Capítulo 50 "No me gusta"

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Obviamente tenía miedo, pero no podía dejar que mataran a mi mejor amigo e ídolo por mi culpa. Además, reaccioné sin apenas pensarlo, fue como un acto reflejo. Como... si mi deber fuese proteger a Rubius, había nacido para ello.

Suponía que iba a ocurrir lo mismo que al caer del precipicio, solo que esa vez sí que llegaría a la luz, pero ocurrió algo totalmente inesperado que me salvó la vida.

—Mierda.—susurró Yanara observando frustrada su arma.

Suspiré aliviada. Se le había encasquillado.

De repente, cuatro personas atravesaron las puertas. A tres de ellas las conocía perfectamente.

Eli se abalanzó con un grito y le pegó un puñetazo a uno de los hombres. Mangel se tiró sobre el cámara y el policía de antes sobre Yanara, arrebatándole el arma.

El único hombre que quedaba parecía no llevar armas y estaba asustado, así que aproveché y corrí hacia él.

Antes de que pudiera reaccionar, le di un puñetazo en la mandíbula que sonó muy mal. Me agaché a tiempo para que no me diese con su puño y levanté mi pierna derecha para golpearla con fuerza en la parte trasera de su rodilla. El hombre perdió el equilibrio y cayó de espaldas.

Me levanté y le di un codazo en el pecho, provocando que se quedara sin aire unos segundos, hasta levantar las manos y rendirse.

Solté aire que no me di cuenta que tenía retenido y me levanté.

—¡Andrea!—gritó una voz.

Me di la vuelta y me encontré rodeada por unos cálidos brazos. Luis.

Le abracé con intensidad. Desde el hotel no le había visto.

Nos separamos y observé sus labios carnosos. Tuve ganas de besarle, pero me detuve, ya que Rubius nos estaba mirando algo receloso.

—¿Qué haces aquí?—pregunté emocionada.

—Pues... Queríamos hacerte una visita sorpresa, y por el camino nos encontramos con Mangel, que venía a darte no sé qué.—contestó sin dejar de sonreír.

—Y yo me encontré con el policía. —dijo Miguel levantándose del suelo. Había dejado al hombre KO.—Le pregunté por ti y me dijo que te había visto con una chica rubia, así que supuse que sería Yanara. Le pedí que me acompañara por seguridad e hice bien, ya que nos hemos encontrado con la perra a punto de matarte.

—¡No soy una perra!—exclamó la Barbie, quien estaba tumbada en el suelo con unas esposas. El policía estaba sentado sobre ella.

—Habéis tenido suerte de tener unos amigos como ellos.—indicó el segurata.

Asentí con lágrimas en los ojos. Sentía muy bien tener gente que te apoyase.

—¡¿Pero cómo se te ocurre dar tu vida por la mía?!—exclamó Rubén acercándose a nosotros con grandes zancadas.

—No podía dejar que te matara... Por mi culpa nos metimos en este lío. Además, eres mi amigo...—quise decir mejor amigo, pero me callé, ya que podía sentar mal a Miguel o a Luis.

—Me has dado un susto de muerte... Nunca mejor dicho.—rió apenado el castaño.—No vuelvas a hacerlo.

Se acercó a mí y me abrazo más fuerte que nunca. Yo no me quedé atrás y le estreché.

Vi por el rabillo del ojo que nos estaban mirando, así que me separé avergonzada.

Eli se había acercado a nosotros tras dejar al otro hombre medio atontado y le di un abrazo.

La revolución (ElRubiusOMG)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora