La nueva secretaria

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Pov Narrador

El edificio de “L&J company" se alzaba imponente en el centro financiero de Seúl, con sus ventanales oscuros reflejando el cielo gris de la mañana. En el piso 28, la oficina de la co-CEO Lisa Manoban era un espacio minimalista, lleno de pantallas, figuritas de colección y un enorme escritorio de vidrio donde reinaba el caos organizado de alguien que vivía para los videojuegos.

Lisa, de 29 años, estaba de pie frente al ventanal, ajustándose la corbata negra sobre la camisa blanca impecable. El traje oscuro le quedaba como un guante, marcando sus hombros anchos y la cintura estrecha. Los bíceps se notaban incluso bajo la tela cuando cruzaba los brazos. Su cabello negro, semicorto y ligeramente ondulado, le caía sobre la frente de forma desenfadada. Llevaba dos años sin salir con nadie. Dos años en los que se había enfocado solo en hacer crecer la empresa junto a Jisoo.

La puerta se abrió con un suave clic.

—Lisa, ella es Rosé. La nueva secretaria de Jisoo… y, temporalmente, va a ayudar también en tu sector mientras Jisoo está en las reuniones de esta semana.

Jisoo entró primero, con esa elegancia natural que la caracterizaba. Detrás de ella, Rosé.
Lisa sintió que algo se removía en su pecho.

Rosé tenía 29 años, pero parecía sacada de un sueño suave. Cabello rubio platinado que caía en ondas perfectas sobre sus hombros. Llevaba una camisa pastel de color lavanda claro, metida dentro de una falda negra ajustada a la cintura que remarcaba cada curva de sus caderas y terminaba justo por encima de las rodillas. Unos anteojos cuadrados de marco negro le daban un aire intelectual y adorable al mismo tiempo. Sus labios, pintados de un rosa suave, se curvaron en una sonrisa tímida cuando sus ojos se encontraron con los de Lisa.

—Hola… soy Rosé. Encantada de conocerla, señorita Manoban.

Su voz era suave, con ese leve acento australiano que la hacía sonar aún más dulce. Omega. Lisa lo supo en cuanto el olor sutil a lavanda y chocolate llegó hasta ella. Dulce, cálido, peligroso.
Lisa tragó saliva y extendió la mano, intentando mantener su expresión profesional.

—Solo Lisa está bien. Bienvenida a L&J Games, Rosé.

Cuando sus manos se tocaron, un pequeño chispazo eléctrico recorrió la piel de ambas. Rosé bajó la mirada un segundo, las mejillas tiñéndose de un rosa muy leve. Lisa retiró la mano un poco más rápido de lo necesario.
Jisoo, que observaba todo con una ceja ligeramente levantada, sonrió.

Js:Rosé es hija de un muy buen amigo de la familia. Está estudiando marketing y programación de videojuegos. Necesita experiencia práctica, así que la contraté como mi secretaria personal.

Ls: Perfecto jisoo

Js: Esta semana yo tengo que viajar a París con Jennie por el lanzamiento de la nueva colección de su textil, así que Rosé se quedará aquí ayudando principalmente con Lisa.

Rosé asintió, apretando ligeramente el bloc de notas contra su pecho.

Rs:Haré todo lo posible para no molestar y aprender lo máximo.

Lisa se aclaró la garganta.

Ls:No hay problema. Puedes instalarte en el escritorio que está justo afuera de mi oficina. Jisoo ya te explicó las tareas básicas, ¿verdad?

Rs:Sí, todo claro.

Jisoo miró su reloj.

Js: Tengo que irme en una hora. Rosé, acompáñame a mi oficina para darte las últimas indicaciones. Lisa, te la dejo a cargo a partir del lunes.

Cuando las dos se fueron, Lisa se dejó caer en su silla giratoria, soltando un largo suspiro.

Ls:Mierda… —murmuró, pasándose una mano por el cabello.

Ya podía sentirlo. Ese tirón sutil en el pecho. Esa forma en que su alfa interior se había despertado solo con el olor de Rosé. Llevaba años controlándose perfectamente. Años sin interesarse en nadie. Y ahora, en menos de tres minutos, una omega con camisa pastel y falda ajustada había logrado desestabilizarla.

La primera semana pasó en una especie de tensión dulce.
Rosé era eficiente, organizada y terriblemente educada.

Siempre llegaba con café para Lisa (exactamente como a ella le gustaba: negro, sin azúcar, con un toque de canela). Usaba faldas que se ajustaban a su cuerpo de una forma que Lisa intentaba no mirar… pero fallaba.

Cuando se agachaba a recoger algo del suelo o se estiraba para alcanzar un archivo en el estante alto, la tela se ceñía a sus caderas y a ese culo redondo que hacía que Lisa tuviera que apretar la mandíbula.

Los roces empezaron inocentes.
El primer día, Rosé le pasó unos documentos y sus dedos se rozaron. El segundo, Lisa la ayudó a bajar una caja pesada y sus cuerpos quedaron muy cerca por unos segundos; el olor de Rosé invadió todo su espacio.

El tercero, Rosé se inclinó sobre el escritorio de Lisa para señalar algo en la pantalla y su cabello rubio cayó como una cortina suave cerca del rostro de la alfa. Lisa tuvo que cerrar los ojos un segundo para controlarse.

Cada noche, cuando Rosé se iba, Lisa se quedaba un rato más en la oficina, mirando la puerta por donde ella había salido, con el corazón latiéndole más fuerte de lo que quería admitir.
Y entonces llegó el viernes.

Jisoo entró a la oficina de Lisa con una maleta pequeña y Jennie esperándola en el pasillo, elegantísima como siempre.

Js: Nos vamos ya. El vuelo sale en tres horas. Rosé se queda a cargo de todo lo que necesites esta semana. Confío en ti, Lisa. No la hagas trabajar hasta muy tarde, ¿sí? .

dijo Jisoo con una sonrisa pícara, como si supiera exactamente lo que estaba pasando.
Lisa bufó.

Ls: Tranquila. Sé comportarme.
Jisoo se acercó y le dio un abrazo rápido.

Js: Claro que sabes. Pero también sé cómo hueles cuando estás interesada en alguien. Cuídate, alfa.
Y se fue.

El lunes siguiente, Rosé llegó a la oficina con una camisa de color melocotón suave y una falda gris oscura que se ajustaba perfectamente a su cintura. Cuando entró a la oficina de Lisa para dejarle el informe de la mañana, la alfa estaba de pie, sacándose el saco del traje y quedándose solo con la camisa blanca y la corbata aflojada. Los bíceps se marcaban claramente bajo la tela, al igual que las líneas de sus abdominales cuando se movía.

Rosé se quedó un segundo de más mirándola.
Lisa levantó la vista y sonrió de lado.

Ls: ¿Todo bien, Rosé?
La omega parpadeó, ajustándose los anteojos con un dedo.

Rs: Sí… todo bien. Aquí está el informe de marketing que pediste.

Se acercó al escritorio y, al dejar los papeles, sus dedos volvieron a rozarse.
Esta vez, ninguno de los dos retiró la mano inmediatamente.
El aire se sintió más pesado.

Lisa miró los ojos de Rosé a través de los anteojos cuadrados. La rubia tenía las pupilas ligeramente dilatadas.

Ls: Gracias —dijo Lisa con voz más baja de lo normal.

Rs: De nada… —susurró Rosé.
Ninguna se movió por unos segundos.

Game OverWhere stories live. Discover now