El chico de mechón rojo llega, como siempre, a primera hora de la mañana, incluso antes que el chico más aplicado de la clase. Se acerca a uno de los últimos lugares, de los más escondidos del salón y arroja su "mochila" sobre él. Acto seguido se desparrama sobre la silla para esperar a que lleguen sus compañeros y el profesor que le toca al inicio de la mañana. Está en su ante-último año ya, dentro de poco terminará la secundaria, y eso lo llena de una extraña satisfacción. No tener que ver a sus molestos compañeros de nuevo; hacer lo que quiera, cuándo quiera y como lo quiera..., estar finalmente solo. Esos pensamientos le hacen sentirse cada vez más impaciente.
Él siempre buscó la soledad, todo el tiempo. Simplemente no puede convivir en sociedad a pesar de que realmente lo intente. No quiere que le hablen, que lo miren, no quiere saber nada de nadie. Solo quiere paz y tranquilidad.
Lamentablemente, eso va a tener que esperar un tiempo más. Por ahora, tendrá que empezar otro año escolar, tiene que inventar excusas para no hacer las tareas, procrastinar hasta el último día y pasar el año teniendo mucha suerte, como de costumbre. Mark nunca se "esmeró" por ser, al menos, bueno en las clases. Nunca se interesó y ahora que está a tan poco de terminar, parece que nunca lo haría.
Lo único bueno era que no iba a tener que soportar a alguien nuevo en el salón. Luego de no hacer absolutamente nada en las vacaciones, y de usar ese tiempo para hacer formas con el humo del cigarrillo y mirar al techo, llegó a la conclusión de que ni este año ni el siguiente iba a haber alguien nuevo. Verán, a medida que pasan los años, los alumnos comienzan a formar amistades sólidas, empiezan a crear grupos más firmes, de los cuales no se separarán nunca. Por eso, a estas alturas, todos esos idiotas de seguro ya tienen mejores amigos, y cambiar de escuela sería... como decirlo... un gran trauma, sabiendo que dejarían atrás a sus compañeros de vida. Las relaciones a distancia son imposibles según él.
Por eso levanta los pies sobre la mesa y se semi-acuesta en el asiento, de todas formas, no hay nadie y nadie puede decirle que no lo haga.
(...)
Ahora Mark está enojado. Pasa su mirada una vez más por las cabezas de sus compañeros para asegurarse que le ansiedad del primer día no le está afectando la cabeza. Observa con detenimiento los rostros de todos. Las chicas estás en un grupo, hay otro grupo de chicos por otro lado, un poco más allá hay un grupo de chicas y chicos y parado en la puerta, en esa maldita puerta blanca que tanto detesta, hay un chico que nunca en su vida había visto. Mira al salón con timidez y aprieta la cinta de su bandolera con fuerza en su mano derecha. Se ve bastante nervioso... no es que le importe, pero lo nota. Se le queda observando por un rato más, él no parece notarlo, está mirando a un grupo pequeño de chicas en una esquina del salón. Nota que con la otra mano tironea de la larga manga de su suéter, el cual parece ser algunos talles más grande.
Regresa a su asiento y se cruza de brazos. Repasa la imagen mental de cómo están sus compañeros sentados y, si de verdad contó bien, significa que no queda otro lugar libre que no sea el suyo. Suspira con fuerza y se cubre la cara con las manos, algunos de los chicos que estaban a su alrededor se giran para ver qué le sucede, aunque no pregunten.
Los chicos vuelven a girarse y se miran entre ellos, poniendo caras de cansancio, pensando que si así está el primer día, el resto del año escolar será un infierno.
La verdad es que el sentimiento de saciedad que invade a Mark al ver a sus compañeros era recíproco. La verdad es que a nadie le cae bien en realidad, por el simple hecho de que ni él intenta integrarse al grupo. Es cierto, hubo un tiempo en que tenía uno que otro amigo, pero con el pasar del tiempo, no solo se volvía más cascarrabias, sino que también se volvía más raro. Su ropa era más oscura, cada vez era menos expresivo... Hasta que así quedó.
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Little Pastel Boy.
FanfictionTatuajes, cigarrillos, ropa oscura... Mark nunca había pensado en algo diferente, nunca se había dejado fantasear "más allá" de lo que ya tiene. Suéters, flores, colores claros... Mark tampoco creyó que sería más débil que un niño pastel. --- Mucho...
