Prólogo| Dr.Smith

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New York, Estados Unidos.

El doctor Alex Smith no dejaba de rascarse la nuca nervioso mientras miraba todas y cada una de las carpetas que tenía esparcidas sobre su escritorio.

-¿Donde está, donde está?-murmuró repetidas veces sintiéndose frustrado.

La hoja que buscaba era sumamente importante, ya que contenía todo lo que él había estado investigando desde hace más de cinco años, sobre los genes-de forma extraña y espeluznante-modificadas de humanos con apariencia, nacimiento, salud y entorno normal.

Inefables. Así se les solía llamar. El significado de aquella palabra se refería a algo que no se podía expresar. Algo tan raro y especial, que era difícil de describir con palabras.

Como lo eran aquellos humanos con poderes mentales que la ciencia no había podido explicar en años.

Hasta que llegó Alex Smith y logró descifrar el enigma. El secreto que tanto le carcomía la cabeza, tanto a él como a todos los científicos del mundo.

Un día, específicamente el 19 de Septiembre, el Dr. Smith experimentó con dos humanos. Un chico, y una chica. Quería probar si su teoría era cierta. Había estado noches desvelándose por ello. Leyéndose todo tipo de libros, y analizando todo tipo de muestras humanas, desde una neurona del sistema nervioso hasta una célula del intestino. Tenía que mirar todo, porque cualquier cosa le podría sorprender.

Afortunadamente, la teoría de Alex fue cierta. Aquella misma tarde, descubrió todo y confirmó todo. Sólo tenía que anotarlo en varias hojas explicando toda su teoría. Lo tenía preparado, tan solo le quedaba pasarlo al ordenador y meterlo en un pincho donde podría almacenar toda la información de forma bien protegida ya que era prácticamente imposible que alguien lo abriera sin su huella dactilar.

El Dr. Smith seguía hurgando entre los cientos de papeles hasta que, por fin y después de varias horas, logró encontrar su objetivo.

Cogió todas las hojas de color blanco puro y que tenían un sello rojo puesto, y los guardó en una carpeta a la vez que sacaba su pendrive y se levantaba del escritorio.

-Solo hay que hacer una cosa más , y ya estaría-suspiró intentando relajarse. Él no entendía el porqué, pero se encontraba demasiado nervioso. Como si algo fuera a ocurrir aquella noche.

 Como si algo fuera a ocurrir aquella noche

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Brooklyn, New York, EE.UU.

En cuanto se adentró a su oficina, cerró la puerta con las manos sudorosas y se acercó a su escritorio donde había un ordenador para meterlo todo ahí, además de hacerse una copia en su pendrive.

Todo estaba bien. Él puso las hojas en una máquina que con tal de escanear una hoja, preparaba un documento en el Word Official con toda la información escrita. Era un buen método, y el más usado en todos los países, especialmente los países desarrollados.

El doctor ya tenía todo listo. Información guardada tanto en el ordenador como en el pincho. Ya era su hora de volver a New York y darse una noche llena de relajación.

Pero sus planes cambiaron de inmediato en cuanto alguien ingresó en la oficina del doctor Smith.

Alex alzó sus claros ojos con temor. Y al instante, su pulso comenzó a acelerarse, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, y tragó saliva con nerviosismo.

El sujeto alzó un arma delante de él.

-Yo...esto... Espera, podemos hablarlo...

-Más te vale callarte-su voz sonó firme y espeluznante. Hizo que el vello de los brazos de Alex se erizaran-Abre el pendrive.

-Vamos a ver, se puede...

-¡Abre el maldito pendrive!-gritó con furia.

El Dr. Smith, sin dejar su nerviosismo, cogió el pendrive poniendo su huella dactilar en ella. Cuando una luz verde apareció junto a un pitido, el sujeto se lo quitó.

-Bien. Del resto de la información me encargaré yo.

Los ojos de Alex se abrieron de par en par.

-¿Qué?¡No por favor!¡Ni se te ocurra...!

¡Bum!

La bala impactó contra la sien del doctor Alex Smith haciendo que este cayera muerto en el suelo con un golpe seco. Su rostro estaba manchado de sangre, sus ojos se encontraban abiertos, y su aliento se volvió inexistente. El hombre que descubrió uno de los misterios más preocupantes y peligrosos que había conocido la humanidad, había sido asesinado.

Y todo había desaparecido.

El sujeto jugó con el pendrive entre sus manos y sonrió. Tras eso, se fue al ordenador y comenzó a teclear.

-Habrá un buen cambio en esta sociedad. Uno muy bueno-susurró con diversión.

INEFABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora