1. El pequeño Aladdín
El día se mostraba soleado con ligeros vientos frescos, un día perfecto para hacer una caminata tranquila mientras ves a tu alrededor, lástima que un rubio no podía admirarlo por el hecho de que llegaba tarde. Corría como podía, su respiración era agitada mientras intentaba acelerar lo más que podía.
Pronto llegó a la preparatoria donde estaban a punto de cerrar la entrada, un pelí rojo que tenía una pequeña barba miraba divertido al rubio quien esté se cayó rodando por todo el camino hasta entrar a la escuela.
— Buen aterrizaje, Alibaba. — No paraba de reír el profesor.
— Cállate, profesor Kouen. — Sobaba sus pompas por el aterrizaje.
— Es mejor que entres a la clase, tu tutora Sherezade va a notar que llegaste tarde sino te apuras. — Le alegraba al ver a su estudiante favorito. Siempre que le daba clase terminaban en debates y en algunas ocasiones veía al menor que hacía su puchero al perder contra él.
— Lo sé. — Se dirigió a su salón donde se sentó hasta los penúltimos asientos.
Saco de su mochila el cuaderno de escritura pudiendo ver cómo una chica rubia entraba, parecía de dieciséis años o menos pero tenía más de veinte, era su maestra de escritura quién era su tutora, la maestra Sherezade.
— Muy bien, estudiantes. Saquen su libro, hoy les voy a enseñar unos cuantos ejemplos de la poesía. — Sacó unos gises empezando a escribir.
— Hola, Alibaba. — Dijo una voz dulce. Su piel se erizó al escucharlo repentinamente.
— ¡Whuaa!. — Soltó un pequeño grito y vio a su lado el pequeño de cabello azul trenzado. — Hola, Aladdín, vaya susto que me diste.
— Alibaba, guarde silencio, por favor. — Siguió escribiendo en el pizarrón.
— Lo siento, maestra. — Rió con nerviosismo.
[...]
Suspiró comiendo su sandwich de la cooperativa, no era muy bueno pero con eso llenaría su estómago o al menos eso pensó, no funcionó del todo la idea.
Se había levantado tarde, cuando se dio cuenta salió corriendo como nunca antes visto, últimamente tenía muy mala espina de algo pero no sabía de qué. Le asustaba el no saber, más aún, cuando se le erizaba al oír al pequeño llamarlo, como si su cuerpo le dijera que él no era bueno.
Pero, ¿Cómo eso era posible? Él era un inocente, su mejor amigo, alguien que le decía que todo saldría bien, que le llenaba de optimismo. No podía ser malo, negó con la cabeza apenas seguro de lo que negaba.
— ¿Todo bien, Alibaba–Kun?. — Su piel nuevamente se erizó y volteó a ver al pelí azul.
— Sí. — Tenía aún más hambre.
— ¿Quieres comer de mi bento?. — Preguntó con una voz inocente el trenzado azulado.
— Uhh... Sí. — Intentó calmar aquella calentura que empezó a rodear su cuerpo sin razón aparente.
El pelí azul sentó al rubio para después ponerse en sus rodillas y empezar a alimentarlo como si fueran pareja. Se ruborizó más el de ojos ámbar, jamás había sido alimentado de esa manera, además de que sentía un gran cosquilleo en su cuerpo.
— Di "ah". — Decía mientras que con sus palillos sostenían un rollo de huevo acercándose lo a la boca del otro.
Al comerlo sabía delicioso, de hecho, todo el bento que siempre traía el de ojos zafiros eran deliciosos, pues, este siempre se preparaba el suyo. Ahora que recordaba, el pelí azul no tenía madre, nunca le contó la razón, su padre siempre estaba en el trabajo y las personas que lo cuidaban la mayoría de veces se encontraba haciendo lo mismo que el padre.
Pero aún así, podía ver la linda sonrisa del otro que le dedicaba, era increíble que aún así podía ser optimista, ver las cosas de otra perspectiva.
Siguió disfrutando del almuerzo hasta llegar en el último rollo de huevo, donde una chica pelirroja apareció abrazando al rubio y por inercia el otro lo terminará tirando.
— Perdón. — Es lo único que pudo decir al ser casi ahorcado por ella.
— No te preocupes. — Sonrió de manera optimista. — Alibaba, hace mucho que no nos vemos. — Lo abrazó más fuerte.
— Sí, hace un buen, Kougyoku. — Apenas si respiraba.
Todo parecía tranquilo, la chica molestando al rubio y el de ojos zafiros sonriendo de manera muy optimista. Las cosas parecían ir bien, disfrutaban del momento, más la cierta pareja.
Al final tocaron el timbre terminando el receso, todos entraron a sus aulas perspectivas, los dos chicos entraron al salón ya que en todas las materias, excepto club, estaban los dos juntos.
Al sentarse en sus lugares, el maestro entró, un pelirrojo con una barba corta, sí, era el profesor Kouen, daba la materia de Historia, algo que a muchos no le fascinaban pero solamente le prestaban atención por el simple hecho de que él tenía el poder.
Empezó a dar la clase donde no faltaba que el rubio y el hicieran su debate, a todos se les hacía interesante ya que mediante ese debate aprendían más de historia.
— Vaya, has mejorado bien por lo que deduzco que has estado investigando. — Rió burlón el mayor. En eso, miró al pelí azul —. Te veo que has estado viéndonos durante un rato, ¿Algo que decir?.
— No, nada, fue interesante el discurso que dio Saluja. — Sonrió tiernamente.
Era alguien tan tierno que hasta querían abrazarlo, era una ternura que nadie podía odiar ni temer. El profesor quito su sonrisa poniéndose recta, algo no le agradaba pero decidió seguir con la clase.
[...]
El timbre dando final a la clase había sonado, todos se levantaron yendose del salón solo para llegar a sus casas a descansar. El pelí azul se levantó recogiendo sus cosas esperando al otro quien con sus cosas caminaron hasta la salida.
El sol empezaba a ocultarse en la tierra dando un hermoso atardecer, el viento soplaba lentamente dando una brisa tranquila y relajante. Definitivamente era un tranquilo día como cualquiera, tan relajante, y algo sospechoso.
— Es una pena que Morgiana no haya venido. — Dijo Saluja. — Me avisó que había faltado por un dolor de estómago, ojalá venga mañana.
— Sí. De seguro la veremos, pues eso está en nuestro destino. — Su sonrisa vislumbraba al otro haciéndolo sonrojar levemente.
— ¡Alibaba!. — En eso, una pelirroja abrazo al otro con una gran sonrisa — ¡Vámonos juntos a casa!.
— Kougyoku, es que, le prometí a Aladdín... — No fue escuchado ya que cierta pelirroja se lo llevaba empujándolo sin darle ninguna explicación.
Al final el rubio terminó guardando silencio acompañando a la chica, realmente no sabía lo que le pasaba a ella, estaba más apegada a él que de costumbre, lo que no sabía es que la chica empezaba a tener un amor pasajero hacia el. La sonrisa de Aladdín se sostuvo hasta que los dos desaparecieron, pronto su sonrisa se desaparecío poco a poco mostrando un rostro sin sentimientos.
— ¿Así que Kougyoku, eh? — Dió media vuelta dándole la espalda donde se había ido cierta pareja. — Gracias por la información, nos volveremos a ver.
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Alibaba, ¿Me Quieres? (AliAla)
FanfictionAlibaba presiente algo pero no sabe que es. Aladdín siempre a estado con él y dando su apoyo. Empiezan a desaparecer personas que conocían, ¿Qué está ocurriendo?.
