El aula estaba en calma.
Demasiado en calma.
Ese tipo de silencio que no es paz... sino expectativa.
Marinette Dupain-Cheng estaba sentada en su lugar habitual, observando la clase como siempre lo hacía cuando algo no encajaba.
Y algo no encajaba.
La puerta se abrió.
Un nuevo paso.
Tacón suave contra el suelo.
Todas las miradas giraron al mismo tiempo.
Y entonces ella entró.
Lila Rossi sonreía como si ya perteneciera allí.
-Hola... soy Lila Rossi -dijo con voz dulce-. He vivido en muchos lugares... Italia, Japón, India... espero que podamos ser amigos.
Algunos estudiantes reaccionaron con asombro inmediato.
Otros con admiración.
Adrien inclinado ligeramente hacia adelante, interesado.
Marinette no.
Marinette la miró en silencio.
Analizando.
Demasiado perfecto.
Demasiado ensayado.
Demasiado fácil.
Lila lo notó.
Y eso fue lo primero que la perturbó.
No la desconfianza.
Sino que alguien no cayó.
Más tarde, durante el receso, la clase rodeaba a Lila como si fuera una historia viva.
-¡¿De verdad conociste a un famoso diseñador?!
-¡¿Y ayudaste a una ONG en India?!
Lila asentía suavemente, disfrutando cada reacción.
Cada mirada.
Cada emoción que provocaba.
Hasta que escuchó una voz diferente.
-Eso no suena muy posible.
Silencio.
Las miradas giraron otra vez.
Marinette.
Tranquila.
Directa.
Sin miedo.
-¿Perdón? -Lila inclinó la cabeza, como si no entendiera.
-Solo digo que hay inconsistencias en lo que cuentas -respondió Marinette-. Eso no es un juicio, es una observación.
El aire cambió.
Algo invisible se tensó entre ellas.
Lila sonrió.
Pero esta vez... no llegó a los ojos.
-Qué interesante -murmuró-. Eres muy observadora.
Marinette no respondió.
Solo la miró.
Y en ese segundo, Lila sintió algo extraño.
No rechazo.
No enojo.
Algo peor.
Atención.
Esa noche, Lila no podía dormir.
No por Adrien.
No por la clase.
Sino por ella.
Por la forma en que la miró.
Como si pudiera verla.
No como los demás.
Sino realmente verla.
Lila se sentó en la oscuridad de su habitación.
-No... -susurró para sí misma-. No puede ser.
Pero su mente no la obedecía.
Recordaba cada detalle.
La postura.
La voz.
La calma.
Y entonces apareció el pensamiento.
Pequeño.
Peligroso.
Incontrolable.
"Ella me miró primero."
🌙 Días después
Las mentiras siguieron.
Las historias crecieron.
La clase la adoraba.
Y Marinette la enfrentaba cada vez más.
Pero algo había cambiado.
Lila ya no la veía como un obstáculo.
La veía como un punto fijo.
Una constante.
Cada vez que hablaba... Marinette respondía.
Cada vez que mentía... Marinette la observaba.
Cada interacción era un hilo invisible.
Tenso.
Inquebrantable.
Personal.
En el pasillo, Lila la siguió con la mirada.
Marinette caminaba con sus amigos.
Reía.
Vivía.
Existía sin pensar en ella.
Y eso dolió.
No lo esperaba.
Lila apretó los dedos.
-No es justo... -susurró.
Porque si ella pensaba en Marinette...
Entonces Marinette también debía pensar en ella.
Aunque fuera enfado.
Aunque fuera sospecha.
Aunque fuera odio.
Cualquier cosa.
Pero no nada.
Nunca nada.
Esa noche, Lila escribió algo en su libreta.
Sin darse cuenta.
Como si no fuera ella quien lo hacía.
Solo su mente.
Solo su impulso.
Solo su obsesión naciente.
"Marinette Dupain-Cheng."
Se detuvo.
Respiró.
Luego añadió:
"No puedo dejar de mirarte."
La cerró de golpe.
Se quedó en silencio.
Y por primera vez en su vida...
Lila Rossi no supo si estaba asustada.
O emocionada.
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My Beautiful Obsession ✨
FanfictionDesde el primer día que Lila Rossi llegó al Collège Françoise Dupont, quedó fascinada por Marinette Dupain-Cheng. Lo que comenzó como una rivalidad terminó convirtiéndose en una obsesión. Mientras Marinette intentaba desenmascarar sus mentiras, Lila...
