39. Cartemma

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POV Emma:
Nunca había sentido algo igual. Mis celos crecieron cuando me di cuenta que él solo tenía ojos para mi hermana obviamente. No lo culpaba, ella era perfecta: alegre, intrépida, hermosa, bromista.

Yo solo era la versión más aburrida y sosa que trataba parecer igual de interesante: la versión pirata.

Jamás podría gustarle. Pero cuando le vi al abrir la puerta de mi casa en El Cairo casi se me escapó el corazón del pecho. Y odiaba este sentimiento porque sabía que quizás nunca sería recíproco.

Sonreí sin ocultar mi sorpresa. Casi hasta podía sentir mi pulso aumentar drásticamente e incluso mis ojos se pusieron vidriosos. Lo abracé fuertemente mientras respiraba su aroma. Pero inmediatamente tuve que desviar mi atención hacia mi hermana. Cuando me contó que ella estaba enamorada de Percy, casi me caí de la silla. Por un momento me sorprendí y por el otro me alegré porque al menos ella se estaba sincerando.

Le notaba un poco ido. Claro, ella le había roto el corazón.

Estaba guardando unos platos cuando la gaveta me dio en la frente.

-Scheiße.

El dolor era tan fuerte en esos momentos que no me di cuenta que empecé a hablar en alemán todo el rato. Y por alguna razón me hizo decir en voz alta lo que realmente sentía.

Carter me miraba asustado como si el alemán fuere el idioma más terrorífico del universo y me empezó a presionarme la frente con una toalla con hielos.

-¿Aún te duele? -preguntó.

¿Que si me dolía el corazón? ¿Que si el que él esté preocupado por mi sabiendo que quizás yo era la última persona con la que él quisiera estar? Claro que dolía, dolía como mierda. Él, sin siquiera saberlo, me hacía creer que teníamos una oportunidad cuando era imposible.

-Sí, como Scheiße, Carter. Y esto solo lo empeora.

-¿El hielo?

Estúpido Carter. ¡Te odio por hacerme sentir de esta forma!

-No, tú.

-¿Que dices?

-Du weißt es nicht.

-Emma... por favor...

-Warum mag ich ihn?

-¿Qué me estás diciendo?

-Nichts.

-Em, cálmate.

-Es que...

Din darme cuenta, me tropecé con uno de los hielos que se habían caído cuando él había venido con la toalla. Carter se acercó queriéndome ayudar. Pero ya no podía otra vez con este dolor.

Ya estaba harta de todo esto.

Estos sentimientos me ponían enferma.  Llena de furia por lo que él provocaba en mi, le sujeté del cabello y lo atraje hacia mi. Quizás Carter me iba a odiar por esto. Acerqué sus labios a los míos y le besé de una vez por todas.

Pero la furia se eliminó de mi cuerpo cuando él lentamente me respondió, ahí, ambos tumbados en el piso. Sentía mi piel erizarse de la emoción. Al separarnos, ambos reímos.

Él me tendió una mano caballerosamente para ayudarme a ponerme de pie. Se acercó entonces y me besó otra vez. Sus labios eran tan suaves como me lo imaginé. Entonces seguí con el beso mientras lo dirigía hacia mi pequeño dormitorio. Sus manos reposaban en mis caderas y las mías en su cabello. Lo empujé en mi cama mientras me posicionaba encima de él.

Ambos reímos por lo apresurado de la situación.  Entonces él rodó quedando encima de mi. Al separar nuestros labios, él susurró:

-Dime que tienes protección.

Sonreí traviesamente mientras apuntaba hacia mi cajón rápidamente
Él tomó uno mientras seguía besándome. Carter me besó fuertemente de pronto. Bajé mis manos a su espalda y abracé su cintura con mis piernas.

Comencé a quitarme el vestido amarillo que tenía encima. El se quitó la camisa y los zapatos. Al sentir su piel rozar la mía, mi corazón se aceleraba. Entre besos, risas y caricias ambos nos desnudamos. No lo podía creer. Iba a hacerlo con Carter. ¡Él me quería! Se separó de mi un momento para introducirse en mi unto más vulnerable. Sus hipnotizantes ojos café me miraban como si me quisiera proteger de todo. Me lleno de besos y me reí.

-Eres el mejor.

Nunca había sentido algo así con otros chicos antes. Fue el mejor día de mi vida.

-¿Otra vez? -pregunté adormilada mientras lo abrazaba.

-Duerme, Em -dijo riendo.

Cuando desperté, Carter no estaba junto a mi. Entonces me preocupé y me puse el vestido para buscarlo. Ya era de tarde y el sol estaba poniéndose. Lo encontré comiendo una mitad de un sándwich. La otra mitad estaba en un plato. Estaba con unos pantalones pero sin camisa.

-Buenas tardes -saludó.

-¡Ey! Me asustaste, creí que te habías ido.

-¿Y dejarte aquí sola? Una de las razones por las que vine a verte también era porque no podía dejarte vivir sola en un sitio tan peligroso.

Me senté en una de sus piernas y me abracé de él cogiendo algo de su cabello.

-¿Así que te preocupaste por mi? -dije haciendo un puchero y cogiendo la otra mitad del sándwich.

-Claro. No iba a dejarte sola.

-Pero me dejaste para ir a ver a Aqua.

-De hecho no. Iba a regresar por ti, loquita.

-Que lindo de tu parte.

Entonces me giré hacia él y le besé la mejilla.

-De nada.

Sonreí. Al parecer esta vez todo iba a estar bien, aquel brillo en sus ojos me lo confirmaba.

-Tengo hambre -anuncié.

-¿Que tal si te preparo otro sándwich?

-¿Por que quieres hacer todo por mi? ¿Acaso no tengo manos?

-No, Em.

-Primero que nada, ¿desde cuando he aprobado que me llames Em?

-¿Acaso no te gusta tu lindo apodo?

-Ño.

Carter ya había sacado todo lo necesario para hacerme otro sándwich de la pequeña nevera y estaba listo para poner mayonesa en uno de los panes cuando me incliné y volví a besarlo.
Sujeté sus manos que estaban en el cuchillo y el pan y los reemplace por mi cintura. Puse las mías en sus mejillas para profundizar el beso. Al separarnos, dije:

-Dos palabras... cinco letras... Dímelo y soy tuya.

-Te amo, Emma Bercovich. Te adoro.

Unas pequeñas lágrimas de emoción salieron de mis ojos pero me volví a acercar a él y continué el beso. Después reímos. Y por primera vez tenía algo que de verdad yo amaba, así que no me permitiría perderlo... jamás.

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