Capítulo 3| Familiares especiales

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Mientras caminaba, el silencio entre la chica la cual se llamaba Lucy y yo, se volvió incómodo

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Mientras caminaba, el silencio entre la chica la cual se llamaba Lucy y yo, se volvió incómodo. El camino pareció ser largo, solo íbamos por pasillos sosos llenos de guardias, y que de vez en cuando aparecían algunas personas distintas sin cargar con ellas armas.

Mientras aún caminábamos escuché varios gritos.

-¡Dejadme!¡Capullos!¡No hice nada!-ante nuestros ojos hubo una escena en la que un chico estaba siendo sujetado por dos guardias y dos médicos les estaban acompañando.

Los ojos castaños del chico, me miraron con frialdad.

-Ah, típico de él-murmuró Lucy a mi lado. Se giró y continuó caminando.

-¿Por qué lo dices?¿Quién es él?-pregunté con curiosidad. Ante nosotras apareció una enorme puerta. Lucy puso su dedo sobre una máquina que había al lado para reconocer su huella dactilar y tras el sonido de un pitido, la puerta se abrió y entramos en ella-¿Hizo algo malo?-inquirí ante su silencio.

-Ese es Noah Ross. Tiene telepatía. Es el único poder difícil de controlar aquí, los efectos de nuestras medicaciones no le hacen mucho efecto, y a veces se la pasa leyendo los pensamientos de los demás-explicó sin expresión alguna.

-¿Y cómo podéis saber que hacer eso?

-Porque oímos a su compañero quejarse.

La zona en la que estábamos era distinta. Tanto el suelo como las paredes eran grises, de cemento. Me recordaron a la habitación en la que estuve una hora atrás. Después de varios pasos, paramos enfrente de una puerta de metal.

-Ésta es tu habitación-aclaró-La hora del desayuno será en pocas horas. Aprovecha para asearte y descansar. Tu ropa está lista en tu cama-me dio una sonrisa por primera vez desde que la vi, y se marchó dejándome sola.

Cogí una bocanada de aire intentando relajar mis músculos. Llevaba varias horas tensa. Toqué el botón blanco que había al lado de la puerta, y ésta se abrió de inmediato.

Entré en la habitación, y la puerta se cerró. No había nadie en el lugar. El cuarto era espacioso y las paredes al contrario que las exteriores, eran de color blanco puro; había dos camas separadas junto a dos mesitas de noche, una estantería llena de libros, una televisión plasma pegada a la pared, y otra puerta, la cual se encontraba cerrada

Me acerqué a la cama que estaba bien hecha, ya que la otra estaba desordenada. Suponía que era la de mi compañera. Me senté y cogí mi nueva ropa, era una camiseta azul turquesa junto a un pantalón chándal de color gris. Lo dejé a un lado y miré mis manos entrelazadas. Toda esa situación me hacía sentir extraña, eran tantas cosas nuevas...Jamás había pasado por algo parecido.

Yo era una adolescente normal. Recién había cumplido los dieciocho. Era conocida en mi instituto, tenía varios amigos y a casi todos les caía bien. Mis notas en matemáticas y en ciertas asignaturas como psicología y filosofía, eran las más altas de mi curso. Iba a una academia prestigiosa de baile contemporáneo y cada fin de semana competíamos con otras academias. Leía, dibujaba, y de vez en cuando, hacía maratón de series de Netflix junto a mis mejores amigos: Lydia y Damon.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora