Jadeante

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Posa sus largos dedos sobre mis senos, muerde mis labios, abre mi boca para acceder a mi lengua. Nuestras lenguas van al mismo compás que nuestro ritmo, estoy deseosa y con ganas de entregarme a este hombre tan extraño, tengo ganas de mas, con sus yemas de los dedos recorre cada centímetro de mi pecho hacia mi ser, mete un dedo, lo mueve dentro de mí. Mi corazón va a mil, no sabemos quién somos cada uno y este misterio nos complace, ni siquiera somos capaces de vernos, estamos en una habitación oscura.

Es demasiado morbo, mueve sus dedos al compás de nuestros jadeos, cada vez estamos más lujuriosos, con ganas de más. Oigo como rasga un envoltorio, seguramente sea el preservativo, lentamente mientras recorre con sus largos dedos mis muslos hasta llegar otra vez a mi ingle, se agacha hacia mí y de una embestida, me penetra fuerte y duramente. Me completa hasta el fondo, sus movimientos son lentos, muerde mis labios y pega fuerte los suyos con los míos, no nos decimos nada, solo disfrutamos a lo que hemos venido, a follar duro...

Una tras otra envestida, cada vez más fuerte y más hondas, estoy a punto de llegar al clímax, este hombre parece insaciable, estamos completamente sudorosos, con deseo, mi cuerpo arde en deseo, una última embestida y alcanzo el clímax... a sido increíble, nuestros cuerpos se relajan y respiramos al mismo compás, nos quedamos tumbados en unas suave y fina sabana de seda que hay sobre la cama redonda.

Enciende una luz de la mesita que ilumina a malas penas el cuarto, es roja y no consigo diferenciar su cuerpo, mis ojos solo alcanzar a ver un tatuaje del costado con letras, ni siquiera puedo leerlas...

- Bella, ha sido todo un placer... - dice pillándome desprevenida, parece italiano -.

- Igualmente - logro decir, antes de que salga por la puerta -.

Me levanto y recojo todas mis cosas y un kit de baño que nos han dejado en la habitación, me dirijo hacia el aseo. Me siento completamente satisfecha, nunca había tenido sexo tan duro como lo he tenido con este hombre, y encima de acento italiano, ha sido fantástico. Tengo el pelo despeinado, las mejillas sonrojadas y los labios hinchados, mi vestido está completamente arrugado, no llevo ropa interior, el tanga me lo ha arrancado y se ha hecho añicos...

Salgo del local "Morbo", me dirijo hacia mi coche, son las tres de la mañana. El local está a tan solo diez minutos de casa, menos mal que está escondido, no me gustaría ser el centro de atención de todo el pueblo, soy de Menorca y aquí ya se sabe, un solo cotilleo y al día siguiente lo sabe toda la isla.

Dejo mis tacones al lado de la puerta de casa, intento no hacer ruido para no despertar a mis padres y a mis dos hermanos menores, Alba y Raúl, subo hacia mi habitación donde me acurruco y me quedo dormida.

Apago de un golpe el despertador, siempre ha sido un aparato que he odiado muchísimo, ojalá nadie lo hubiera inventado, como todos los días, mi ánimo es estar de mala gana, solo de pensar que tengo que arreglarme e ir a aguantar a la pesada de mi encargada mientras pongo sonrisa falsa a cada una de las clientas que se quejan, ya me quita el ánimo.

- Buenos días mi niña ¿cómo te has levantado hoy? - inquiere saber mi padre -.

- Puff... Odio los lunes, bueno y todos los días en los cuales hay que trabajar... - ojalá me den ya las vacaciones e ir a visitar a mi amiga a Italia -.

- Ya te queda poco nena - pobre, intenta animarme, pero es difícil, hasta que no llegue el día de mis vacaciones... -

- Ojalá sea verdad papa, ojalá... - espero que todo salga bien y no haga falta en la plantilla -.

Llego hasta el centro comercial donde trabajo, estoy en una de las tiendas más exclusivas que hay, dicen que es privilegio porque ganamos más que en otras tiendas... para mí no lo es, siempre hay que tener buena imagen y a veces eso cansa muchísimo, nunca puedes tener un mal día y venir, si no ya está mi encargada detrás para decirte que tengo que valorar la oportunidad que tengo de formar parte de esta plantilla...

Llevo cinco años trabajando con esta compañía, antes trabajaba en el centro de la cuidad, hasta que cerraron para abrir aquí en el centro comercial, todos los días me cargo media hora de coche para llevar a cabo mi trabajo, vender, poner buena cara, doblar ropa, limpiar... lo mismo todos los días.

- Buenos días, Erika, espero que hoy hayas venido con buenos ánimos, empiezan las rebajas de verano y espero que estés al cien por cien - dice mi encargada sonriendo -.

- Si... Vengo muy animaaadaaa... - arrastro las palabras mientras dibujo una sonrisa falsa en mi cara, cara la que tiene ella -.

- Perfecto - se va -.

Esta mujer sí que tiene cara, cobra más que todos y encima se tira todo el santo día en el ordenador de la tienda, supuestamente haciendo cosas, pero sé que no es así, varias veces la e pillado jugando al solitario, esta sí que se lo monta bien, si yo también me casara con uno de los jefes de este sector, también haría lo mismo...

Después de un día ajetreado, la gente se queja por todo, que si lleva una arruga la camisa, que si el pantalón es demasiado largo... estoy cansada tanto mentalmente como físicamente, me dirijo hacia el paseo marítimo más conocido de la isla, mis padres tienen una cafetería - heladería, no hay otra cosa mejor que aguantar a los típicos clientes que no saben que tomar, pero hacen cola por joder.

Me coloco el delantal de trabajar y me pongo a servir como una loca, esto está a rebosar de gente, es la época del turismo, y cuando más trabajo hay, Alba es una buena camarera, a sus diez años hace más que Raúl con quince, él no se mueve de la zona de los cafés, sabe que no hay muchos pedidos de café y le permite estar todo el rato con el móvil. Llevo los pies molidos hoy he echado horas extras en la tienda y ahora en la heladería familiar.

- Dos copas de oreo, con nata, chocolate, pepitas de chocolate, lacasitos, filipinos batidos, y oreo molida - dice mi hermana mientras me entrega el papel "Dulce tentación" así es como se llama el nuevo postre que ha incluido mi madre en la carta, una verdadera tentación -.

- Marchando - le digo rápidamente, mientras atiendo para cobrar -.

Todos los pedidos van directos a la cocina, donde mi madre prepara unos deliciosos postres los mejores de toda la isla, hago pequeños huecos de escapada, para tomar un poco de azúcar, tengo bajones, el verano pasado ya le di un pequeño susto a mis padres, me desmaye en plena heladería, llevaba una bandeja con batidos que acabaron en mi cabeza, solo note como el frio tocaba mi frente, horas después me indicaron que era hipoglucémica, tenía muy poca azúcar en la sangre bastante bajo de los niveles, desde ese momento toda mi familia se ha volcado en que coma muchísima azúcar.

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