Imprevistos

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El viaje se me había hecho eterno. Tuve que aguantar del mejor humor posible la música a todo volumen del dueño de la combi que se ofreció a jalarme, el fuerte olor a comida y el aún más fuerte olor a su perro que no dejaba de dar vueltas entre los asientos. Nadie más quería subir hasta el pueblito en la punta de la montaña. La verdad que el camino era tan horrible como para disuadir a cualquiera. Pero me había propuesto arreglármelas solo y ya hacía un tiempo que así era. Estaba haciendo mi último esfuerzo para sonreírle a la chica de la recepción.

-Su habitación es la número siete -me dijo.

Mi sonrisa solo aguantó hasta que se giró a buscar la llave. Había tenido que repetirle mi nombre como cinco veces. Podría haberla ahorcado de a desesperación que estaba sintiendo en esos momentos. Seguía mareado del traqueteo de la combi en la sinuoso vía. Por suerte la altura no me afectaba.

-Esa es la llave de la señorita -escuché.

Alcé la mirada. La recepcionista que me estaba atendiendo se aferraba a la llave. La otra, le tendía la mano evidentemente pidiéndosela.

-¿Qué ocurre? -pregunté.

Me estaba forzando lo máximo posible en ser amable.

-Ha habido un pequeño error, joven -me dijo la otra recepcionista con tono de disculpa.

-Pero, Elisa, mira bien -insistió la otra -La habitación siete corresponde al joven.

-¿Qué está pasando?

Recién ahí me fijé en ella. Era una chica bastante guapa, pese a estar despeinada. Parecía un poco menor que yo y que se veía incluso más cansada de lo que yo estaba. Se acercó haciendo esfuerzos porque no se le cayeran el bolso y la cartera y a la vez cargar su maleta. Al verme pareció sorprenderse y trató de pasar la mano por su cabello consiguiendo únicamente enredarse y que se le cayera el bolso. Quise ayudarla pero ella fue más rápida que yo. Aún así me agradeció con un rápido susurro. Ambos miramos a las recepcionistas.

-Ha habido un pequeño problema -comenzó a decir la llamada Elisa.

-Están registrados en la misma habitación -habló con torpeza la otra, evidentemente nerviosa.

La chica me miró e intercambiamos una sonrisa.

-Es broma ¿no? -traté de tomarlo de la mejor manera.

-¿Hay una cámara escondida? -soltó ella a la vez.

-Lamentablemente no -susurró la chica que me había atendido bajando la mirada.

-Pero yo pedí y me confirmaron una habitación para una persona -dije lo más calmado que podía.

-¡Eso! -exclamó la chica y algo avergonzada porque todos giramos hacia ella añadió más suavemente -Puedo decir lo mismo.

-Por algún motivo hubo un error, están registrados en una habitación matrimonial -explicó Elisa.

-Bueno, es sencillo -dije -Denle la habitación a la señorita y me dan a mi otra.

-Exacto -afirmó ella luchando con sus cosas que se le estaban cayendo.

-Déjalas en el piso -no pude contenerme y le aconsejé.

Vi que se sonrojaba un poco, pero siguió mi consejo. Ya con las manos libres aprovechó para sacarse la casaca y trató de desenredar su pelo para amarrárselo en una cola alta.

-Es que... no tenemos más habitaciones.

-¿Cómo? -la chica reaccionó antes que yo.

-No nos pueden haber vendido un servicio a cada uno y no dárnoslo.

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