II ; Regreso.

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Veintiséis días después.

NamJoon cerró la puerta de su auto con la poca fuerza que le quedaba. El dolor en su cabeza se hacía más fuerte con cada segundo que pasaba. Caminó hasta la entrada de la casa, desde donde activó la alarma de su auto con el mando a distancia y se llevó una mano a la frente, al tiempo que con la otra abría la puerta de la casa.

Le bastó poner un pie dentro para que un delicioso aroma se colara por sus fosas nasales. Con los ojos entrecerrados, cerró cuidadosamente la puerta, evitando hacer algún ruido. Sin embargo, al dar un paso más, tropezó con una mochila familiar y cayó directo al piso. El golpe resonó en cada musculo de su cuerpo y en las paredes de la sala.

-¿NamJoon?

La cálida voz mitigó en un cincuenta por ciento el dolor de cabeza e hizo que su corazón saltara como nunca.

Habían pasado veintiséis larguísimos días desde que no escuchaba ni veía a SeokJin y saber que estaba de regreso lo llenó de alegría y de vida.

La silueta de SeokJin apareció segundos después por la puerta que daba al comedor. NamJoon creyó quedarse sin aire en cuanto lo vio, aún llevaba su uniforme militar, el cabello lo tenía un poco más corto que la última vez, pero seguía igual de guapo. O quizá aún más. Se puso de pie cuando SeokJin negó con la cabeza y soltaba una de sus características carcajadas.

-Ha sido tu culpa. Mira dónde está tu mochila.

Su voz no mostró reproche alguno, porque la verdad era lo menos que sentía en ese momento. Lo único que quería era correr hacia SeokJin, abrazarlo, inhalar su aroma, pero, por alguna extraña razón, no lo hizo.

-Ay, NamJoonnie, ¿quién cuidará de ti?

NamJoon frunció el ceño. Dio un par de pasos en dirección a SeokJin y se encogió de hombros.

-¿Quién va a ser? Tú.

SeokJin sonrió al escuchar su respuesta y NamJoon se sintió el hombre más afortunado del mundo. Su sonrisa era hermosa.

-¿Cómo estás? -preguntó, analizando el rostro del mayor con determinación, en busca de alguna herida.

-Guapísimo, como siempre.

-Sin duda -respondió NamJoon, con una enorme sonrisa en el rostro. Su hombre había vuelto-. ¿Por qué no me llamaste para ir por ti?

-Quería sorprenderte.

Y vaya que lo había logrado. NamJoon no pudo contenerse más, realmente necesitaba el contacto de SeokJin, por lo que acortó la distancia entre ellos. Alzó una mano, con intención de posarla en la mejilla del mayor, pero éste se apartó con una sonrisa rígida.

-La cena nos espera, cariño -dio media vuelta y caminó hasta el comedor.

La mesa rectangular estaba decorada con velas y algunos pétalos de rosas rojas. Había dos lugares preparados de los cuales uno ya estaba a medio comer. SeokJin se sentó primero, señaló el lugar libre y sonrió a NamJoon.

-Lamento no haberte esperado, pero tenía demasiada hambre.

NamJoon hizo un gesto con la mano, restándole importancia al asunto, porque comprendía perfectamente a SeokJin. Durante sus servicios no se alimentaba bien y en cuanto llegaba a casa, lo primero que hacía era vaciar el refrigerador. Después de lavarse las manos, tomó asiento y comenzó a comer. Todo estaba delicioso, sin embargo, no tenía el sazón de SeokJin.

-No lo has hecho tú -confirmó, dando un bocado más. SeokJin negó con la cabeza.

-Lo ordené a un restaurante -dijo, un poco avergonzado-. Llegué hace una hora y no me habría dado tiempo a preparar algo.

-Está bien -sonrió NamJoon-. No te estaba reprochando.

-Lo sé, cariño.

NamJoon continuó cenando. Hizo algunas preguntas a SeokJin sobre cómo le había ido. Cuando estaba por terminar, notó que el plato de SeokJin estaba tal y como cuando había llegado. Señaló el plato con el tenedor.

-¿No vas a comer ya?

SeokJin miró el plato, luego a NamJoon y negó con la cabeza.

-Tenía tanta hambre que comí muy rápido y ahora me duele el estómago.

NamJoon no insistió. SeokJin solía ser muy sensible en lo referente a dolores de estómago, por lo que terminó de cenar. En cuanto lo hizo, levantó los platos de la mesa y mientras los lavaba, SeokJin le dijo que le esperaría en la cama. Fue cuestión de minutos el terminar la labor. Subió a la habitación, donde SeokJin ya estaba acostado, aún con el uniforme puesto.

Sonrió al verlo así de guapo, porque, joder, el uniforme lo hacía lucir más atractivo de lo que ya era.

-Si ese uniforme no fuera parte de tu trabajo, te lo arrancaría ahora mismo.

SeokJin rió, negando con la cabeza. Para NamJoon fue el sonido más hermoso del mundo. Se acercó a la cama, mientras se despojaba de su ropa, vio a SeokJin tragar saliva con dificultad, seguramente, adivinando lo que seguía.

-Joonnie, quiero pedirte un favor.

-Dime -NamJoon ahogó un bostezo.

De pronto, el sueño lo había invadido y el dolor de cabeza parecía querer volver. Se dejó caer en la cama después de quitarse los zapatos y el pantalón.

-¿Podríamos recibir a un amigo en casa? Lo conocí ahora en el servicio y como está solo en Gwanju, le dije que podría pasar un tiempo con nosotros. Te caerá bien, es muy simpático.

NamJoon estuvo punto de negarse, pero la sonrisa que SeokJin tenía en el rostro se lo impidió. Se sorprendió un poco al comprender la información porque sabía que SeokJin no le gustaba hacer amistades en sus servicios por una simple razón. En su primer servicio, había hecho amistad con dos chicos y, desgraciadamente habían muerto en el campo de batalla. De modo que ese amigo del que hablaba debía de ser alguien realmente especial y siendo así, él no podía negarse.

-Claro, está bien -respondió por fin.

SeokJin sonrió de nuevo.

-Llegará mañana, así que tendrás que levantarte temprano.

-De acuerdo.

NamJoon estaba a punto de caer dormido. Su vista se enfocó en SeokJin, en su hermosa sonrisa y en la mano que éste extendía para acariciarle. Pero NamJoon se quedó profundamente dormido antes de poder sentir su caricia.

Last Dance ⚡ K.N.JWhere stories live. Discover now