Capitulo 1

2 0 0
                                        

La primera vez que pensé en terminar con Michael no fue aquella noche. La decisión había nacido mucho antes, en algún lugar silencioso, de mi cabeza, al que él todavía no había conseguido entrar. Quizá empezó con las discusiones que cada vez duraba más, con sus celos, disfrazados de preocupación, con esa manera suya, de preguntarme dónde estaba, con quién, y cuánto tiempo pensaba quedarme, como si mi vida necesitará de su aprobación para poder continuar. Quizá empezó la primera vez que me di cuenta de qué había dejado de contarle ciertas cosas para evitar una discusión, o tal vez comenzó el día en que comprendí que estaba caminando sobre huevos dentro de mi propia relación, midiendo cada palabra, cada salida, cada amistad, cada decisión, solamente para no provocar una reacción suya. No sabía exactamente cuándo había dejado de romperse nuestro. Lo único que sabía era que llevaba demasiado tiempo, intentando convencerme de qué todavía podía arreglarse.

Y esta noche ya no quería arreglar nada.

La lluvia golpeaba con fuerza a los ventanales del apartamento de Michael, haciendo que la ciudad pareciera mucho más lejana de lo que realmente estaba las luces de los edificios, se reflejaban sobre el vidrio húmedo y se deformaban con cada gota que descendía lentamente. Dentro, en cambio, todo estaba demasiado quieto. El reloj de la pared marcaba los segundos con una precisión insoportable y, por alguna razón, aquel sonido me parecía mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Estaba de pie, cerca de la puerta, todavía, con la chaqueta, puesta y el bolso colgado del hombro, no había querido sentarme, sabía que si lo hacía, si me acomodaba en el sofá, donde tantas veces había pasado tarde, quizás terminaría quedándome y yo no había ido allí para quedarme.

Michael estaba junto a la ventana

Tenía una mano metida en el bolsillo de su pantalón y la otra apoyada contra el vidrio. Su cabello negro y ondulado estaba ligeramente desordenado, como casi siempre, y llevaba una camiseta oscura que dejaba ver parte de sus brazos. Era absurdo que incluso en ese momento pudiera fijarme en esos detalles, pero lo conocía demasiado bien. Había aprendido sus gestos, su silencios, la manera en que fruncía el ceño, cuando algo lo molestaba esa pequeña tensión que aparecía en su mandíbula, cuando intentaba controlar el enojo, había aprendido tantas cosas de él, que, por un instante me pregunté, como podía ser posible que ahora sintiera que no lo conocía en lo absoluto.

Respiré profundamente.

—Tenemos que hablar— lo miré.

Michael se giró.

—Eso nunca termina bien.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

Tragué saliva.

—No, está vez no.

El finalmente se giró y me miró.

—¿Qué pasa?

Lo observé durante unos segundos. Quise decirlo de inmediato. Quise terminar con aquello antes de arrepentirme, pero cuando abrí la boca no salió nada. Sentí cómo se me cerraba la garganta.

Michael dio un paso hacia mi y no pude evitar yo dar uno hacia atrás.

—Diana.

—Quiero terminar.

El silencio que siguió fue tan profundo que pude escuchar perfectamente la lluvia golpeando el vidrio. Michael se quedó inmóvil. No preguntó nada. No dijo nada. Simplemente me miró. Y esa reacción me dolió más de lo que esperaba.

—¿Qué dijiste?

—Que quiero terminar contigo.

—No.

Spades Stories to obsess over. Discover now