Quién se imaginaría la extraña forma en cómo lo conocería, quién pensaría que nunca lo olvidaría...
No lo conocí en una cafetería, tampoco en una escuela o de alguna manera normal, pero sin duda fue de la manera más especial.
Recuerdo exactamente ese día, aunque debo admitir que detesto las fechas por la simple manera que te recuerdan el existir, un existir que yo quería olvidar, tan sólo olvidarme que yo era parte de que significaba vivir.
A algunos les sonará gracioso, o otros tal vez nefasto, pero podría decirse que las ganas de morir fue lo que nos unió.
Aquella habitación en aquél hotel de vista hacia el exterior con pequeños balcones individuales y puertas de cristal resbaladizas, era de noche y el viento resoplaba frío, tan frío y bello que pude vislumbrar la libertad recorriendo entre mis venas, sólo hacía falta un salto para que todo terminara, supongo que del décimo piso no me salvaría.
Pero escuché su voz ese día...en la lunada que esperaba mi partida...
—¿Piensas tirarte? Si quedas con vida será verdaderamente torturante lo mal que puedes permanecer por el resto de tus días —esa fue la primera vez que escuché su voz, aquella que sin duda jamás olvidaría.
Fue ahí cuando volteé a verlo, su sonrisa, tan fugaz y efímera permaneciendo en sintonía con la fría realidad que nos envolvía, tenía un frasco de pastillas en sus manos y estaba recargado en el diminuto barandal del balcón individual de su lado, aquellas puertas resbaladizas de vidrio de su habitación de hotel estaban detrás de él, incluso podía ver como las cortinas del interior de la habitación se movían de un lado a otro con el viento.
Estaba en el balcón del cuarto de hotel de mi lado a una corta distancia.
—No sobreviviré si me tiro de este décimo piso —reí irónico, sabía que quizás sería mi última risa, hablando con un sujeto desconocido—. Además si te contara lo mierda que es mi vida, estoy mal en todo sentido, amigo.
—Bueno, estar mal en todo sentido suena mejor que a que te pasé lo que acabo de mencionarte —soltó intentando convencerme.
—Lindo frasco de pastillas —volteé a ver aquél objeto con el que jugueteaba en sus manos, repasando con el dedo pulgar el cristal del mismo.
—Es bello, lo sé, y espero que el viaje sea más dulce que el tirarse de un décimo piso, sin ofender, claro —reía.
Nuestras miradas se cruzaron y él seguía sin quitar aquella sonrisa, se veía tan calmado, cualquiera que lo viera pensaría que era alguien verdaderamente feliz.
—¿Acaso tú también piensas dejar este jodido mundo? —pregunté.
—Querrás decir bello mundo.
—No, sé lo que dije —¿si pensaba que el mundo era tan bueno entonces no quería dejarlo? Quizás él no pensaba hacer lo que yo, después de todo.
—Es bello para otros, no generalices.
—Claro —bufé—. Por momentos creí que también querías suicidarte, supongo que lo de la muerte dulce fue broma, ¿no? Es decir, no creo que un sujeto como tú tenga la vida tan miserable como yo, se nota que ves la vida y el mundo "bello"
—No, piensas mal. Yo también me voy de este lugar.
Hubo un ligero silencio, yo estaba un poco sorprendido pero él seguía sonriendo.
—¿Y cómo se supone que tú lo harás? Ya me dijiste que no de la forma que yo lo pienso hacer.
—Poniendo en el tocadiscos mi música favorita, mientras después de escribir mi último poema y siendo de madrugada aprovecharé el sueño que me da para tomármelas todas —agitó un poco el frasco—. Imaginando otra vida entre las notas musicales de la melodía estaré muriendo, quizás encontrando mi nueva travesía.
—¿Y por qué? ¿Para qué morirte? No pareces alguien que carezca de algo —lo miré fijamente y era verdad, lucía como el típico chico mimado que no le hace falta nada, y que lloraría por no tener algún caprichito, ¿acaso intentaba castigar a alguien haciendo eso?
—Créeme tengo motivos de sobra, sabes, todos carecemos de algo, no te dejes guiar por mi apariencia.
—¿Qué pasa? ¿No te compraron el auto último modelo acaso? —me reí, vaya, era extraño poder decir algo así en esta situación, pero demonios, tenía que hacerlo, después de todo si me golpeaba y me caía de aquí me ahorraría los pensamientos de arrepentimiento, si es qué llegaba a haber aunque lo dudo.
Mágica tragicomedia.
—En realidad no sé manejar, no hubiera sido mala idea estrellarlo contra algo.
Volví a reírme, mierda, creo que estaba en un lapsus donde reír hacía menos escalofriante lo que sucedería después.
—Y bueno ¿Cómo te llamas? Me gustaría saberlo por si quedo vivo ir a llevarte flores a tu tumba como agradecimiento por hacerme reír.
—Taehyung, ¿cómo te llamas tú?
Me recargué en el barandal, sin dejar de mirarlo, mis codos estaban posados por encima de este.
—¿Y para qué quieres saber mi nombre tú? —arqueé una ceja—. Tu muerte dulce no te dejará vivo, la fuerte ingestión de pastillas y más cuando —alcé mis cejas y moví un poco mi rostro hacia enfrente indicándole las pastillas, después lo miré a los ojos otra vez—. Todas son distintas y así el efecto será mortal...se ve que están revueltas.
—Se ve que sabes de suicidios —dijo.
—Algo sé —sonreí.
—Bien, pues, aún así puedo quedar vivo, si me dices cómo te llamas seré yo el que te lleve las flores por darme unos momentos de compañía.
Creo que nuestra conversación era la más rara que existía.
—Me parece bien, soy Yoongi.
YOU ARE READING
Sintonía irreal ~taegi~
FanfictionMonotonía, realidad. Cuándo Yoongi decide tomar una mala desición surge algo irreal para él, y sí, irreal, ¿pues cómo en la realidad que ha estado viviendo pudo encontrarse con alguien en una situación similar? Ambos se conocen de forma muy irónica...
