Afterlife

230 28 10
                                        

Nunca pensé que algo tan natural como despertar pudiera aterrarme tanto, al punto de no ser capaz de respirar con normalidad. Si es que estaba respirando, claro. Había sucedido demasiado rápido, como una sacudida que reactivaba mi cuerpo desde los dedos de mis pies hasta el último pelo de mi cabellera, despertándome de lo que parecía un profundo sueño. Aunque sabía perfectamente que no era así. Dudaba que, después de los acontecimientos después de mi regreso del instituto, pudiera volver a "despertarme". Bastaba con echar un vistazo al cuerpo que yacía debajo mío para despejar cualquier duda. Estaba muerto. La piel, a pasar de haber sido siempre bastante pálida, había perdido cualquier ápice de color que pudiera haber tenido en vida hasta adquirir esas tonalidades enfermizas que caracterizaban a aquellos que habían recibido la visita de la parca. Si con eso no era suficiente, sus ojos. Si eran el reflejo del alma, revelaban estar vacíos, carentes de cualquier sentimiento. Incluso la posición del cuerpo era una fiel representación de lo ocurrido, donde se podía ver perfectamente como fueron sus últimos momentos: apoyado de mala manera en el borde de la cama, arremangada la sudadera y una goma alrededor del brazo, al punto que casi parecía cortarle la circulación. Un "viaje" intenso y fulminante.

¿Por cuánto tiempo había estado mirando aquella escena? Seguramente, si tocaba el cuerpo lo sentiría frío, pero ni siquiera me atrevía a intentarlo. Principalmente, porque no estaba seguro de que fuera capaz de hacerlo. Ni emocionalmente, ni físicamente. Hasta lo que yo sabía, lo que me estaba ocurriendo era imposible, ilógico, y sobre todo perturbador. ¿Por qué era capaz de verme a mí mismo, estando "fuera de mí"? Me veía y al mismo tiempo sabía que el chico al que observaba no era yo, o al menos ya no lo era. Tan solo era un recipiente vacío y yo, Connor Murphy, era su anterior contenido.

No sabía qué hacer, si es que había algo que pudiera hacer a parte de levitar por el cuarto, lamentarme y llorar. Porque, lejos de lo que la gente pudiera interpretar al ver la situación en mi habitación, yo no quería "morir" -¿era el término correcto, aún cuando seguía consciente de lo que ocurría a mi alrededor?-. Estaba cansado de las bromas, los empujones, la agobiante sensación de que a cada segundo alguien me iba a mirar, juzgar, reirse de mí; llegando a rozar la paranoia -o ese era el comentario por excelencia de mi hermana, Zoe. Si no me llamaba "paranoico" o "monstruo", salía con un "estás hasta arriba, Connor" o "¿por qué no dejas las drogas? Preocupas a mamá." Como si fuera tan fácil.-. Era el único escape que había encontrado de la realidad que me rodeaba, permitiéndome por un instante olvidarme de cualquier miedo o preocupación, invadido únicamente por la sensación de que mi cuerpo era capaz de flotar -del mismo modo que actualmente lo hacía, pero ahora era algo "real". Barajaba la posibilidad de que se tratara de un mal sueño-.

El infierno en el que vivía desaparecía, y no solo hablaba de mis compañeros y el instituto en general. En casa me sentía más preso aún, siempre bajo la atenta y crítica mirada de mi familia. Más que velar por mi, parecía como si estuvieran esperando el más mínimo fallo para lanzarse contra mí como aves de presa, graznando acusaciones de todo tipo: "nunca cambiará", "déjalo estar, ya sabes como es". Y para rematar, escrudiñándome con aquellas miradas donde reflejaban desaprobación, frustración, tristeza en los ojos de mi madre... Decepción.

Estaba harto. Harto de ser la decepción, la comidilla de los pasillo, de ser "Connor, el bicho raro", el drogata del curso, el nombrado fracaso, ése que nunca triunfará. Y puede que tuvieran razón. Nunca destaqué en cuanto a mis notas, era un bueno para nada y un cero a la izquierda si me comparabas con "la perfecta Zoe Murphy", quién hasta era conocida entre los más populares y la podrías ver codeándose con algunos de ellos; mientras que su hermano era considerado muy por debajo de Hansen -y eso ya era decir-.

Hansen... De no ser por su estúpida carta y su intento de inestabilizar al "bicho raro" para que hiciera de las suyas, puede que las cosas hubieran sido distintas. ¡Quién era él para escribir sobre Zoe! Podía aguantar que se metieran conmigo -a pesar de que luego me defendiera-, pero cuando se trataba de ella... Sí, muchas veces llegaba a ser un capullo, más de las que me gustarían, pero pobre de quién se atreviera siquiera a levantarla la voz. Y más cuando se trataba de enfermos como ése... Solo pensar en ello me hervía la sangre. Y si no bastara con eso, también estaban las burlas de su amiguito, Kleinman. Después de un "fabuloso primer día", lo único que quería era llegar a casa y desaparecer.

Tenía que pensármelo dos veces antes de desear nada la próxima vez. Pero poco importaba ahora.

De todas formas, lo único por lo que sería recordado sería por el "incidente de la impresora" de hace unos años, del cuál me consta que no se habían olvidado por algunas notitas que me había encontrado en mi taquilla, mochila e incluso en la capucha de mi sudadera, junto a otro tipo de comentarios que me prefiero ahorrar. Bueno, y por mi prematura muerte por sobredosis. Y, de poder ser visto por alguien más que pudiera confirmar mi estado actual -no el de mi cuerpo, si no el mío, el de mi "alma" o lo que se suponiera que fuera ahora-, por convertirme exitosamente en un fantasma. Otro logro a añadir a la lista de hechos más memorables en la vida y muerte de Connor Murphy.

Me sequé la cara y suspiré, intentado tranquilizarme No había nada que hacer al respecto. Estaba muerto, sí, y tal vez era lo mejor para todos. Ya no preocuparía a mis padres con mis escapadas nocturnas, no atemorizaría nunca más a mi hermana con mis gritos y golpes cuando estuviera colocado, no habría más monstruos ni bichos raros. Visto así, era la solución definitiva a todos sus problemas, a pesar de no haber sido una decisión premeditada.

Y aún viéndolo de manera tan "optimista", ¿por qué me seguía sintiendo como una mierda, o incluso peor? ¿Por qué seguía aquí en primer lugar? ¿Por qué tenía que estar aquí? Si tan solo hubiera desaparecido con mi último suspiro, ninguno de éstos pensamientos estarían rondando por mi cabeza, no estaría vagando por mi cuarto, observándome, querido gritar aún sabiendo que nadie me podría oir, ni ahora ni nunca.

Tampoco es como si me hubieran escuchado antes.

Por fin era libre de mi cuerpo, y me sentía más atrapado que nunca. Solo, de una forma que jamás creía que conocería. Me quería morir, por muy irónico que sonase, o al menos desvanecerme por completo, sin sentimientos ni reflexiones que me alborotaran de ésta forma.

...

Un portazo proveniente de la entrada, y con ello todos mis llantos cesaron. Por el sonido del cascabel que acompañaba los pasos de quién acaba de llegar a la casa supe que era Zoe.

...

Acababa de volver del instituto, seguramente de alguna extraescolar o de haberse quedado hablando con sus amigas.

...

La angustia se instaló en mi cuerpo, mezclándose con mi temor y tristeza. No estaba preparado para verla, y mucho menos para ver su reacción cuando se encontrara con aquel panorama tan macabro.

...

¿Llamaría al cuarto? ¿Esperaría alguna respuesta por mi parte? ¿Entraría sin más? No, no quería pensar en ello, ni esperar a que abriera la puerta frente a mí.

...

No podía.

...

Tenía que irme, alejarme de aquella incertidumbre, por lo que atravesé las paredes de mi antigua habitación y me escondí en el desván, deseando volver a sumirme en otro sueño y no despertar.

AfterlifeWhere stories live. Discover now