Octavo Capítulo

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TIERRA


—Hoy iremos a un lugar muy especial. —dijo su padre abotonando el gastado abrigo rosa de la niña.

—¿Pero?, ¿No es peligroso, papi? En la escuela me dijeron...

—Te voy a decir un secreto: no hagas caso a todo lo que te dicen en la escuela.

Él le guiñó un ojo y la niña soltó una risita. Entrelazando sus manos, avanzaron a través del destrozado jardín, bajo la mortecina luz del amanecer que se filtraba a través del encapotado cielo, hasta la pesada y enorme camioneta estacionada en la entrada. Su padre la ayudó a subir y le puso el cinturón de seguridad. Cerró la puerta y rodeó el enorme vehículo para subir del otro lado.

Ella se asomó por la ventana y le dijo adiós a su madre que estaba parada en la puerta con una sonrisa nerviosa. El motor rugió a la vida y el corazón de la niña galopó en su pecho. La ciudad era la misma de siempre. Clearwater era un pueblecillo descolorido y predecible, incluso para ella que solo tenía ocho años, tanto que ya la encontraba aburrida.

Clearwater fue quedando atrás. Un camino seco y deshabitado apareció delante ellos. Fue cuando pudo ver aquellos dedos espectrales de primera mano, al lado del mar de brea. Los restos de una ciudad donde solo quedaban despojos de lo que había sido.

—Bienvenida a New York.

***

Sus ojos se abrieron a la mortecina luz de su habitación. O al menos creyó que era su habitación. Los cortinajes de la cama estaban echados y ella se sentía demasiado cansada como para correrlos.

—Eres tan crédulo.

La voz sobresaltó a Kass un poco.

—Llámame como quieras Miranda, pero te lo estoy advirtiendo. ¡No te metas conmigo!

—No es tu problema lo que yo haga. Conoces la situación, sólo hago lo que considero mejor.

—¿Para quién?

—¡Para todos! Y no voy a tolerar tu actitud Eliot.

—¡No sabes con quien te estás metiendo!

—¿Y tú sí? —preguntó la mujer con sorna —Escucha esto niñito, yo hago las cosas a mi modo.

—Te juro que te vas a arrepentir de esto.

—Lárgate Eliot. Lárgate antes de que les cuente la verdad acerca de ti.

—No te temo Miranda y no te desharás de mí tan fácilmente. Hemos tenido esta discusión muchas veces y espero que esta vez te quede claro que es muy peligroso tenerme como enemigo.

Él echó a andar y un sonoro portazo confirmó que ya no estaba en la habitación. Miranda soltó un pesado suspiro, claramente frustrada, como si esa conversación la cansara. Kass permaneció perfectamente quieta, no quería que Miranda se diera cuenta de que había escuchado su pelea. Sabía que Eliot era difícil, pero no entendía cómo podían amenazarse de esa manera.

Escuchó que la puerta se abría y se preparó para el segundo round. Pero esos pasos eran más ligeros. Y estaban menos cargados de furia.

—¿Me llamabas? —la voz sonaba monótona.

—Si Karma. Quiero que me consigas un nuevo entrenador para Kassandra, no la quiero cerca de Eliot, es demasiado peligroso.

—Pero no hay nadie más que...

—¡NO ME IMPORTA!... No me importa si tienes que entrenarla tu misma. La quiero lejos de él, quiero que la hostilidad entre ellos crezca tanto que no se soporten. Los prefiero mil veces como enemigos que como aliados.

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