Parte 1

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Yo aprendí que no puedo exigir el amor de nadie. Apenas puedo dar buenas razones para que gusten de mí  y tener paciencia para que la vida haga el resto. (Anónimo)


En este libro...

En este libro es verano todo el año. No se aceptan esquíes ni perros siberianos con trineo ni San Bernardos con barrilito de bebida blanca. No hay lugar para sweaters ni gorros ni bufandas. La leña se usa para hacer algo a la parrilla y la nieve se ve en postales o tv por cable. Invierno es mala palabra y se castiga con un paseo en las aerosillas de Bariloche. La exhibición de hojas amarillas de árbol será interpretada como amenaza de otoño y reprimida instantáneamente con perfume de jazmín. Los cuentos de Jack London son un enlace a lo desconocido: votamos por el sopor de Macondo. Traigan sus tablas de surf, protector solar, música de playa. Mantengan sus ojos bien abiertos para llenarlos de paraíso. Palmeras, hamacas, arena-harina, mar casi invisible, gimnasia de cuerpos libres, seducción de cercanías desnudas. Este blog renuncia a los abriles de transición, a los mayos grises, a los junios de días brevísimos, a los julios helados, a los agostos interminables, a los septiembres de primaveras mentirosas, y a los octubres chamuyeros. Estos textos cambian de hemisferio... de una vez y para siempre. ¡Por fin!


No...

No tengo ancla. Me dejo llevar por una brújula sin norte fijo. Me asustan los calendarios cuadriculados y torpes, sin espacio para curvas y tropiezos. En cada esquina hay un desvío y es posible que me deje seducir por el misterio.


Traigo...

Traigo perfume de despedida, una primavera vencida y un verano con más noches que días. Dos verbos mal conjugados, razones que no alcanzan, relojes manipulados sin éxito. Esquinas con faroles, mañanas en una parada de colectivo, ruidos de avenida que no me dejan escuchar tu voz. Llevo muchas letras en la memoria que se resisten a combinarse como quiero. Arrastro recuerdos de plazas y playas. Me ahogo en un mar de imágenes y poesía y toco fondo. Ahí me quedo un minuto, agonizando hasta morir de amor. Y después, no sé cómo, aparezco flotando en agua nueva, transparente, cálida y nado despacio hasta la arena. Reencuentro mis cosas: un libro, una canción y un mensaje tuyo que promete abrazos.


Amantes

"...ella hablaba de la luna y de Chopin y yo tocaba el preludio de un beso..." ("La hormiguita" - Juan Luis Guerra)

Tenemos un problema de kilómetros. Sin embargo cuando nos enredamos en el juego sin distancia resolvemos la ecuación: orgía de tacto, melodía de respiración, tiempo de puertas adentro (de la habitación y del alma). Nos miramos en escala de grises y la luna nos espía envidiosa porque en sus noches no tiene amantes.


Llegaste

Llegaste caminando despacio y aprendí que mi apuro no tenía sentido. Miré tus manos dibujando en el aire, cayendo exhaustas después de crear un mundo nuevo para mí.


Veo...

Veo cómo la tarde guarda el sol detrás de los volcanes desde estos metros cuadrados que rento cada mes para tener el cielo más cerca. A esta hora del miércoles te extraño más.


Raíces de NaranjoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora