Diecinueve

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Cansada cierro la puerta de mi habitación dispuesta a acostarme y dormir.

Son las ocho, pero ya está oscuro afuera y eso para mi significa hora de dormir.

Camino con paso pesado a cerrar la cortina de la ventana que da al balcón, una corriente me recorre la espalda al recordar a Theo.

¿Se atrevería a entrar por aquí?

Siento un ruido detrás de mí y al girarme veo un osito de peluche que Abby me regaló en el piso, me encojo de hombros y me giro.

— ¡Mierda! —grito y luego me tapo la boca.

Juro que si hoy no mató a Theo Pierce lo haré pronto, lo juro, como que me llamo Keila Buch.

—Keila abre la ventana —demanda Theo mirándome.

—Pensé que era una broma esto del chicle —murmuro—. Cliché —me corrijo.

—No lo era, ahora ábreme —me mira con una sonrisa.

Estoy a punto de ceder al mirar su perfecta sonrisa y recuerdo que estoy enojada con él.

—No —cruzo mis brazos y lo miro desafiante.

—Keila —me llama.

— ¿Qué? —lo miro y está sonriendo.

Maldita sean las influencias de Theo Pierce.

—Abre.

Me giro dando la espalda a Theo, asintiendo, así no tendrá control sobre mí.

—No, no lo haré —yo y mi orgullo.

—Traje chocolate —niego—. Y pizza —vuelvo a negar—. Unas disculpas —no me muevo—. Ah sí, y helado de chocolate.

Lentamente me giro con una sonrisa.

—Maldita sean tus influencias —lo miro ceñuda.

— ¿Eso significa que me abrirás?

—Te abriré, te mataré y me comeré la comida que traes —quité el seguro—. Y en ese orden.

Tan pronto como abrí la puerta el entro a mi habitación, se ubicó a centímetros de mi cuerpo.

—Hola —susurró.

Lo ignoré.

— ¿Dónde está la comida? —pregunté mirando sus manos vacías.

—Era broma —murmuró sonriendo.

— ¡Mamá, se metió un pejelagarto! —grité tan alto como mis cuerdas vocales me lo permitieron.

—Keila, cállate —me regaño Theo y avanzo.

—No te acerques, gritaré —lo amenace a tres pasos de distancia, tan pronto como él dio otro paso grité—. ¡Mamá, el pejelagarto me quiere comer!

—Dos cosas —dio otro paso, me mantuve inmóvil—. Ellos salieron en busca de discos de One direction para tus hermanas —otro paso—. Y era broma, la comida está allí afuera —apuntó al balcón susurrando a centímetros de mi boca.

—Dos cosas —lo imité sin separarme—. No te besaré, la boca te huele mal —fingí una mueca—. Y dos, gracias por la comida.

Me separe rápidamente respirando agitadamente, suerte que él no lo noto.

¿Cómo puedo ser tan buena mentirosa?

Su boca olía a menta y mataría para que él me besara, pero claro, el orgullo es primero.

Con una caja de pizza, chocolate y helado entre a la pieza para descubrir que Theo estaba intentado oler su boca, y se supone que ese ser pensante descendiente de los monos es un ídolo y ejemplo a seguir de muchos.

La humanidad está cada vez peor.

Me siento en la cama a comer tranquilamente la pizza mientras el aún intenta oler su boca, niego con la cabeza y lo observo hacer el ridículo.

— ¿En serio tengo la boca hedionda? —cuestiona luego de varios minutos.

Trago la pizza y observo que queda solo la mitad.

En mi defensa, esa pizza era mi favorita, y soy una adolescente en pleno crecimiento.

—No, era broma Theo —el me mira entre cabreado y divertido—. Pero gracias por hacer el ridículo para mí.

—Yo no estaba haciendo el ridículo —habla, y con cada palabra baja más la voz dándose cuenta de su error—. Para ti.

— ¿Quieres pizza? —pregunto de lo más normal— Se acabará pronto, yo que tu como —lo aconsejo.

—Nosotros dos necesitamos hablar —sentencia tomando un trozo de pizza.

—No, no tenemos nada de qué hablar.

—Mi mamá me obligó a ir —empieza a contar.

Ruedo los ojos y como la adolescente en crecimiento madura que soy, tapo mis oídos con las palmas de mis manos y comienzo a cantar.

—No te oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado.

—Keila no seas infantil —murmura tomando mis manos,

—Mi mamá nos obligó, no tenía tu número, Luka tampoco.

Vuelvo a soltarme y colocar las manos en mis oídos.

—No te oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado.

Él vuelve a quitar las manos de mis oídos y es cuando sentimos la puerta principal y las voces de mi familia, miro a Theo y luego la puerta.

Si lo ven en mi pieza, y que estábamos solo en casa me desheredan.

—Keila —susurra Theo mirando alerta.

—Al armario —hablo empujándolo y cerrando la puerta en su cara.

—Keila, aquí huele mal —rio.

Abro un poco la puerta y lo veo, comienzo a hablar.

—Sí, debía lavar los calcetines de mis hermanas por una apuesta hace una semana, resulta que no lo hice  —sonrío—. Ahora no te muevas —y vuelvo a cerrar la puerta en su cara.

Estoy casi segura que mamá solo hablará desde afuera.

Nunca entra a mi habitación, según ella, soy muy desordenada.

¡Claro que no lo soy! Tengo perfectamente todo ordenado a la fuerza en mi armario, incluyendo a Theo, pero eso no es importante.

—Keila, hija, estás despierta.

—Sí, ma —exclamo.

—Buenas noches.

—Buenas noches mamá —y luego silencio, todos se fueron a dormir.

— ¿Keila? —oigo la voz amortiguada por la madera.

—Cállate Theo, mamá está afuera —miento.

Que linda es la venganza.

Tomando un trozo de pizza y sigo comiendo tranquila.











¿Comentas?

Definitivamente, este es el capítulo más largo.

Comenten harto si les gustó el capítulo 7u7 Mañana nuevo capítulo. Tienen suerte mañana no iré a clases y el lunes no tengo clases, martes y miércoles tendré 4 horas, así que me tendrán aquí con mucho más de SUFPT

Fangirl: Solo por tiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora