Abygail DeCarrara tenía una cosa clara, era muy buena policía, pero fallaba en el hecho de ser un absoluto y completo desastre olvidadizo. Algunos días era las llaves, el móvil o incluso algunos informes que se había llevado a casa para seguir trabajando. En esos momentos echaba de menos a su madre yendo detrás de ella y recordándole todo lo que tenía que llevar.
Como el jefe no soportaba que llegaran ni un minuto tarde, ella se levantaba cuarto de hora antes y así repasaba todo varias veces. Aun así, había días que se le olvidaban cosas y eran bastante más comunes de lo que le gustaría.
Eso de ser muy buena policía no es que lo dijera ella porque tenía un gran ego, se lo decían todos y cada uno de los días que pasó en la academia en el estado de Nueva York, y eso le había venido estupendamente para aguantar ese suplicio tan lejos de su casa y de su familia. Pero eso había sido hace años y ahora estaba haciendo carrera para llegar a ser la Sheriff.
Su familia, la familia DeCarrara, controlaba el pueblo porque unos años después de llegar Saúl fue nombrado Sheriff. El mismo día que asumió el control de la comisaría, su padre Vin decidió que era un buen momento para mudarse desde Nevada hasta ahí e incorporarse a su puesto de trabajo actual, por supuesto, policía.
Este amor por la ley le venía de largo, sus antepasados italianos ya tenían puestos de Carabinieri y su abuelo paterno lo era, pasándoselo a su tío y a su padre y así hasta llegar hasta su hermano y ella. Era algo total y absolutamente vocacional; desde que era una enana sabía que ese trabajo era en lo que quería invertir su vida.
Ese lunes había tenido suerte y cogió todo lo que necesitaba para sobrevivir al día. Volvió a repasar por undécima vez que lo llevaba todo en la mochila y tras cerrarla se la echó al hombro para salir de casa. Cogió las bolsas de basura que había dejado la noche anterior en el rellano, tras la cena con sus hermanos y su prima.
Por fin se subió a su coche y puso rumbo a la casa de su hermano mayor, Al. Para ir a la comisaría pasaba por su casa así que todas las mañanas iba a buscarle y se dirigían juntos al trabajo. Y la verdad es que cuando eran más jóvenes no acababan de llevarse bien, pues chocaban mucho, eran demasiado iguales. Era un poco insoportable, pero al fin y al cabo era familia.
-Pero cómo puedes ser tan hortera, Al- Aby miró a su hermano que acababa de entrar en su coche.
Él llevaba un traje gris con rayas blancas y una camisa negra, también llevaba el pelo engominado hacia atrás, y no podía faltar su reloj de oro, que la verdad es que aunque nunca lo reconociera a Aby le encantaba. Todo este look de mafioso lo completaban su profunda mirada azul, su sonrisa insolente y su inseparable cigarro en la boca, por supuesto apagado porque Aby no soportaba que fumara en su coche.
-Buenos días a ti también, hermanita-dijo con un tono sarcástico-. Entonces, ¿te gusta mi traje nuevo? Gracias, me ha salido bastante caro- a la par que hablaba hacia aspavientos señalando a partes del traje- Estilo italiano, como los del jefazo.
-Bueno señor italiano de pura cepa, ponte el cinturón que somos agentes de la ley y tenemos que cumplir las normas- Al alzó una ceja pero conociendo el mal genio que se gastaba su hermana por las mañanas prefirió no contestar y hacerle caso -Y ni se te ocurra encender el cigarro que te lo apago en la corbata.
-Lo sé, lo sé-alzó ambas manos en señal de rendición- He venido en son de paz, te lo prometo.
A veces se preguntaba como su hermano había pasado de estar noches enteras en el calabozo por hacer alguna de las suyas a meter gente ahí dentro. Como su tío era el que controlaba la comisaría-y realmente nadie tenía las narices de rechistarle algo a Saúl-Al no tenía antecedentes. Aunque con las broncas que le echaba su madre nunca llegaría a entender como volvía a repetir sus "hazañas" una y otra vez.
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DeCarrara
General FictionLa familia DeCarrara lleva la ley en la sangre desde hace generaciones. Viven una vida tranquila desde la comisaría de un pequeño pueblo de California. Pero un buen día alguien compra un local vacío en el centro y nada en White Canyon volverá a ser...
