¿Ya decidiste qué vas a hacer con tu vida?
Yo todavía no.
Y la razón por la que no lo sé no es por falta de pensarlo, simplemente no encuentro la respuesta. Le he dado vueltas y vueltas al tema, y nada parece encajar del todo.
Quizás si tuviera un poco más de tiempo...
— Ya va siendo hora de que te prepares para la universidad, hijo. —declara mi madre con su clásico tono de voz que usa cuando quiere dar un ultimátum, interrumpiendo mis pensamientos.
— Ya te dije que ese imbécil no sirve para estudiar, yo no sé porqué le sigues rogando. —gruñó mi padre mientras me dirigía una mirada de desprecio, como si de un animal sarnoso se tratara.— Me lo llevaré a la fábrica conmigo, y trabajará como hombre.
— ¿Para que sea un asalariado fracasado como tú? Ni hablar. Irá a la universidad igual que su hermano y se hará un hombre de bien. Me gusta la idea de que sea un abogado y a él también le gusta. ¿No recuerdas cómo nos decía que quería estudiar eso cuando empezó la preparatoria? ¿A ti no te gusta la idea, viejo?
— ¿Abogado? Si ni siquiera responde cuando le digo que es un imbécil.
— Pues no me dejas hablar, ¿Cómo quieres que te responda? —murmuro finalmente aprovechando un espacio en la conversación.
— ¿Que no te dejo hablar? ¡¿No se supone que eres un hombre?! ¡Habla si vas a hablar! No te quedes ahí pasmado esperando. Dios... ¿Y así quieres ser abogado? No tienes madera para esto, solo serías un desperdicio de dinero. No sé cuál es la obsesión de tu madre con apoyarte.
— Irá a la universidad, y se acabó el tema. La semana que entra irá a aplicar a la escuela de leyes, te guste o no. — exclamó mi madre mientras veía a mi padre con aires de superioridad.
— No se va a ir a ninguna escuela de leyes, apenas se gradue de la preparatoria nos vamos a la fábrica. Ya se tardó en aportar algo a esta casa, así que o se pone las pilas o se larga.
Siempre era así, discusiones sin fin donde la última palabra la tenían ellos y yo para empezar ni siquiera tenía una palabra. Salí de la sala en silencio mientras su alegato seguía y seguía, la cabeza me daba vueltas por toda la presión. Solo quería unos minutos donde no tuviera que escucharlos. Como si la insistencia de los profesores no fuera suficiente, ni siquiera en mi propia casa tenía un espacio para pensar.
Solté un suspiro y entré a mi habitación, recostandome en la cama sin ánimos de hacer nada más. Cerré los ojos para intentar repasar mis opciones, pero todo en mi cabeza se sentía borroso y ajeno, a excepción de las discusiones de mis padres que resonaban desde lejos.
Entonces, una vibración en mi bolsillo interrumpió la espiral de mis pensamientos. Mi celular.
Me quedé viendo la pantalla por varios segundos, intentando recordar a quién pertenecía el número de teléfono, y cuando lo hice, me tomé unos segundos más en decidir si le contestaba o no.
— Dante. —murmuré cuando finalmente me digné a contestar la llamada.
— Buenos días para ti también, amargado. ¿Sí te enteraste del paseo ese que hará la escuela antes de la graduación?
Dejé escapar un suspiro de frustración, no estaba de humor para esas cosas.
— Me agarras en la peor hora. Y ya sabes que no voy a ir. Entre menos tiempo pase cerca de esa bola de idiotas, mejor.
— Siempre lo mismo contigo, hombre. Vaaaamos, ya convencí a la mayoría de la clase, solo faltas tú. Te prometo que valdrá la pena, tengo algunas cosillas cocinando por ahí y no te las quieres perder. Sirve que te despejas un rato de toda esa mierda que te cargas encima.
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To Kill One's Self
ParanormalUna semana antes de graduarte de la preparatoria tu instituto decide hacer un viaje a un parque temático para aliviar la tensión provocada por los exámenes finales. Sin embargo, durante el viaje sucede algo que le provoca a todos un mal presagio, la...
