- Parte 1: El Ritual -

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Dos figuras encapuchadas se adentraron por un callejón oscuro. Allí, las cajas podridas y la basura se amontonaban sobre el suelo terroso. Una de las figuras lanzó un par de monedas a un borracho que descansaba sobre un lecho de desperdicios. Al llegar al final del callejón, se encontraron frente a una carcomida puerta de madera, apenas iluminada por la luz de la luna. El dibujo de un pulpo en relieve era lo único que destacaba en ella. Una de las figuras, la más alta de las dos, alzó el brazo y llamó a la puerta. Esperaron unos segundos en silencio, mirándose entre ellos, nerviosos. Oyeron a alguien caminar al otro lado de la puerta. Una pequeña portezuela, a la altura de los ojos, se abrió, y una voz rasposa anunció.

—<<¡No hay nada más bello que las costas del condado de Essex!>>

—<<¡Cierto! ¡Pero no son nada comparadas con las costas de Innsmoruth cuando la marea está baja!>> —añadió la figura encapuchada que había llamado a la puerta.

—¿Innsmoruth? —preguntó la voz al otro lado de la puerta.

La figura alta miró a su compañero y maldijo en voz baja.

—Quiso decir <<Innsmouth>> en vez de <<Innsmoruth>> —intervino la figura encapuchada más baja—. ¿A que sí, Mike?

—¡Sí, sí! ¡Exacto! —dijo nervioso la figura alta—. Irwing tiene razón.

Durante un instante, la voz al otro lado de la puerta permaneció en silencio. De repente, se oyó el ruido de los pestillos moverse y la puerta se abrió. Una figura grande, de greñas enmarañadas y ojos saltones, salió al exterior con un candil agarrado por una mano peluda y dijo.

—He estado a punto de soltar a los perros y dejar que os descuarticen ¡Tomaos el tema de las contraseñas más en serio!

Las dos figuras se miraron avergonzadas y asintieron con la cabeza.

Los tres entraron al interior y, mientras el guardián de la puerta dejaba el candil sobre una mesa y cerraba la puerta, las dos figuras se retiraron las capuchas. La más alta era calva y tenía perilla, y la más baja tenía una mata de pelo oscuro y un frondoso bigote.

—¿Os han visto alguien? ¿Os han seguido?

Los recién llegados se miraron pensativos el uno al otro. Al volverse los dos hacia el guardián de la puerta, Irwing contestó.

—No, no lo creo.

—¿No lo crees?

—Bueno —intervino Mike—, seguimos todos los consejos y advertencias que el gran maestro Theophilus nos enseñó.

—Mmmm... ya —respondió no muy convencido el guardián de la puerta—. ¿Qué tal ha ido ahí fuera? ¿Lo habéis conseguido?

Mike sacó una bolsita de cuero de un bolsillo del pantalón, se la mostró al guardián de la puerta y dijo.

—Sí, aquí está.

—¡Qué buenas noticias! —el guardián se dio la vuelta y caminó por un pasillo iluminado por los desvencijados candelabros que colgaban de las paredes—. Theophilus está un poco cabreado hoy. Las cosas no están saliendo como esperaba. Saber que habéis conseguido la mercancía le reconfortará.

—¿Que no están saliendo como esperaba? —preguntó Mike.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Irwing.

Los DiscípulosWhere stories live. Discover now