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Era una mañana aburrida, tranquila como cualquier otra, con un cielo nublado por el frío, pero sin dar señales de una cercana lluvia. Él estaba ahí, sentado en la banca del parque, con un libro en sus manos. Lo estaba leyendo. No, lo estaba viviendo, ajeno del mundo real, sin darse cuenta de la presencia que lo estaba observando desde hace 10 largos minutos. Estaba tan perdido de la realidad que no se dio cuenta del joven que se le estaba acercando a él. Un completo desconocido.

—¿No es muy temprano para estar aquí sentado?

Una voz grave rompió el dulce y tranquilo silencio en el que se veía sumergido el chico junto a su historia. Miedo, eso fue lo único que sintió en ese momento, tantas preguntas pasaron por su cabeza. ¿Quién era esa persona? ¿Cuánto tiempo había estado ahí? ¿Desde hace cuanto lo estaba mirando? ¿Por qué lo estaba mirando primero que todo? ¿Acaso era un secuestrador? ¿O un acosador? Finalmente decidió levantar la mirada y enfrentar con seguridad, la cual no tenía, al hombre que se había acercado a él.

No esperaba encontrarse con algo así.

Unos ojos color chocolate, una mirada profunda pero brillante, se posaba frente a su libro, pero cambió repentinamente su dirección al pelinegro dueño del objeto. Un sentimiento de plenitud y tranquilidad se instauró en su alma al no encontrar malas intenciones en la mirada del joven. Volvió a sentir su corazón latir y soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo, haciendo reír al contrario por su acción.

—Lo lamento, no era mi intención asustarte, de verdad, pero cuando te vi pensé ¿qué joven en sus cinco sentidos estaría sentado en una banca de parque a las 6 de la mañana?

—¿Acaso es eso asunto tuyo? —sonó más tosco de lo que le hubiese gustado.

—Lo lamento, tienes razón —dijo mostrando una sonrisa llena de arrepentimiento y vergüenza que logró ablandar un poco el corazón del pelinegro, la incomodidad tensó el ambiente y ambos lo sabían—. Se me está haciendo tarde, adiós.

Se está yendo...

Una presión dentro de su corazón se hizo presente, le molestaba, no entendía la razón, pero eso solo lo asfixiaba más.

—Frecuento este lugar todos los días a las 5 para leer antes de ir a la escuela —soltó, por medio de un susurro que llegó a los oídos del contrario, sin pensar en la razón de su acción.

—Oh, así que un apasionado por la literatura —dijo, volteándose nuevamente hacia el chico del libro, quien a verlo sintió esa sensación incómoda desaparecer.

—O un desadaptado nerdo que no sabe aprovechar su juventud —afirmó con una risa asomándose por sus labios, una risa amarga que no le gustó al castaño frente a él.

—Te entiendo, aunque las personas comunes no comprenden que los nerdos tenemos más posibilidades de ser sus jefes —afirmó guiñándole un ojo al chico frente a él, sacándole una pequeña sonrisa junto a un sonrojo leve—. Me debo ir. Espero que nos volvamos a encontrar, pero para la próxima sal más abrigado, estos fríos no son buenos para las neuronas.

Y se fue sin más, sin siquiera permitirle hacer ninguna de las preguntas que se había planteado antes. Ni siquiera le preguntó por su nombre.

­­­~~♡~~

—¡SeokJin!

—No.

—P-Pero...

—Te dije que no. ¿Acaso no entiendes?

—Veo que amaneciste de mal humor...

No era cierto, él había amanecido bastante bien, a decir verdad, solo que un pequeño encuentro mañanero en el parque le arruinó el ánimo, no por haber sido desagradable, fue bastante cómodo, lo cual lo sorprendió. Se sintió bien intercambiando pocas palabras con un completo desconocido.

Un desconocido de ojos hermosos.

Sus ojos eran... tan profundos, tan agradables. Con solo verlos te podían contar mil historias y muchas más. Te trasmitían tranquilidad y paz, su mirada era dulce, pero potente. Absorbía tu alma.

Quería saber más de él, pero no pudo.

Se sentía mal, por no ser capaz por lo menos de agradecerle al joven que lo acompañó y se preocupó por él. Pero se sentía peor por ese vacío indescriptible que se instaló en su pecho desde su ida.

Espero que nos volvamos a encontrar.

Él también esperaba volver a verlo, para agradecerle, y hasta podía gastarle un café.

—¿Me estás escuchando, SeokJin?

—No.

—¿Te sientes bien? Te veo pálido ¿te acompaño a enfermería?

—Estoy bien HoSeok, gracias, pero no te preocupes por mí. Mejor ve y haz la tarea porque no pienso pasártela.

—P-Pero...

—Dije que no.

—Eres cruel...

—Pero así me amas —dijo el pelinegro mostrando una sonrisa dulce a su mejor amigo. Se conocían desde los 10, y HoSeok era el único que comprendía su extraña pasión por el estudio y la literatura porque él era igual, le encantaba la poesía, pero era demasiado flojo para las demás asignaturas a diferencia del mayor, quien siempre había sido el mejor académicamente desde que tenía memoria.

No por presión de sus padres ni nada por el estilo, SeokJin siempre se sintió cómodo junto a los libros, le encantaba leer y aprender cada día más. Fue catalogado como un niño muy curioso y dotado con una determinación extraordinaria durante la primaria por sus profesores. Un orgullo para cualquier padre, y los de él no eran la excepción.

Era un niño muy alegre y animado, le gustaba jugar con los otros niños de la cuadra y en los descansos con sus compañeros de salón, felicidad y alegría era lo que describía sus primeros años. Todo iba tan bien para él, hasta que creció.

La envidia y el egoísmo empezaron a rondar los pasillos de la escuela y las calles cercanas a su casa. Los que alguna vez habían jugado con él y habían sido proclamados "sus amigos" se alejaron de su lado. SeokJin desde pequeño conoció lo que era sentirse excluido, atacado y burlado, su pequeño mundo se estaba destruyendo, hasta que una tarde, su angelito de la guardia lo visitó.

—¿Por qué lloras? —una voz le advirtió la presencia de otra persona en ese lugar.

—N-No es t-tu asunto —respondió SeokJin entre hipidos, sin medir la brusquedad de sus palabras.

Una paleta se extendió frente a él, lo que llamó su atención. Al levantar la mirada se encontró con un pequeño de ojos brillantes y sonrisa resplandeciente que le entregaba el pequeño dulce.

—Mi mamá me la regaló, pero quiero dártelo, no sigas llorando, me pones triste —dijo, mostrando un tierno e infantil puchero, lo que le sacó una sonrisa al mayor.

—G-Gracias... —contestó mientras recibía la paleta del pequeño, ya no se sentía tan triste como antes.

—¿Cómo te llamas? —indagó el de menor estatura.

—Kim SeokJin, ¿y tú?

—HoSeok, Jung HoSeok, pero dime Hobi —le extendió la mano como muestra de apoyo e inicio de una larga amistad.

—Oh, entonces... tú dime Jin.

—¡Jin, maldita sea! ¿En qué mundo estás? Se nos va a hacer tarde para la clase de Literatura.

—Ya, no me regañes —respondió, saliendo de su ensoñación, ya tenía 17, no podía darse el lujo de lamentarse de su pasado cuando el futuro lo estaba acechando y amenazando.

—Vamos antes de que nos cierren la puerta.

Y así, ambos se dirigieron al salón que les correspondía, a esperar el inicio de un día como cualquier otro.

¿O no?


♡♡~♡♡

I love u

La portada fue hecha por mi novia Tae_Karol.

Te amo princesa ^^

Come Be My Teacher《NJ》Stories to obsess over. Discover now