"Hay momentos en que la docilidad es poder, la risa es fortaleza, y una caricia es golpe que anula al asesino. Estas son lecciones que hasta el más poderoso guerrero debe aprender"
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Corrió con una sonrisa tímida pintada en los labios. Sería un día muy especial, estaba segura. Shino y Kiba eran muy buenos con ella y a pesar de lo débil que era entrenaban a su ritmo, Kurenai-sensei dijo que había mejorado mucho y aunque ninguno excepto Shikamaru pasara los exámenes chunin estaba segura que mejoraría más con el tiempo. Neji-niisan era muy amable y atento, desde que podía recordar lo era, le daba el cariño que ni su padre ni su hermana pequeña le otorgaban. Naruto también le había felicitado y nada podía llenarle de más dicha que el reconocimiento de su amor platónico sin importar que él solo tuviera ojos para Sakura-san. Así que podía decir que era relativamente feliz en aquella pequeña burbuja de cristal, y con esos pensamientos ingresó a la mansión Hyuga dando unos cuantos saltitos. Por supuesto, acomodó su porte casi al instante al darse cuenta y pensar en lo que diría su padre sobre su comportamiento infantil.
No quería que su padre se enojara con ella, no quería darle más motivos para sus miradas decepcionadas y sus palabras duras.
Pasó rápido al dojo lista para inclinarse ante el líder y comenzar la lección, pero no hubo necesidad de tal acción. Se quedó en la entrada cuando vio algo inesperado: la mayoría del clan se encontraba allí. Su padre sobresalía con aquella postura soberbia e indiferente, su tío Hizashi le lanzó una mirada de compasión y resignación, una mirada cargada de tristeza que la estremeció, y el consejo apenas reparó en su pequeña figura, dándole aquella mirada evaluativa de un segundo que parecía decir que era mercancía sin valor. No entendía nada pero sintió frío, un frío extraño dado la temporada y el calor que los abrasaba.
Entonces, miró a la única persona que desconocía, una mujer que le daba la espalda y dejaba una taza de té para girar a observarla.
Los largos cabellos lilas ondearon con suavidad, enmarcando su rostro y su figura sensual, era hermosa, muy hermosa. Hinata había contemplado diferentes tipos de belleza siendo quien era, siendo una heredera indigna pero siendo una heredera pesara a quien pesara, y reconoció en esa desconocida una belleza anormal y salvaje, como los animales indomables, como las flores venenosas, como todo aquello que era peligroso y destructivo...
Ella le sonrió con adulación, parecía rozar los cuarenta pero su belleza era inamovible, sus gestos confiados, sus ojos determinados, e incluso ella siendo una niña podía sentir la atracción y el deseo que ejercía sobre la mayoría de los ninjas.
—Hinata.
Asintió a sus palabras. Ella se le acercó con lentitud como si temiera asustarla, caminaba con gracia y soltura pero Hinata sentía miedo. Acababa de ver a Sakura, Tenten e Ino con expresión consternada, Sakura lloraba incluso. ¿Qué pasaba?
La mujer llegó finalmente hasta ella y se inclinó con interés, su mirada era profunda y oscura, y Hinata tembló. Los largos dedos pálidos acariciaron su rostro recorriendo sus pómulos y subiendo a sus pestañas hasta las comisuras de sus ojos, los ojos que tenían el Byakugan.
Los ojos que muchos anhelaban y envidiaban.
Su padre carraspeó.
—Ella es Chiyome Mochizuki* —presentó con cortesía helada.
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Dulce Castigo
FanfictionMás punzante que el arma más mortífera, con una belleza más deslumbrante que la luz, capaz de penetrar en el corazón del enemigo con más profundidad que un puñal, la mujer ninja era al mismo tiempo el arma más seductora y traicionera del ninjutsu.
