prólogo

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Esa noche estaba en un concierto, estaba algo desorientada aunque el lugar estuviese algo clamado, tanta gente me ponía nerviosa. Y ahí, entre la multitud y la música la ví.

Era realmente hermosa.

La mirada de todos estaba puesta en el escenario mientras que la mía estaba en su sonrisa y en sus ojos, ese era mi espectáculo de luces.

Su cabello se movía despacio y solo de las puntas de un lado a otro, era una magnífica danza entre su cabellera albina.

Todos mis sentidos de agudizaron. Podía escuchar todo y a la vez nada, mi vista se borraba pero veía claramente si la veía a ella, con solo un movimiento que me llevará hacia ella mi cuerpo temblaba. Mi estómago se revolvió y sentí un gran ardor en mis mejillas, que horrible me sentía.

Entonces me miró.

Ahí fue donde disfrute y odié cada segundo de ese pequeño minuto en el que compartimos miradas.

Me miró como si nada, y después de analizarme volvió a mirar hacia el espectáculo que se daba frente a ella, yo también debería verlo, pero me era imposible.

Susprire con pesadez y mientras chocaba con algunas personas logré encontrar la salida fuera del gran estadio donde se daba el concierto.

Me dirigí a mi coche, estaba aturdida, confundida, ¿por qué a mí?, sólo tengo diecisiete y me da una pequeña agradable sensación cuando miré a una chica que lo más seguro es que no vuelva a ver. ¿Cliché?, porsupuesto.

El colmo sería que entrara a mi escuela como chica nueva. Que dolor de cabeza es pensar en todo lo que tiene que pasar.

Existen tantas posibilidades, todas me dan miedo. Verla o no verla me dan miedo. Me subí al auto y me dirigí a mi casa para poder descansar, eso siempre despeja mi mente.
[...]

Estaba sentada en mi pupitre distrayéndome al jugar con mi lapicero, sonó el timbre de entrada y todos entraron aunque no dejaron de hablar y hacer desorden.

Entonces la maestra llegó, todos nos paramos y dimos nuestro repetitivo saludo.

- Muy Buenos días alumnos, hoy es esta con nosotros una alumna nueva... -por favor, que no sea ella. Destino, deja de hacerme sentir mal.- Allura Anderson. -y sí. Era ella.

No sé si estar contenta o estar frustrada, debía quitarme este tipo de pensamientos pero claro, el destino y la mala suerte me traen de horrible.

-Sientate en un banco desocupado, mirá! en el que está adelante de la señorita O'Brien, levanta la mano Romelle . -no horrible, de la mierda.













Flores en invierno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora