Capítulo 35 -Afrontar nuevas realidades-

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Cuando alguien tiene un sueño, hace todo lo que sea para poder conseguirlo. Se esfuerza al máximo, y lo intenta todas las veces que sea necesario hasta conseguirlo. Pero luego hay un grupo de personas que intentarán hundirte. No te creas todo lo que te digan, muchos querrán aprovecharse de ti, pero sólo uno merecerá la pena. Y esto era solo equivalente en el amor.

Por eso cuando Leslie le rogaba a su hermana mayor que era una estúpida idea el buscar a George Peterson, ella se negaba a escucharla. Para ella, George era vida. Vivía solo y exclusivamente para él. Aquellos sueños habían sido un frenesí de emociones. ¡No podía pararlos ahora! ¡Tenía que encontrarle! Leslie insistía diciéndole que tenía una obsesión, que nunca lo encontraría...

Pero Juliette no la escuchó, cerró la mochila con todo lo que necesitaría en aquella búsqueda, y salió de su habitación con su hermana pequeña pisándola los talones, como si fuese su sombra. Para Leslie, Juliette estaba a punto de cometer una locura. ¡Escapar de The Academy Maxime! ¡Y justo antes de que empezase una guerra entre ambos bandos! Una guerra sangrienta.

—¡No puedes hacerlo! ¡No puedes dejarme aquí! ¡Ya has oído lo que dijeron antes los profesores, es peligroso salir, incluso a los jardines! —insistió Leslie, mientras se pasaba una mano por el pelo, algo nerviosa. Pues los planes no estaban pasando como ella quería que pasasen.

—Ya sabes que no te obligo a quedarte aquí. Si quieres venirte conmigo, puedes hacerlo... —Juliette cerró la puerta de su habitación con llave, y se guardó la llave en uno de los bolsillos de la mochila que llevaba a la espalda. Llevaba el uniforme puesto para no levantar sospechas, obviamente, cuando ya estuviese lo bastante lejos del internado, se cambiaría de ropa.

No dijeron nada más hasta que ambas estuvieron caminando por el jardín de The Academy Maxime. Leslie rechazó la idea de acompañar a Juliette a buscar a su cazador de sueños. Se adentraron por una parte del bosque por la que pasaba la alta verja de hierro negro que rodeaba al internado. Juliette se aproximó a ella, y poco a poco comenzó a trepar, cuando estuvo en lo alto, pasó una pierna, luego la otra y saltó.

Cayó al suelo, y rodó, se raspó las rodillas y las manos, le escocían levemente. Aunque ese no era su mayor problema en ese momento.

—¿Lo ves? Si fueses una nargge maligna eso no te habría pasado... —bromeó Leslie al otro lado de la valla.

—¿Te quedas? —le preguntó Juliette ignorando el comentario sarcástico de su hermana sobre su condición.

—Sí. Pero tranquila, te cubriré, no le diré nada a nadie de que te has marchado... Diré que estás enferma o... ya se me ocurrirá algo. —dijo Leslie, y sus ojos relucieron en un rojo brillante. Juliette tragó saliva.

—Vale, hermanita pequeña, confío en tí. —se despidieron abrazándose, aunque era un poco incómodo, pues estaban los barrotes de la verja de por medio—. Eres mi salvación.

Y sin decir nada más, Juliette sonrió, se dió la vuelta y comenzó a caminar, en dirección contraria al internado que la había protegido, y enseñado tanto en tan pocas semanas.

—O tú destrucción. —susurró Leslie cuando Juliette ya no podía oírla. Leslie sonrió, y sus ojos relucieron en rojo. Se dió la vuelta, y comenzó a andar hacia el edificio uno, concretamente al despacho de Isabelle. Y así fue como Leslie Mason traicionó a su hermana mayor por primera vez, haciéndose cumplir la profecía de las tres nargges estelares.

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Cuando en una familia pasa una desgracia, se intentan convencer de que es una pesadilla o un mero sueño más. No quieren afrontar esa realidad que les azota su mundo y lo hace inestable. Esto suele pasar cuando muere alguien muy cercano...

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