Never click suspicious links
Reminder: Wattpad will never ask for passwords, payment information, or other sensitive account security details.

Capitulo uno.

275 13 0
                                        

El ruido incesante de la gente hablando por todas partes llena mis oídos, siendo acompañados por las sinfonía que brindaban los cubiertos chocando entre ellos, los niños emitiendo ruidos de emoción, las risas de todos los presentes.
Agradezco que ya casi vaya a cerrar la cafetería y con ello termina mi turno, meto un mechón suelto atrás de mi oreja y suspiro.

—¡Camille!— llaman mi atención.

Volteo a ver a Charlie quién me sonríe desde el mostrador. Camino hasta donde él está.

—Hay una orden para la mesa ocho— me avisa guiñándome el ojo y entregándome el pedido.

Tomo la charola devolviéndole la sonrisa y de una forma casi profesional llevo la charola en una sola mano, zigzagueando por las mesas hasta llegar a la última mesa.

Cuando llego a ella observo como hay un hombre sentado despreocupadamente, vestido completamente de negro, su cachucha negra, también cubría su cara, no podía ver sus rasgos, sin embargo algo de el hizo que mi piel se erizará.

—Aquí tiene su orden, ¿Necesita algo más?— le pregunto con voz amable.

Levanta su cabeza, dejándome ver por fin su rostro, que sinceramente me impacta se cierta forma, definitivamente no de una buena, sobre todo lo que me hace tener escalofríos son sus ojos.

De un color gris.

Su boca forma una sonrisa que bien podría ser cínica.

—Una cita— dice en tono neutro, casual.

Me quedo anonadada con su mirada que me hace sentir algo extraño, como un nudo en el estómago, hasta que finalmente mi cerebro procesa sus palabras.

—¿Disculpa?—

—Me gustaría saber a qué hora acaba tú turno— sonríe de forma traviesa, dándose cuenta de mi incomodidad.

Salgo de mi trance y frunciendo el ceño niego con la cabeza, aún incómoda.

—Disculpa, no salgo con imbéciles, ¿vas a querer algo más o puedo seguir trabajando?— le digo bruscamente.

—Hemos intercambiado más de diez palabras, ya no somos extraños y realmente quisiera poder salir contigo— me contesta, ignorando mi pregunta.

Suspiro.

—Debo trabajar, permiso— le digo dándome la vuelta.

Camino entre todas las mesas, volviendo a el mostrador, donde mi mirada encuentra a Charlie. Llegó a donde está el y le pido para llevar una orden más, me da la charola, sin embargo antes de poder irme llama mi atención.

—Aquel hombre no deja de verte, ¿te está incomodando?— me pregunta.

Su pregunta me hace girarme hacia atrás para comprobar lo que él está diciendo, el hombre de la mesa ocho no deja de observarme, su mirada choca con la mía y entro en un trance, que dura apenas unos segundos pero se siente eterno. Me doy la vuelta otra vez, para encontrarme con la mirada atenta de Charlie, quién espera mi respuesta.
Hago un mohín despreocupado y niego con la cabeza.

—No, tranquilo— le digo, sonriéndole.

Asiente con la cabeza en forma afirmativa y sonríe, atendiendo la orden de dos señores que van a hacer sus pedidos.
El tiempo avanza y cuando faltan diez minutos para que mi turno termine y pueda ir a casa, me dedico a limpiar mesa por mesa. Cuando llego a la número ocho, un alivio me invade al notar que está vacía, la limpio sin ningún problema. Feliz de haberme librado de esos ojos tan intensos, tarareo una canción alegremente.

Me quito el mandil una vez que he terminado y tomo mis cosas de los casilleros, cuando tengo todo en mis manos me despido de todos con la mano y deseándoles una buena noche salgo por la puerta trasera, de empleados y me mentalizo para caminar un poco más hasta mi casa, la cual estaba solo a cinco cuadras de la cafetería.
Las calles están oscuras y solitarias, dado a que es otoño, el frío va en aumento en toda la ciudad.

Esta noche no me da buena pinta, me siento pesada, como si cargara con un peso invisible en mi espalda, echo una mirada a los oscuros alrededores y aprieto el paso. Un escalofrío sube por mi espalda e instantáneamente se enciende una alarma interior en mi, lo más disimuladamente que puedo volteo de reojo hacia atrás.
Escaneo cada rincón que está a mi alcance, sin embargo no encuentro absolutamente nada.
Frunzo el ceño, quizás solo fue mi paranoica imaginación. Decidida a olvidar eso me doy la vuelta para seguir mi camino.

Al darme la vuelta mi cuerpo choca con otro más grande y fuerte que el mío, haciendo que un subidón de adrenalina se apodere de mi, unos brazos me sostienen por los hombros y eso me escandaliza, suelto un grito al aire.

El hombre enfrente de mi hace una mueca, reconozco los ojos grises al instante.

—¿Ya has terminado de aturdirme? Creo que me he quedado sordo— se toca dramáticamente el oído.

Mi respiración sigue agitada, mis ojos siguen en él.

—¿Qué esperabas? ¡Has salido de la nada y me has sujetado!

—Oye, tranquila, te ibas a caer si no te sostenía— dice en tono casi aburrido, arrogante.

—¿Qué demonios quieres? ¿por qué decides aparecer de la nada?— pregunto enfadada.

—No me quisiste decir a qué hora terminaba tu turno, así que me he quedado aquí esperando— se encoge de hombros y mete sus manos en sus bolsillos, encogiendose de hombros.

—¿Que es lo que quieres?— le pregunto fastidiada.

El se apoya en la pared de el edificio a lado de nosotros y me ve fijamente con un sonrisa gatuna.

—Ya te lo he dicho, una cita— responde a mi pregunta.

Pongo los ojos en blanco ante su respuesta, que logra fastidiarme aún más.

—No.

—¿por qué no?— me contradice.

—¡Porque no me da mi puta gana!

Escucho una risa burlona en tono bajo.

—Está bien, está bien, no hay necesidad de alterarse mujer— alza las manos en gesto inocente —Ya tendremos más tiempo de debatirlo.

—No, claro que no— respondo

—No tientes al destino, preciosa, ten buena noche— me lanza una sonrisa traviesa y se da la media vuelta, comenzando a caminar calle abajo.

Me quedo estática en mi lugar, viendo su ancha espalda hasta que desaparece en la oscuridad. Parpadeo varias veces y me cuesta concentrarme de nuevo, por un momento hasta olvido como se camina. Finalmente me froto la cien y sigo caminando hasta casa.

Esa noche, en mis sueños aparece un castaño de ojos grises.





En multimedia tenemos al rostro de nuestra Camille, Victoria Pederetti❤️

LOTTOStories to obsess over. Discover now