We've updated our Content Guidelines.
Review the latest guidelines to keep sharing stories safely.

Capítulo 1.

4 0 0
                                        

La extraña niebla que había aparecido la noche anterior se había esfumado por completo para alivio de los pocos habitantes de Valverde de la Vera. O al menos eso era lo que Fran le dijo a Pilar cuando se encontraron de camino al instituto.

—¿Pero no te parece súper raro? —Inquirió la muchacha mientras se terminaba de poner bien la bufanda —Quiero decir, es niebla, tampoco es nada raro. Pero no sé, no es algo normal por aquí, ¿no? Además que cuando hay suele durar unos días — Continuó, haciéndole un gesto a su amigo para que comenzasen a andar.

El chico suspiró al escuchar las palabras de la chica. No era la primera vez que empezaba a cuestionar cualquier mínimo acontecimiento fuera de lugar que ocurriese en el pueblo. En el fondo no la culpaba; la vida era tan aburrida allí que cualquier rastro de emoción quería ser aprovechado como fuese.

—No empieces con tus cosas que no es para tanto. Mi padre me ha dicho que había nubecillas por el campo sobre las cuatro o las cinco —Respondió el muchacho, intentando prevenir las paranoias que sabía que Pilar ya estaba montando en su cabeza.

La chiquilla suspiró también y agachó la cabeza, antes de levantarla con una sonrisa.

—Pero que bien me conoces, cabrón. —Murmuró dándole un codazo a su amigo, quien emitió un sonido de queja antes de reírse entre dientes.

Sin intercambiar muchas más palabras, los adolescentes se apresuraron para llegar a coger el autobús del instituto a tiempo, con cuidado de no resbalarse con los rastros de humedad que descendían por las cuestas de las angostas calles del pueblo.

                                                                   *

Lo que quedaba de mañana transcurrió de forma rápida. Los alumnos se encontraban de exámenes, y el frío de la temporada tampoco les permitía salir al patio en el recreo, así que todos se quedaban en las aulas terminando tareas, trabajos o estudiando, ya que pese a que necesitaban un descanso, no había tiempo para ello.

De vuelta al pueblo Fran acompañó a Pilar hasta su casa. Era una tradición que seguían religiosamente desde que empezaron el instituto; Fran vivía al final de la cuesta sobre la que se encontraba la casa de la chica, así que no le suponía ningún trabajo extra dejarla en su puerta para asegurarse de que llegaba bien.

Se encontraban realizando el trayecto usual cuando escucharon un ruido en uno de los callejones. Estaba bastante nublado, y al ser el sitio algo estrecho no se veía mucho.

Pilar, que era de alma curiosa, le encasquetó la mochila a su amigo y se encaminó hacia la boca del callejón, inclinándose un poco hacia adelante y usando sus manos a modo de prismáticos para "ver mejor".

—¡Pilar, qué haces! —Se quejó el muchacho. Trabajosamente, dejó las mochilas en un lado de la calle y se acercó a la chica. Se posicionó detrás suya y miró por encima de su cabeza lo que sea que estaba buscando. —¿Se puede saber que miras?

—¡Shh! —Le regaño la muchacha. —¿No lo escuchas? —Susuró.

Fran guardó silencio e intentó prestar atención, intentando percibir lo que fuera que estaban intentando escuchar, sin mucho éxito.

—Pilar, vámonos, que estoy cansado y tengo muchas cosas que hace- ¡AH! —Gritó, viéndose interrumpido por un animal que había saltado hacia ellos de repente.

Ambos se echaron hacia atrás sobresaltados. Pilar incluso emitió un pequeño grito, tras el cual se tapó la mano de inmediato para no alertar a nadie en las casas contiguas.

Se giraron y vieron correr cuesta abajo a una rata negra grande. Ante la absurda visión la chica se echó a reir, apoyándose en su amigo en busca de estabilidad. Sin embargo, el chico no se reía para nada.

Después de salir la rata, le había llegado un olorcillo curioso y un tanto desagradable. De hecho, era bastante desagradable.

Se quitó a su amiga de encima y le dio la espalda para coger su mochila del suelo.

—Vámonos ya, joder. Que encima de hacerme perder el tiempo por una rata aquí huele a muerto. —Murmuró en voz baja de mal humor. Jamás admitiría que le daban un poco de miedo las ratas.

—Vaya humos nos traemos. —Murmuró su compañera rodando los ojos, para después imitar al chiquillo y recoger su mochila del suelo.

Con todo recogido, los dos continuaron con su ruta diaria camino a casa de la muchacha.

Digno es el cordero de Dios.Stories to obsess over. Discover now