Antes de bajar la escalera, Katsuki se preocupó de acomodar perfectamente el cuello de su camisa, asegurándose de que no se visibilizara el parche que cubría la reciente mordida.
Tomó aire y suspiró lento, y pesado al mismo tiempo.
—¿Kacchan? —dijo Izuku al final de la escalera—. ¿Estás bien? —consultó, viéndolo directamente—.
—Sí, nerd... Todo bien. —asintió, al mismo tiempo que le sonreía—.
Mentiría si dijera que la mordida en su cuello no dolía, pero mentiría también si dijera que se arrepentía. Con aquella experiencia, pudo comprender parte de lo que los omegas experimentan. Seguro era un proceso doloroso y quizás, algo aterrador. Tomó nota mental. Si la vida le permitía compartir aquel vínculo con Izuku, se aseguraría de hacerlo de la forma más cuidadosa posible para que este no sienta tanta molestia o dolor.
El té y la charla preparados por Mitsuki transcurrieron con total normalidad. Izuku se sentía agradecido por todo el cariño de la mujer. Por otro lado, Masaru le parecía alguien totalmente atento y amable, pese a ser más callado y reservado.
—Iré a dejar a Izuku. —dijo Katsuki una vez todo terminó—.
—No tardes. —dijo al cenizo—. Espero verte pronto, Izuku. —exclamó Mitsuki, mientras se despedía del peliverde con un gran abrazo—.
El regreso a casa fue tranquilo. Charlaron sobre la cena y el comportamiento de Mitsuki, el cual tenía aún sorprendido a Katsuki. Izuku se sentía agradecido por la hospitalidad de los Bakugo, especialmente de Mitsuki, que era totalmente distinta a como la solía describir Katsuki. Notaba su carácter fuerte, sí, pero también notaba que ese carácter estaba envuelto en cariño.
Cuando el cenizo regresó, su madre se encontraba en la sala de estar junto a su padre. En silencio, caminó hasta la sala y se dejó caer en el sofá.
—Izuku es muy lindo, Katsuki. —dijo de pronto Mitsuki—. Cuídalo bien, y como te dije, tú cuídate también. —sonrió—.
—Lo sé, bruja. Te comportaste extremadamente bien. —dijo sonriendo de lado—.
—Que a ti te corrija no significa que deje de ser amable con los demás.
Masaru sonreía ante la interacción.
La omega hizo una que otra pregunta sobre Izuku y charlaron un poco más. Cuando ya se iría cada uno a lo suyo, Katsuki comenzó a subir las escaleras hacia su habitación, y antes de entrar, Masaru le habló.
—Hijo, ¿podemos charlar un rato?
El alfa se quedó observándolo unos segundos antes de responder, algo curioso por lo repentino de su pregunta.
—Claro, entra. —dijo al mismo tiempo en que se hacía a un lado para dejar pasar a su padre primero—.
Masaru tomó asiento en la silla frente al escritorio y el cenizo en su cama. Estuvieron unos segundos en silencio, un silencio que no era incómodo, pero no dejaba de ser extraño. Eran pocas (y raras) las ocasiones en que el beta pedía hablar con él, siempre para algo importante.
—Katsuki. —comenzó a hablar Masaru—. Quiero agradecerte por presentarnos a Izuku. Como dijo tu madre, es alguien muy lindo. —decía mientras lo miraba fijamente—.
El cenizo no entendía a dónde iba la conversación o el motivo por el cual Masaru quiso hablar con él. Sin embargo, no interrumpiría a menos que fuese necesario comentar o aclarar algo.
—Me he dado cuenta cuánto has crecido, y por eso mismo, de padre a hijo, quiero que se cuiden mucho, especialmente por la relación alfa-omega que ambos comienzan a desarrollar. —su tono de voz se volvía más serio con cada palabra, pero su mirada cálida no desaparecía de su rostro—.
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El hielo que nos une ❄️ [BkDk α-β-Ω] --EN CURSO--
FanfictionLo que Bakugo Katsuki vio ese día, lo cautivó más que cualquier otra cosa en el mundo... Y no fueron los pasos o secuencias, sino aquella persona que los realizaba. • • ---------- ❆ ⋅ ⋯ ❄️ ⋯ ⋅ ❆ ---------- • • • Una historia que combinará el frío de...
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