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Para Jeon Jungkook, las mañanas nunca empezaban con calma. Ser un joven de clase baja y cargar sobre los hombros la responsabilidad de mantener a su madre y asegurar el futuro de su hermana menor no era tarea fácil, pero Jungkook jamás se quejaba. Con una sonrisa madrugadora y el alma llena de ganas de salir adelante, ajustaba sus horarios al ritmo de la calle.

-¡Listo! ¡Listo!- exclamó Jungkook mientras terminaba de acomodar la mercadería en Yemita.

Yemita era el nombre de su viejo carrito amarillo. Había sido el último regalo que su padre le dejó y, desde entonces, se convirtió en su compañero inseparable. Gracias a él llevaba la mercadería de un lugar a otro, recorría las calles de la ciudad y conseguía el sustento de su familia. Aunque el tiempo había desgastado su pintura y el motor ya no respondía como antes, para Jungkook seguía siendo un tesoro.

-¡Mamita! ¿La niña está lista? Tiene que ir a la universidad. ¿Qué espera? ¿Está modelando? ¡Yemita ya está listo y ella nada! ¡Que corra!

-Sí, hijito, ya sale -respondió su madre, acercándose con un vaso de café caliente

-Toma, aunque sea esto. No te vas a ir sin desayunar.

-Mamá, tengo que ir a vender. Los clientes no esperan.

-¡Cállate y tómatelo! Ya te lo hubieras acabado si no hubieras hablado tanto. Apúrate.

Jungkook obedeció entre risas y bebió el café a pequeños sorbos mientras esperaba a su "niña", como llamaba cariñosamente a su hermana menor.

-Ay, Koki... Yo no quiero aparecer en la universidad con Yemita. Está todo viejo...
La muchacha apareció con la mochila al hombro y un pequeño puchero en los labios

-Vienes conmigo o te vas caminando, así de simple, Yeran.

Resignada, Yeran se acercó al auto y pasó algunas cajas del asiento del copiloto hacia la parte trasera para hacerse un espacio. Jungkook rodeó el vehículo, se acomodó detrás del volante y puso en marcha a Yemita.
Un día más comenzaba. Un día más recorriendo las calles como vendedor ambulante, con la esperanza de vender la mayoría de lo que tenía en su carrito

Las ventas comenzaron mejor de lo esperado.

Jungkook recorría las calles hasta encontrar esa esquinita de siempre.
Estacionó a Yemita junto a la vereda, abrió la cajuela y comenzó a acomodar cuidadosamente la mercadería. Perfumes a un lado, licores al otro, ropa interior perfectamente doblada y, por supuesto, el pequeño parlante que nunca podía faltar.

Le bastó echar un vistazo a la calle para reconocer un rostro conocido.

-Ahí viene la señora Kim... -murmuró para sí con una sonrisa.

Se acomodó rápidamente el cabello y salió al encuentro de su clienta.

-¡Señora Kim! ¿Es usted? Pero venga acá... ¿qué hizo? Ese labial le quitó como diez años de encima. Si sigue así, un día la voy a confundir con mi hermana.

La mujer soltó una carcajada.

-Ay, Kookie, qué cosas dices.

-Y no me diga que el señor Kim no se derritió cuando la vio con ese labial... y con las tanguitas que le vendí la semana pasada. Porque, si no fue así, discúlpeme, pero ese señor necesita lentes.

La señora Kim terminó sonrojándose mientras le daba un pequeño golpe en el brazo.

-Solo dices esas cosas para que te compre más.

-¿Yo? Jamás. Todo lo que digo es verdad... aunque sí creo que nunca está de más encender la pasión de vez en cuando.

Rebuscó entre las cajas y levantó una botella de vino.

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⏰ Última actualización: Aug 01 ⏰

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