- Parte 2: En tierras Ignotas -

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Dos figuras corrían ladera arriba, jadeantes y cansadas. Al llegar a lo más alto, una de las dos figuras, de grandes cejas y barba poblada, indicó a la otra que se detuviera. Alzaron la vista y contemplaron el firmamento. La noche se extendía ante ellos, allá donde mirasen. Vieron estrellas lejanas y desconocidas brillando con intensidad; gigantes gaseosos moviéndose lenta pero ininterrumpidamente; cúmulos de agujeros negros devorando galaxias cercanas; y un halo de luz extraña, difusa y de color morado, flotando en los confines del cielo estrellado. Una luz, que parecía palpitar.

-Gran maestro Theophilus, ¿reconoce alguna constelación? -preguntó la figura más baja y que tenía una mata de pelo oscuro y un frondoso bigote.

Theophilus, sin dejar de mirar el cielo nocturno, dijo.

-No, no reconozco alguna, hermano Irwing. Desde esta posición no. Quizá deberíamos...

-¿¡Cómo que desde esta posición no reconoces ninguna constelación!? -preguntó Irwing, desesperado-. ¡Pero si esta es la cuarta cima que hemos subido para otear el cielo estrellado!

-Bueno, sí, pero...

-Reconózcalo, no sabe donde estamos. ¿Verdad?

Theophilus se rascó la cabeza pensativo y dijo.

-Sé que no estamos en Massachuses, eso es seguro.

-Entonces ¿Dónde estamos?

-En otro mundo que no es el nuestro.

-¿En otro...?

<<CRACK-CLACK>>

-¿Qué ha sido eso? -preguntó Irwing alarmado.

<<CRACK-CLACK-CRACK-CLACK>>

-¡Los seguidores de Símbolo Arcano nos están disparando! -gritó Theophilus-. ¡Al suelo!

El gran maestro agarró al hermano Irwing de la pechera y tiró de este. Una bala pasó a escasos centímetros por encima de su cabeza. Arrastrándose con dificultad por el suelo de piedras, alcanzaron una roca y se agazaparon tras esta. Theophilus se acercó a una esquina y echó un vistazo.

-¿Pero cómo es posible que estemos en otro planeta? -preguntó Irwing mientras tiraba de la túnica del gran maestro-. ¿Cómo es posible?

-¿Que cómo es posibles? -preguntó Theophilus, malhumorado-. Quizás tenga algo que ver el hecho de que los ingredientes requeridos para el ritual estuvieran pasados; que el pentagrama no fuese el indicado o estuviera mal dibujado; que la reliquia necesaria estuviera rota; o que la sangre de virgen fuera sustituida por la de un zopenco de dos metros más tonto que un botijo. ¿No creé que todo eso haya podido influir negativamente, hermano Irwing?

Otra bala pasó zumbando sobre sus cabezas.

-¿Y qué hacemos ahora?

-¡Por lo pronto, intentar deshacernos de los seguidores del Símbolo Arcano!

-¿Y cómo hacemos eso?

-No lo sé. Pero hasta que se me ocurra algo, lo mejor que podemos hacer es... ¡Correr!

Theophilus agarró del brazo a Irwing y le obligó a ponerse de pie. En cuanto se incorporaron y dieron unas pocas zancadas, el suelo se deshizo bajo sus pies y resbalaron por el otro lado de la ladera. Rodaron y se golpearon contra las rocas irregulares, rasgando sus túnicas y cubriendo su cuerpo de arañazos. Cuando llegaron abajo, se encontraron sobre terreno de arenilla y, frente a ellos, un laberinto de rocas grises, puntiagudas, deformadas y retorcidas.

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