Hay un latido persistente, molesto y agobiante, la cabeza del rubio duele al ritmo de aquella palpitación que parece hundirse en lo más profundo de su ser. Un gruñido ahogado se esconde en el fondo de su garganta, una protesta silenciosa contra el dolor y el cansancio.
Le gusta caminar a su hogar, aun si está cansado, aun si su cabeza duele por la combinación de bullicio en ella, es algo que ha hecho toda su vida, caminar y escuchar con calma cada pensamiento, es su momento del día para pensar y dejar que su mente libere las tenciones diarias.
Tony, el esposo del policía, su ancla para la cordura, suele burlarse juguetonamente de su actuar, pues al contrario de Steve, él era perezoso y detestaba caminar mucho después de un largo día, aun así muchas veces lo había acompañado en su pequeña ceremonia diaria.
Un manto oscuro cubre el cielo de la ciudad y las primeras estrellas aparecen en él, hace días no se veían, el invierno de ese año parecía querer llegar lo antes posible y ser quizás más duro que años anteriores.
¿Las estrellas se esconderán de los monstruos?
La pregunta infantil llega a la mente de Rogers, hace una leve mueca, por un instante se recuerda a si mismo hablando sobre los monstruos con su madre cuando era un niño. Los monstruos salen de noche, cuando las estrellas tintinean nerviosas y la luna perezosa no quiere brillar, ellos vienen bulliciosos y cuando los escuches, te debes esconder; Le decía su madre con esa bonita sonrisa suya al pequeño rubio que creía que por las noches se escondía de monstruos cuando en verdad se ocultaba de su padre alcohólico.
Los monstruos no existen, son los humanos. Aun así se queda con la duda inocente de si tal vez las estrellas también se ocultaban de las bestias, en especial de aquella que se escondía en las sombras de la ciudad.
Las calles oscuras ya por el creciente manto de la noche son iluminadas por las luces artificiales; Una parte de sí mismo camina relajada por las calles, la luz de la manera más ingenua es un sinónimo de bienestar, pero la otra parte de si mismo permanece alerta en todo momento, como si en cualquier instante algo fuese a saltar a su cuello.
Cuando eres detective, sueles apreciar desde otro punto de vista la vida, te toca al igual que a muchas personas ver que la muerte asecha desde las cercanías que parecen menos peligrosas.
Él lo sabe, basta un minuto para que lo peor del ser humano sea liberado como una bestia hambrienta de carne. Un minuto, una decisión y ya te estas tambaleando hacia los brazos de la muerte.
A veces solo no haces nada y ya eres el elegido para el depravado. Los mezquinos eligen victimas en específico, pero en su mayoría solo eligen al azar, no importa quien sea, solo le arrancan la vida cuando sus miradas se encuentran por un instante, incluso en ocasiones antes de ello.
La muerte es aquella criatura de placer profano que los homicidas suelen seguir con adoración incluso sin saberlo, le entregan ofrendas; victimas que jamás hicieron nada en lo absoluto y que aun así los demás humanos culpan de provocar.
Todo al final de cuentas es solo mierda y más mierda, que día a día debe soportar, es su trabajo después de todo, es el caos que decidió cargar para darle algo de paz a su madre y a su mente juzgadora.
Camina por las desoladas calles, húmedas por las primeras lluvias de otoño mientras que el viento aun algo cálido por los rastros del verano golpean su rostro. El clima lo relaja un poco, sabe que con el paso del tiempo llegara un invierno crudo.
Se pregunta si este año podrá cumplirle la promesa a su esposo de llevarlo a esquiar. A veces su trabajo lo aparta de lo mejor que el destino le pudo haber entregado.
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El Hombre de los Guantes
Mystery / ThrillerLa gente espera a que atrapen a la bestia salvaje que se está comiendo al ganado de la granja, pero jamás sospechan de los animales que viven en esta. Hay un rubio policía cazando a un depredador vestido de cuero caro y de color negro, uno que cada...
