—¿Qué quieres decir con que nos ganaron el trato?— exclamó Míster Kim—. Les estamos ofreciendo más de lo que nos estaban pidiendo, ¡¿quién fue el imbécil que pago más que nosotros?!
Dio un fuerte golpe en el escritorio con ambas manos y se puso de pie. Sus empleados miraban al suelo: El jefe estaba molesto. Conseguir el territorio de Busan era lo que él quería para reafirmar su gran nombre, además el puerto sería una ventaja para futuras ocasiones, incluso se molestó en incrementar la suma para asegurar el acuerdo.
—La casa Jin, señor— musitó Cho.
Kim sonrió con sarcasmo y asintió. Rodeó el carísimo escritorio de caoba recién comprado y levantó a Kyu Hyun tomándolo de la camisa.
—Te dije que no aceptaría más errores de tu parte— susurró—. Si no puedo tener Busan, entonces debes ofrecerme algo interesante.
Lo soltó de un empujón y luego de un "sí, señor", Kyu Hyun salió de la habitación en compañía de sus dos subordinados. Estaba furioso, se había esforzado por conseguir el trato, no era su culpa que la casa Jin ofreciera dos millones más.
Míster Kim ordenó a sus guardaespaldas y servidumbre que salieran y se revolvió el cabello antes de dejarse caer en el sofá. El estudio del señor Kim era una habitación bastante amplia de estilo occidental decorada con arte barroco que Hee Chul o Xí Chen habían comprado en sus viajes. La luz entraba por los grandes ventanales y un par de puertas dobles daban al balcón. Resopló con molestia. Maldita fuera la casa Jin. Se estiró como hace un gato y miró al techo.
Alguien tocó la puerta dos veces. Miró de reojo y pensó en fingir que dormía: ¿qué parte de "no me molesten a menos de que algo muy importante ocurra" no habían entendido sus guardaespaldas?
—¿Qué?— exclamó.
Choi asomó la cabeza para explicar lo que pasaba y alguien más lo quitó del camino para entrar a la habitación con toda la altivez que lo caracterizaba. Si Won se mordió la lengua y salió sin decir nada: Odiaba a ese tipo.
—¿Qué haces aquí sólo como para que esos idiotas de allá afuera no me dejen entrar?— preguntó Gun Hee, quien sostenía una carpeta de cuero color canela.
Kim sonrió de medio lado y se puso de pie.
—No te importa. ¿Trajiste algo para mí?
—De lo contrario no estaría aquí— dijo entregándole la carpeta.
El aludido la abrió y comenzó a leer al tiempo que caminaba hacia su escritorio. Asintió un par de veces y sonrió con ganas. Si no podía tener el puerto de Busan, al menos tendría el de Incheon.
—Todavía estoy molesto, pero esto es bastante bueno— concedió—. Buen trabajo, ¿cuándo podré verlo?
—Cuando quieras.
—De acuerdo, que sea mañana.
—Sobre los miembros restantes de la casa Go...
—Deshazte de ellos, no tengo interés en nada más que el puerto y sus alrededores.
—¿Qué hay de los jóvenes? Quizá podríamos...
—Gun Hee— lo interrumpió—, los jóvenes de sangre caliente tienden a guardar rencores cuando se les arrebata algo que les importa: dinero, poder o un familiar. ¿Sabes lo que pasa cuando esos rencores se guardan por mucho tiempo? Hay dos posibilidades: o te destruye o te hace fuerte, y no me arriesgaré a que alguno de ellos se haga fuerte e intente arrebatarme mi dinero y poder por su familia muerta. La guerra es la guerra y ellos perdieron. Es una pena, pero no me importa.
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Lost Stars
FanfictionLa Casa Kim es una de las casas de la mafia más importantes de Corea del Sur, presidida por Míster Kim, un joven en mitad de sus treintas que goza de una extraña reputación en su esfera social. El señor Kim es dueño de múltiples propiedades, conocid...
