Veinticinco

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Siento como tocan mi puerta, gruñendo me giro y con lentitud abro mis ojos.

¡Mierda, Theo!

Me levanto como flash de la cama y miro a la ventana del balcón, abro las cortinas y me encuentro con esos ojos café mirándome algo enojado.

¿Recuerdan mi memoria Dory?

Me encojo de hombros pidiendo perdón.

Abro despacio la ventana y él entra.

—Son casi las dos Keila —me reprocha.

Pero yo solo puedo ver esos ojos y pensar en que estoy con mi pijama corto frente a Theo, mi ídolo.

—Me cambiaré —aviso.

Lo siento caminar mientras yo busco ropa para cambiarme.

—Tomate todo el tiempo, tranquila.

Me giro con la ropa en la mano y lo veo recargado en mi cama, elevo una ceja mirando en su dirección.

— ¿Piensas quedarte ahí?

—Si —me mira burlón.

— ¿Crees que no me atrevo a cambiarme frente a ti?

—No, no te atreverías —se ve muy seguro de sus palabras.

Y tiene razón, nunca lo haría.

Pero, quiero verlo dudar.

Dejo mi ropa encima de la cama y me acerco lentamente, con una sonrisa que lo hace verme confundido.

— ¿Estás seguro? —murmuro inclinándome un poco y jugando con él.

—Keila, ¿Qué haces? —al estar tirado en la cama con las manos detrás de su cabeza tengo más acceso a su cuerpo.

Y que buena vista tengo desde aquí.

—Te demuestro que si me atrevería.

Tengo una camiseta y debajo de ella una de tirantes, pero eso él no lo sabe.

—Keila —murmura.

Sonrío y coloco mis manos en el borde de mi camiseta larga, la subo un poco y el me mira asombrado.

— ¿Qué pasa? —me hago la inocente para luego inclinarme a su lado.

Vale, lo admito, colocar así de nervioso a Theo es muy agradable.

Me siento con poder.

Se aclara la garganta y se sienta, me levanto y me coloco frente a él.

—Keila, yo...

—No hables, tu querías quedarte —hablo como pequeña.

Y sin pensarlo dos veces tiro la camiseta sacándola de mi cuerpo.

Al mirar su cara éste me mira entre sorprendido y enojado, frustrado.

Mis carcajadas algo silenciosas no se hacer esperar.

Él, ¿en serio pensó que lo haría?

Luego de varios minutos él se aclara la garganta.

—No fue gracioso —murmura, y siento su voz algo más ronca.

Por un momento me siento culpable, pero ¡vamos! Él se lo buscó.

—Sí que lo fue —lo apunto conteniendo otra carcajada—. Ahora, fuera, debo cambiarme.

A empujones lo dejo en el balcón para luego cerrar la ventana y cortina, y con una impresionante rapidez me cambio.

Me coloco un poco de brillo en los labios, muy en el fondo quiero que él lo pruebe.

Algo nerviosa por el valor que antes tenía abro la ventana y tomando mi teléfono salgo a juntarme con él.

—Hola.

Sonríe y al recorrerme con la mirada los colores se le suben a la cara.

¿Cómo era que mamá decía?

Ah, sí.

¡Keila, no quiero ser abuela todavía!

—Hola —miro mis manos y luego sus ojos.

Veo como sus pies se acercan, siento como sus dedos recorren mi barbilla hasta llegar a la comisura de mis labios, me hacer levantar la mirada, y lo veo a centímetros de mí.

¡Santa virgen de la papaya!

Se acerca lentamente y sus labios están cada vez más cerca, mientras su pulgar acaricia mi labio inferior, suspiro involuntariamente.

Recuerda Keila, como mamá dijo

Virgen hasta el matrimonio.

Él sonríe al ver el poder que tiene en mí, y me avergüenzo al parecer tal débil, pero vamos, ¿Quién no se coloca así con Theo Pierce?

No, no era así.

No quiere ser abuela, si eso.

¡Keila, compórtate!

Sus labios se pegan a los míos y me pierdo, me dejo llevar, estoy en el cielo cuando él se separa dejándome algo atontada y con ganas de más.

Tranquilízate Keila, fue solo un beso.

Un pequeño beso.

—Feliz cumpleaños —las palabras las susurra contra mis labios.

Y vuelve a besarme.

¡Este es el mejor cumpleaños que he tenido!











¿Comentas?

Espero que comenten mucho este capítulo ya que me esforcé mucho en estas escenas, saben que narrar besos o cosas así no es lo mío:(

Ojalá les guste, y si es así comentenlo para saber, y si no les gustó comenten también, asi puedo mejorar mucho más.

Fangirl: Solo por tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora