-Kiara, tu alarma no deja de sonar -dijo mamá asomando su rostro por la puerta y suspiré. Tenía razón y con el pesar de mi alma hice a un lado las cobijas para levantarme apagar la alarma.
Hice la misma rutina de cada mañana, que terminaba cuando cepillaba mi cabello, después tomé el suéter que había dejado listo la noche anterior.
Baje a desayunar junto con mi hermana y mamá nos tendió las horribles malteadas hechas de sabrá dios cuantos suplementos.
-Ki... -dijo mi hermana haciendo una mueca al vaso que tenía enfrente-. Dijiste que ibas a tirar estas cosas y cada día seguimos tomándolas- se quejó.
-¡Escuché eso! -gritó mamá desde el pórtico y ambas nos reímos-. Apúrense niñas, no quiero que lleguen tarde.
Ambas tomamos nuestro termo y subimos al auto.
-Ma, acuérdate que hoy tengo que terminar el proyecto... - ella me miró como si no comprendiera y suspiré como si fuera obvio, después de todo llevaba una semana recordándoselo-. El proyecto de filosofía - y ella asintió.
- Mándame la dirección y a qué hora tengo que ir a recogerte. Nubia no he visto que le tomes a la malteada.
Mi hermana rodó los ojos y se llevó el vaso a los labios. La imité desde el asiento del copiloto, faltaban tres calles para llegar al colegio y ambas sonreímos, comenzamos a beber y la primera en terminar fue ella. Se limpió el bigote que se había formado encima de sus labios y fue mi turno de hacer una mueca cuando terminé la mía.
-Sabe horroroso - dije a mamá, en realidad no sabía tan mal pero era necesario decírselo cada mañana, llevarle la contraria al menos en pequeñeces.
-Cómo son dramáticas - nos dijo mientras la camioneta quedaba frente a la entrada -. Que les vaya bien niñas, las quiero. - mi hermana y yo le dimos un beso en la mejilla y entramos al colegio.
-Nubia no olvides estar puntual a la salida - si algo caracterizaba a mi hermana no era la puntualidad. Ella asintió como si nunca me hiciera esperarla y después tendió la mano hacia mí, la mire achinando los ojos y a regañadientes saque un billete de mi mochila y lo deje en su palma, ella lo elevo en el aire mientras corría a su sección.
Llegue a mi piso y fui directa a mi casillero por los libros de las primeras dos clases, con calma me dirigí al salón y llegue al tercer lugar de la fila situada a un lado de la ventana, en la mesa había un chocolate envuelto con un lazo color escarlata y sonreí desenvolviéndolo, en el lazo se leía "Te regalo todo lo que dije hasta ahora. L.C." sonreí doblando con cuidado el lazo, lo guarde en una de las bolsas de la mochila junto al chocolate.
Iba a salir a buscar a James para agradecerle el detalle pero el profesor se interpuso en mi camino y con una sonrisa de culpa volví a mi lugar mientras mis compañeros hacían lo mismo.
-Kiara, cariño ¿me prestas tu marcador azul? - dijo Jade distrayéndome de la lección de lengua y con una sonrisa le tendí el estuche de marcadores, mismos a los que ambas éramos adictas a usar en nuestros apuntes.
Una hora después Jade me devolvió el estuche y me tomó por los hombros con una gran sonrisa y las cejas elevadas de forma sugerente. No había dicho ni una palabra pero yo ya sabía lo que estaba pensando.
-¿Dónde está el empalagoso de tu novio? - preguntó de camino a su casillero.
-Detrás de ti. - dijo Adam haciéndonos dar un respingo a ambas. Jade rodó los ojos con un mohín.
-Hablando del rey de Roma... - empecé yo.
- Y el burro que se asoma. - terminó Jade haciéndonos estallar en carcajadas y provocando que Adam se interpusiera entre ambas.
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Hers
Teen FictionKiara Russo una chica de 17 años, su vida es tan normal como puede ser y su adolescencia tan tranquila como ella quiere. Kiara va a descubrir que "la excepción es lo que hace la regla", cuando empiece a enamorarse poco a poco de una de sus compañer...
