- No, ni se me ocurrió en pensar en eso. Realmente nos preocupamos mucho.

- Gracias por eso- le rodeé los hombros con un brazo procurando esconder mi espalda de los ojos de Lucas (el rasgón en mi chaqueta sería difícil de explicar sin contar la verdad; en cuanto llegase arriba tendría que deshacerme de dicha prenda y de la camisa ensangrentada que escondía debajo).

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