El verano estaba llegando a su fin.
La Cabaña del Misterio permanecía extrañamente tranquila aquella tarde, el sol atravesaba las ventanas con un tono anaranjado que hacía brillar el polvo suspendido. Afuera las cigarras cantaban entre los pinos y el bosque parecía respirar con calma. En la sala, Dipper Pines permanecía sentado en el viejo sofá con un libro abierto sobre las piernas. No era uno de los diarios de Ford, sino un grueso volumen de astronomía que había encontrado olvidado en unas estanterías.
Pasó otra página con gesto concentrado.
<<...Las estrellas emiten ondas que viajan durante millones de años antes de llegar a la Tierra...>>
Le gustaban ese tipo de libros. Después de todo lo que había visto desde que llegó a Gravity Falls, descubrir cómo funcionaba el universo real resultaba tan fascinante como perseguir monstruos.
Desde la cocina llegó un estruendo.
-¡Tío Stan! ¡Te dije que no puedes freír tocino sobre los hot cakes! ¡Eso no es cocinar!
-¡Claro que sí!
Un segundo después se escuchó un golpe y una nube de humo escapó por la puerta.
Dipper sonrió sin levantar la vista del libro, era un día normal. O lo más normal que podía ser en ese lugar.
Entonces ocurrió.
Un sonido, muy débil, que parecía confundirse con el silencio.
Bzzzzzz...
Dipper levantó la cabeza, esperó unos segundos, y nada.
Luego miró hacia la ventana.
-¿Una abeja...?
El bosque seguía inmóvil, no había nada ahí. Así que volvió al libro.
Bzzzzzz...
Se quitó la gorra y rascó distraídamente detrás de una oreja.
-Qué raro...
El ruido desapareció igual de rápido que había llegado. Desde la cocina volvió a escucharse un grito.
-¡SE ESTÁ QUEMANDO TODO!
-¡ESO SIGNIFICA QUE YA ESTÁ LISTO!
Dipper soltó una pequeña risa, cerró el libro con un suspiro y decidió que seguramente el zumbido había sido alguna máquina vieja, un insecto o simplemente viento. Dejó el libro sobre la mesa de centro y siguió el rastro del humo. Conforme se acercaba, las voces eran cada vez más claras. No hacía falta asomarse para saber que, una vez más, Stan y Mabel estaban discutiendo por la comida.
Apoyó un hombro en el marco de la puerta y la escena consiguió arrancarle una sonrisa.
Mabel sostenía una espátula como si fuera una espada. Llevaba un delantal enorme que prácticamente le llegaba a las rodillas y tenía una mancha de harina en la nariz. Frente a ella, Stan sujetaba una sartén con una expresión desafiante. Sobre la estufa descansaba una montaña de hot cakes, algunos tenían un color dorado perfecto, Pero otros parecían discos de carbón.
Ford, sentado en una esquina con una taza de café, hojeaba un libro sin intervenir. Había aprendido hacía tiempo que era más seguro observar el espectáculo que intentar detenerlo.
Stan señaló los hot cakes con la espátula.
-El desayuno necesita proteína.
-¡Ya tiene proteína! ¡Le puse huevo a la mezcla!
-Eso no cuenta.
-¡Claro que cuenta!
-No. Hay que ponerle tocino encima.
-¡No le vas a poner tocino con miel de maple!
Stan abrió los brazos con indignación.
-¿Y quién hizo esas reglas?
-¡Mabel!
-Pues Mabel no sabe cocinar.
Mabel soltó un bufido exagerado.
-Sólo quieres echarle carne a todo. ¡Hasta al cereal le pondrías salchichas!
Stan se quedó pensativo unos segundos.-...No suena mal.
Mabel dejó escapar un grito de frustración mientras levantaba las manos al techo.
-¡¿Ves, tío Ford?! ¡Dile algo!
Ford ni siquiera levantó la vista del libro.
-Mi única participación en este conflicto será escuchar.
Dipper no pudo contener la risa. Era ridículo.
Una niña de doce años y un anciano discutiendo con seriedad sobre si un desayuno podía convertirse oficialmente en comida solo por llevar suficiente tocino.
Stan lo vio en la puerta y sonrió con orgullo.
-Dipper, ven. Necesito la opinión de alguien inteligente.
Mabel giró de inmediato.
-¡No le hagas caso! Dile que los hot cakes no necesitan un kilo de carne encima.
Dipper levantó ambas manos. -No pienso meterme.
<<¡Cobarde!>>, dijeron Stan y Mabel al mismo tiempo.
Bastó con que cruzaran miradas para que toda la tensión desapareciera de golpe. Mabel fue la primera en soltar una risita entre dientes, y Stan intentó mantener el gesto serio durante apenas dos segundos antes de resoplar divertido, y al final ambos terminaron riéndose con tanta fuerza que tuvieron que apoyarse en la encimera para no perder el equilibrio. Dipper no tardó en unirse, era imposible no hacerlo. La discusión había sido tan absurda que ahora resultaba todavía más graciosa.
Ford observó la escena y sacudió la cabeza con una mezcla de resignación y afecto antes de dejar escapar una sonrisa discreta, no era una risa sonora como la de los demás. Volvió a bajar la vista hacia su libro mientras el murmullo de las carcajadas seguía llenando la habitación.
Poco a poco, el ambiente recuperó esa tranquilidad tan particular de la Cabaña del Misterio. La sartén seguía chisporroteando sobre la estufa, el olor de la mantequilla mezclado con el jarabe de maple impregnaba el aire y la luz cálida entraba, iluminando el desorden. Era una escena sencilla, cotidiana. Resultaba difícil creer que aquel lugar hubiera sido escenario de tantas criaturas, portales interdimensionales y misterios capaces de poner al pueblo entero en peligro. En ese instante solo eran una familia compartiendo un desayuno tardío.
No hubo un cambio en la luz, ni un golpe de viento, ni una sensación extraña recorriendo la habitación. El sonido apareció de una forma tan sutil que parecía formar parte del silencio mismo. Un zumbido fino, constante, apenas audible, vibró durante un segundo en algún rincón imposible de identificar. No provenía de la estufa, ni de los focos, simplemente estuvo ahí.
Nadie reaccionó. Stan seguía discutiendo entre risas sobre la superioridad culinaria del tocino y Mabel insistía en que algún día aprendería a cocinar comida que no pareciera un experimento. Dipper respondía con comentarios burlones mientras tomaba un plato del estante.
El zumbido atravesó la habitación sin llamar la atención de ninguno de ellos, como una presencia que hubiera pasado rozándolos sin dejar sombra. Permaneció apenas un instante más y después desapareció con la misma naturalidad con la que había llegado, dejando tras de sí únicamente el sonido del aceite hirviendo
YOU ARE READING
El Zumbido | Gravity Falls
FanfictionUna historia mala y pretenciosa escrita por alguien todavía más malo y pretencioso, aquí tienes a la familia Pines siendo edgy. Hay incesto, violencia gratuita, metáforas que intentan ser profundas pero fallan estrepitosamente, y una trama que va de...
