Capítulo 01: El eclipse de la excelencia

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La Universidad de Cheongdam no perdonaba la mediocridad. Emplazada sobre una de las colinas más exclusivas de Seúl, sus edificios de piedra gótica cubiertos de hiedra oscura y sus senderos de granito pulido parecían diseñados para recordarles a los estudiantes que el mundo exterior era un caos del que ellos estaban exentos, siempre y cuando pudieran pagar el precio de la excelencia. Aquí, el dinero era un prerrequisito implícito, pero el verdadero valor de cambio era el estatus: los apellidos que podían mover ministerios con una llamada o las dinastías que poseían los cimientos de la economía nacional.

Jeon Jungkook encajaba en la primera categoría, pero apenas rozaba los bordes de la segunda. Hijo de una familia acomodada de terratenientes y empresarios de la provincia de Gyeongsang, Jungkook había llegado a la capital con una maleta de cuero texturizado, un promedio perfecto en economía y comercio internacional, y una ambición de hierro. No le interesaban los clubes nocturnos de Gangnam ni las carreras ilegales en los muelles que entretenían a los hijos de los ministros; su único objetivo era la doble titulación con honores y el pasaporte hacia un doctorado en Europa.

Esa noche, el Gran Auditorio de la facultad estaba vestido de gala para la apertura del año académico. El aire olía a cera de abejas, perfume de diseñador y champán caro. Jungkook se ajustó los puños de su camisa blanca bajo la chaqueta del esmoquin, observando el mar de trajes de etiqueta desde la barandilla del segundo piso del ala norte. Tenía el ceño sutilmente fruncido, una fijeza analítica en sus ojos grandes que siempre lo hacía parecer un observador distante en lugar de un participante.

—Deberías estar abajo, Jungkook-ah. No es prudente que el mejor promedio de la promoción se esconda en las sombras durante el brindis del rector.

La voz, profunda y cargada de una cortesía aristocrática que rozaba la condescendencia, hizo que Jungkook se girara despacio.

Kim Seokjin, el decano de la Facultad de Economía, avanzaba hacia él con una copa de cristal en la mano. Jin era un hombre impecable, de hombros anchos y facciones simétricas que denotaban una madurez pulcra. Vestía un esmoquin de solapas de satén que reflejaba la luz de las arañas de cristal del techo. Detrás de su sonrisa perfecta, sin embargo, se escondía el pragmatismo frío de un administrador que sabía exactamente a quién pertenecían los ladrillos del edificio que dirigía.

—Decano Kim —Jungkook hizo una inclinación de cabeza respetuosa pero breve—. Solo estaba tomando un poco de aire. El ruido del salón principal es... abrumador.

Seokjin soltó una risa ligera, un sonido modulado que no llegó a sus ojos. Se colocó al lado del menor, apoyando una mano enjoyada con un anillo de oro en la barandilla.

—El ruido es la música del poder, muchacho. Tienes que aprender a bailarla si quieres que la junta directiva firme tu recomendación para la Universidad de Oxford. Tu expediente es brillante, Jungkook, pero en Cheongdam la brillantez sin conexiones es solo un adorno de vitrina.

Jungkook tensó la mandíbula bajo la piel. Odiaba que le recordaran que su esfuerzo de madrugadas enteras y expedientes memorizados dependía del capricho de hombres que nunca habían tenido que competir por una nota.

—Mi trabajo habla por sí mismo, señor.

—Tu trabajo es excelente —concedió Jin, girándose para mirar hacia la planta baja, donde el círculo más selecto de la universidad compartía un espacio delimitado por cordones de seda carmesí—. Pero hay personas cuyo apellido habla más fuerte que cualquier tesis de grado. Ven conmigo. Hay alguien que ha expresado un interés muy particular en conocer al estudiante estrella de este año.

Jungkook experimentó un sutil pinchazo de advertencia en la boca del estómago, un instinto primario que su lógica forense intentó descartar. Siguió al decano por la escalinata de mármol de caracol, descendiendo hacia el epicentro del lujo. Los estudiantes de primer año se apartaban de manera instintiva al paso de Seokjin, pero el decano ni siquiera los miraba; su objetivo estaba fijo en el reservado de la junta.

Eres mío (Jikook)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora