PRÓLOGO

50 2 0
                                        

El último día de Faerie Britain

Morgan había muerto.

No se trataba de una metáfora, ni de una derrota de la cual pudiera levantarse orgullosamente, ni de una retirada cuidadosamente calculada.

Las hadas la habían devorado.

Su carne había desaparecido entre dientes y manos desesperadas, y su sangre había terminado mezclada con la suciedad de aquella tierra que había gobernado durante tantos años. Sin embargo, algo permanecía dentro de quienes habían consumido sus restos; algo que ni siquiera ellas habían sido capaces de digerir.

Un último mecanismo mágico, preparado mucho antes de que cualquiera imaginara traicionarla, reaccionó cuando su cuerpo dejó de existir.

Las primeras arcadas comenzaron poco después.

Una de las hadas cayó de rodillas mientras otra se llevaba ambas manos a la garganta. Pronto las demás comenzaron a sufrir el mismo tormento y aquello que habían consumido regresó violentamente desde sus entrañas.

No era carne ni hueso.

Era esencia.

La esencia de Morgan.

Sangre, magia y fragmentos de existencia fueron expulsados hasta acumularse sobre el suelo, formando un fango escarlata que comenzó a agitarse por voluntad propia.

De aquella masa emergió primero una mano cuyos dedos se clavaron en la tierra. Después apareció un brazo, mientras huesos, músculos y piel se reconstruían lentamente alrededor de una voluntad que se negaba a desaparecer.

Las hadas retrocedieron horrorizadas.

Una de ellas apenas alcanzó a abrir la boca.

Morgan abrió los ojos.

No hubo preguntas, amenazas ni siquiera odio.

Solo magia.

Cuando finalmente consiguió ponerse en pie, ninguna de las hadas que la habían devorado seguía con vida.

Su cuerpo recién reconstruido temblaba y cada movimiento le provocaba dolor. La inmensa reserva mágica que alguna vez había poseído era ahora apenas una sombra de sí misma.

Pero estaba viva.

Morgan levantó la mirada y comprendió que aquello ya no importaba.

***

Desde el malecón podía contemplarlo todo.

Faerie Britain ardía bajo un horizonte cubierto por las llamas. Torres que habían sobrevivido durante siglos se desplomaban, los bosques desaparecían bajo incendios imposibles de contener y el propio cielo parecía quebrarse mientras enormes extensiones del mundo comenzaban a desvanecerse.

No estaban siendo destruidas.

Estaban siendo borradas.

Morgan permaneció inmóvil ante el final de aquello a lo que había dedicado incontables años.

Había gobernado aquel reino, lo había construido y castigado para mantenerlo en pie. Había sacrificado cuanto consideró necesario para preservar aquella tierra, soportando traiciones y calamidades en nombre de un futuro que siempre parecía exigir algo más de ella.

Todo para esto.

Las llamas continuaron avanzando mientras Morgan contemplaba, sin derramar una lágrima, cómo todo aquello por lo que había luchado era condenado igualmente al olvido.

Nada de lo que había hecho había servido para evitar aquel final.

Por primera vez ya no existía un reino que conservar, un trono que defender ni un mañana que preparar.

RWBY Le Fay Stories to obsess over. Discover now