Parte Única:

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El aroma a chocolate amargo llenó la habitación antes de que Jungkook siquiera cruzara el umbral de la puerta.

Park Jimin lo sintió antes de verlo.

Un escalofrío recorrió su columna vertebral, y su lobo interior, esa bestia dormida que llevaba dentro, levantó la cabeza como si hubiera olido algo que llevaba toda una vida buscando sin saberlo.

No.
No podía ser.

Jimin apretó los dedos alrededor de su copa de champán, el vidrio fino amenazando con romperse bajo la presión.

Estaba en la fiesta de compromiso de su prima, un evento social más donde las familias adineradas de Seúl se codeaban, fingiendo interés en conversaciones vacías mientras sus feromonas hablaban por ellos en un lenguaje que los humanos comunes jamás entenderían.

Los Park eran una de las familias Omega más antiguas y respetadas de Corea.

Generaciones de Omegas de alto rango, cuidadosamente emparejados con Alfas de estatus similar, habían cimentado su posición en la cúspide de la sociedad. Y Jimin, como el hijo menor del patriarca Park Jaewon, había sido criado para entender su lugar en ese mundo.

Su lugar no incluía a un Alfa desconocido cuyo aroma a chocolate amargo hacía que su vientre se contrajera de una manera que nunca había experimentado antes.

— Jimin. — La voz llegó desde detrás de él, profunda y suave, casi vacilante. — Disculpe la interrupción.

El pelinegro se giró lentamente, preparándose para lo que sabía que encontraría. Y aún así, cuando sus ojos se posaron en el hombre que estaba frente a él, su respiración se quedó atrapada en su garganta.

Jeon Jungkook era... mucho.

Era alto, más que él, con una complexión que hablaba de horas en el gimnasio y una genética Alfa privilegiada. Sus hombros eran anchos, su mandíbula marcada, y sus brazos, Dios, sus brazos, parecían capaces de aplastar acero.

Su cabello castaño caía suavemente sobre su frente, enmarcando unos ojos negros como el carbón que miraban al mayor con una intensidad que lo hacía sentir desnudo.

Pero lo que más llamó la atención de Jimin no fue su físico, sino la expresión en su rostro.

Los Alfas que Jimin conocía eran arrogantes, prepotentes, caminaban con la certeza de que el mundo les pertenecía. Este Alfa, a pesar de su imponente presencia, lo miraba como si fuera el sol y él solo un planeta desesperado por orbitar a su alrededor.

— Soy Jeon Jungkook. — Se presentó inclinando ligeramente la cabeza. — Y usted es...

— Lo sé, yo sé quién soy. — Le cortó, enderezando la espalda. — La pregunta es, ¿Quién es usted para hablarme sin una presentación formal?

El lobo del castaño aulló dentro de él ante el tono cortante del Omega.

Pero Jungkook no era como los demás Alfas. Había sido criado por una madre Omega que le enseñó que la fuerza no residía en la dominación, sino en la paciencia.

Así que tragó su orgullo herido y sonrió, una sonrisa suave que mostró sus dientes y un hoyuelo en la mejilla.

— Tiene razón, soy un grosero. — Inclinó la cabeza. — Mi familia... bueno, no tenemos el mismo estatus que la suya, así que no tengo presentación formal que ofrecerle. — Reconoció. — Pero mi lobo... — Hizo una pausa, con sus ojos negros brillando. — Mi lobo supo quién era usted en el momento en que cruzó la puerta.

Jimin sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

Sabía lo que significaban esas palabras. Lo sabía desde que el aroma a chocolate amargo inundó sus sentidos.

Broken Bond | KM (+18)Mga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon