Atychiphobia: miedo al fracaso; a no ser suficiente.
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Louis Tomlinson no siempre fue tímido y callado, solía ser radiante y sarcástico y nunca, nunca, le tuvo miedo a la vida, es más, se lanzaba de lleno a ella. Pero las cosas cambian. La gente cambia, se va y no vuelven y nos dejan solos y con el alma partida al medio. Hay veces que nosotros los lastimamos y en esa herida ajena, nos clavamos un puñal a nosotros mismos. Eso mismo le pasó a él.
Ahora, Louis Tomlinson, es un joven de 20 años, que esconde sus manos en suéters demasiado grandes de color crema, y mira siempre para abajo. A la noche, cuando siente que su mundo se cae a pedazos y sus pestañas se bañan de mar, suelta hipidos y suspira, ahogándose en la sensación de no ser suficiente para amar y ser amado. Pero, cuando ama, ama con todo lo que es.
Cuando Louis conoció a Niall, sólo pudo pensar en su voz brillante, su acento irlandés bien marcado y sus ojos azules mezclados con amarillo. No pudo evitar pensar, también, que ese chico era la definición de extrovertido y en lo mucho que le gustaría ser como él, aunque una vez él fue así también. Estaba en la cama, había llegado a la habitación hacía unos tres días, y ya había marcado su lado, llenando su escritorio de pilas de libros, tazas de té, y plantitas, su ventana tenía piedras preciosas apoyadas en el borde y en la pared había puesto el cuadro de "La Noche Estrellada", el cuál había comprado en el MoMA en cuanto había llegado a la ciudad. Honestamente, estaba orgulloso, aunque le aterraba que su compañero de habitación lo juzgara, pero cuando Niall entró (con más valijas de lo esperado) haciendo mucho ruido, miró alrededor suyo y exclamó:
— Colega, tenemos un estilo muy parecido, la habitación nos va a quedar monísima.
Y así fue, Niall quizás no era lector, pero tenía lucecitas y amaba las flores tanto como él, tenían discos y compraron entre los dos una biblioteca la cual hicieron de ambos, llenándola de libros, fotos y memorias. Tenían un frasco de vidrio donde ponían un dólar cada vez que alguno insultaba (Niall llenándolo bastante rápido) y el cambio chico, y cuando llegaban a fin de mes con lo que estaba ahí se iban de compras, comprando velas con olor o ropa o lo que quisieran en el momento. El rubio le cocinaba brownies, le hacía té y lo abrazaba fuerte fuerte cuando lo escuchaba llorar, Louis le escribía historias y poemas, y le cantaba canciones mientras tocaba la guitarra cuando Niall no podía dormir. Se hicieron más que amigos, se volvieron hermanos, dándose cuenta de que no estaban solos.
— Ni, — dijo Louis, ya vestido a las 6 de la mañana.— me voy a correr, ¿vienes conmigo? — siempre le preguntaba por más que sabía que su amigo iba a soltar un suspiro y le iba a decir que no con voz amortiguada por las mantas. Dicho y hecho:
— No, Lou, cuídate, no pises vidrios. — el ojiazul le iba a responder pero antes de que abriera la boca escuchó un ronquido muy muy bajito. Lo tapó un poco mejor, ya que vio que su pie estaba al aire y le dio un beso en sus cabellos rubios, para luego irse.
¿A qué se refería con que no pisase vidrios? Louis tenía esta teoría de vida, la cual fue implantada gracias a su madre que era atleta, que correr descalzo era mejor para el cuerpo, conexión con la tierra, otros músculos trabajando, etc. En cuanto pensó en su madre, decidió borrarla de su mente, y se dedicó a sentir la tierra del central park entre sus dedos. Ese día era uno de sus días libres, y estaba contento, no quería arruinarlo con pensamientos tristes desde tan temprano.
Iba tranquilo, pero de golpe sintió un toque en su hombro que lo sacó de su ensimismamiento, se dio vuelta y vio sobre su hombro a un chico realmente bonito, con ojos de color miel y cabello castaño, una sonrisa plantada en sus labios. Louis aminoró el paso.
— Hey, corres descalzo, ¿huh? — dijo el chico, señalando sus pies, el ojiazul asintió sintiéndose avergonzado pero luego vio los pies del otro y se dio cuenta de que los suyos también estaban a la interperie. — La gente suele decir que es peligroso, pero es mucho mejor de esta manera, ¿no? — Louis asintió de vuelta, no sabiendo qué contestar. — Soy Zayn, ¿cuál es tu nombre?
— Louis, — respondió de manera suave, ahora ambos trotando a la misma velocidad. — ¿corres siempre a esta hora? Nunca te vi.
— Hm, no. En realidad lo hacía un poco más tarde, pero conseguí trabajo y ahora tengo que trotar a esta hora. — comentó Zayn, encogiéndose de hombros. — ¿Tú trabajas?
Así empezaron a charlar, luego se fueron a un café donde Zayn habló de un millar de cosas y Louis le respondió de manera suave mientras tomaba de a sorbitos su té. Por último intercambiaron números, y se hicieron amigos.
Cuando Niall conoció a Zayn, se quedó maravillado. Hacía un tiempo no sentía algo como esto, demasiado aterrado como para realmente sentir un crush o lo que sea, siempre cerrándose a sí mismo por miedo a que le volviera a pasar lo que pasó en su última relación. Lo primero que vio en él, fueron sus ojos rasgados, luego sus zapatillas de distintos colores, una verde y la otra violeta. Ahí supo que estaba perdido.
Cuando Zayn conoció a Niall, nunca estuvo tan agradecido con Louis como en ese instante. Lo primero que vio fueron sus ojos celestes, y su pelo despeinado y suave. Cuando escuchó su voz y su acento, sintió que el tiempo se volvía más lento.
— Louis, no me dijiste que venías con invitados. — murmuró el rubio, levantándose de la cama, dejando a la luz una sudadera muy grande y unos joggings muy sueltos. Cuando se acercó a saludar a Zayn, le plantó un beso en la mejilla y su olor a vainilla lo dejó algo embobado, era un poco más petiso, y el pelinegro, que siempre sabía qué decir, de golpe se quedó sin palabras, pero al menos pudo guiñarle el ojo rápidamente, haciendo que Niall se sonrojara. — Soy Niall. — se presentó, recuperándose de la vergüenza.
— Soy Zayn. — le respondió él de manera suave. Louis los observaba con una sonrisa muy pequeña en su rostro.
— Hm, ¿Zayn? ¿Te quedas a cenar? — preguntó, tratando de no romper la atmósfera. En realidad el pelinegro había ido a su departamento a buscar unas pinturas que Louis le dijo que tenía, pero no le molestaba la idea de presentárselo a Niall.
— Claro, si no tienen problema. — dijo él con una sonrisa, Niall parecía que brillaba.
— ¡Ninguno! Íbamos a cenar pizza y a hacer maratón de pelis, hoy toca de terror, ¿no es así, Lou? — Louis asintió.
— Fantástico. — respondió Zayn.
Esa fue la primera noche de muchas, Louis y Niall no esperaron a fin de mes y usaron lo del frasco para comprar un colchón extra. Zayn llenó el departamento con su propia huella también, dejando aerosoles para graffitis, pintando sus paredes con ellos. Las fotos de la biblioteca dejaron de ser de dos para volverse de tres, el lugar se llenó de olor a lluvia y a sol y el rubio aprendió a cocinar comida vegetariana para él. Niall se enamoró tímidamente. Zayn también. Louis tenía miedo.
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N/A: Este fanfic presentará situaciones de violencia, enfermedades mentales y básicamente cosas muy gráficas. Si te sientes afectado/a, leer bajo propia discreción. Cualquier crítica es aceptada.
Ninguno de los personajes me pertenece.
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El Secreto de Nueva York. (l.s)
FanfictionTodos tienen secretos, eso es parte del ser humano. Ellos tienen que aprender a sobrevivir con los mismos, o se ahogarán en el camino. Descripción gráfica de temas sensibles (no los menciono por una cuestión de que sería spoiler).
