2. Con voz ronca, bajo las sábanas

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Es sabido en el Campamento Mestizo que los semidioses tienen pesadillas sobre el pasado, presente y hasta el futuro. La mayoría son cortas y normales, pero hay algunos campistas muy poco afortunados que se despiertan gritando y no pueden volver a dormirse.

Y Nico di Angelo no tenía buena suerte. Ni un pasado digno de ser recordado. Alternando entre Bianca, el jarrón de bronce, el Tártaro, el Casino Loto y Hades, sus pesadillas no lo dejaban en paz. El pobre italiano se despertaba cada noche gritando, respirando agitado, con las piernas envueltas en las sábanas y sudando a mares.

Había ido varias veces con algunos hijos de Hipnos para plantearles su situación y ver si tenían alguna solución, pero fue en vano. Lo único que pudo sacar en limpio fue que, según Clovis, algunos semidioses habían disminuido su cantidad de pesadillas al dormir con su pareja (cuando vio lo rojo que se puso Nico al escuchar esto, aclaró que se refería a dormir en el sentido inocente de la palabra).

En fin, ya hacía un mes que el hijo de Hades salía con Will Solace, pero nunca se había atrevido a pedirle de dormir con él. Le daba vergüenza y un poco de miedo, es decir, si alguien le dijera a él de hacer eso, Nico lo hubiera mandado al Tártaro.

Sin embargo, hubo una semana que no soportó más.

El lunes soñó con Bianca. Lo usual; ella moría enfrente suyo y él no podía evitarlo. Pero ahora, además de eso, su hermana le gritaba cosas hirientes sobre Will, sobre su madre y sobre cómo la había reemplazado por Hazel. Cuando despertó, el italiano no pudo volver a dormir. Aprovechando que su media-hermana no estaba, se acurrucó en una esquina de se cama y lloró como no lo había hecho en meses.

El martes fue el turno del Tártaro. Ese sueño fue en particular uno de los más oscuros y aterradores que el hijo de Hades había tenido en bastante tiempo. Duró unas dos horas, pero al chico se le hizo eterno. Nico intentó volver a dormirse, pero no podía evitar pensar en los monstruos del Tártaro cada vez que cerraba los ojos.

Llegó la noche del miércoles, y las pesadillas giraron hacia el Casino Loto y el enamoramiento de Nico hacia Percy. De alguna manera, todos sabían este secreto, y lo usaban para atormentar al hijo de Hades, aun cuando no era más que un niño de 10 años. Nico intentó volver a conciliar el sueño luego de despertarse jadeando. Trató contar ovejas como Will le había aconsejado, sin resultados positivos. El italiano volvió a tener miedo, pero esta vez temía la reacción del líder de la cabaña 7 cuando supiera que no había dormido bien por tercera noche consecutiva.

La del jueves fue la peor noche. Incluía a Hades gritándole que estaba decepcionado, que era un inútil y que cambiaría la muerte de Bianca por la suya sin pensarlo dos veces. También podía ver Nico al fantasma de su madre, María, con una expresión de disgusto al enterarse de su relación con Will. No dijo nada, pero el silencio de su madre fue aún más hiriente que las palabras de su padre.

Psicológicamente destruido, ese día Nico no salió de su cama hasta la tarde, cuando cierto hijo de Apolo tocó la puerta. Will tenía pensado darle un discurso sobre el sueño y su importancia, pero al ver el rostro abatido de su novio dejó su enojo a un lado y se dedicó a consolarlo. Sabiendo que el hijo de Hades le contaría lo que le pasaba cuando estuviera listo, el rubio simplemente le alcanzó un almuerzo y se quedó sentado a su lado en la cama mientras el menor comía. Le habló sobre lo que había pasado en la enfermería, en el almuerzo y entre sus hermanos, porque sabía que su voz calmaba de alguna manera al menor. También sabía que Nico no quería hablar, de modo que hablaba por los dos.

Sin embargo, terminó quedándose sin palabras y se dedicó a observar a Nico comer mientras pensaba qué era lo que lo estaba atormentando. Pronto el hijo de Hades dejó de comer, pero siguió sin hablar. Permaneció con la cabeza baja, evitando la mirada del rubio.

-Deberías dormir algo- comentó Will, rompiendo el silencio.

El hijo de Apolo sacó la bandeja vacía de la cama. Sin fuerzas ni siquiera para quejarse, Nico se dejó acostar en la cama por su pareja. El rubio se recostó lentamente a su lado, con cuidado de no incomodarlo. Pero a Nico no parecía importarle.

-Estuve toda la semana con pesadillas- susurró el menor mientras de acurrucaba a un costado de Will-. Siempre tengo, pero estas últimas fueron tan reales, y feas, y... y...

El rubio pasó un brazo alrededor de su novio y lo atrajo hacia él. Se dedicó a acariciarle el pelo suavemente mientras Nico sollozaba en silencio. Estuvieron en esa posición un tiempo, quizás minutos, quizás horas. Lo importante es que finalmente el hijo de Hades dejó de llorar. Cerró los ojos y se mantuvo hecho bolita contra Will, quien se estiró con cuidado, agarró una sábana y los tapó a ambos. Luego apoyó el mentón sobre la cabeza de Nico y cerró los ojos.

Antes de caer en brazos de Morfeo logró escuchar a Nico decir, con voz ronca y ahogada, debajo de las sábanas:

-Te quiero.

Como respuesta, el hijo de Apolo lo abrazó aún más fuerte y le besó la cabeza.

Nico tuvo una noche y sueños tranquilos por primera vez en mucho tiempo.

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