Viernes 05 diciembre 2025
Los copos de nieve se estrellaban suavemente contra la ventana del centro comunitario para inmigrantes, un lugar de un aspecto generalmente lúgubre pero que comenzaba a tomar forma con esas pintas navideñas que daban calidez al corazón de los pobres desafortunados que debían pasar las festividades en esos lugares, tan lejos de sus familias y hogares, con el sueño de una mejor vida y la determinación para lograrlo a como diera lugar.
Levi no era ajeno al sentimiento, el mismo había llegado hace años a ese lugar, pero a diferencia del resto, el no tenía hogar al cual regresar ni familia por la que estuviera emprendiendo el viaje. Su vida había iniciado de cero en ese viejo edificio que lo vio renacer de las cenizas, así que ahora con su vida un poco más ordenada se sentía en deuda y seguía siendo voluntario del lugar.
Desde la acera de enfrente era fácil reconocer esa mata de rebelde cabello castaño perteneciente a Hange quien caminaba de un lado al otro frente a la fachada del edificio agitando sus brazos en todas direcciones, vestida únicamente con una polera sencilla a pesar del fuerte viento y la nieve comenzando a formar una fina capa sobre su cabeza.
- Cuatro ojos, ve a ponerte una endemoniada chamarra, no quiero tus mocos regándose por todas partes más tarde - gritó el pelinegro llamando la atención de la mujer, quien corrió a abrazarlo
- Levi! que bueno que estás aquí, hay muchísimas cosas por hacer, este año nos hicieron un gran donativo de adornos y tendremos ayuda extra, el hermano de Mikasa está en la ciudad y llegaron hace rato para ...
El hombre dejó de prestarle atención mientras le seguía al interior del edificio, siempre hablaba demasiado y de todos modos estaba seguro que repetiría la misma información unas mil veces más a lo largo del día como era su costumbre.
La quería por supuesto, y le estaría agradecido toda la vida por ser la única que lo tratara como un humano normal la primera vez que se vieron, pero era tan excéntrica que a veces le costaba un poco de trabajo estar a su alrededor sin querer ponerle una cinta sobre la boca.
Se distrajo apreciando los reflejos coloridos que generaban las luces de un pequeño árbol de navidad sobre la mesa que fungía como recepción. No odiaba la navidad, pero algo en ella le presionaba el pecho, podía reconocer su belleza con una claridad que lo irritaba: el reflejo cálido de las luces en la nieve sucia de la acera, el murmullo contenido de la gente al pasar, esa tregua silenciosa que la ciudad parecía concederse una vez al año. Todo estaba ahí, completo, funcionando.
Y aun así, siempre sentía que algo faltaba, no era nostalgia pues no tenía recuerdos a los que volver. Era más bien una ausencia sin nombre, un espacio vacío que no dolía pero pesaba. Como si alguien hubiera retirado una pieza esencial de un mecanismo perfecto y el mundo siguiera girando pero con un repiqueteo constante imposible de ignorar.
- Enano, ¿me estas escuchando?
El apodo le hizo volver en si y fruncir el ceño.
- Claro, la misma mierda de cada año, venga dime cual es mi trabajo para que terminemos pronto.
La chica depositó en sus manos una caja con diversos adornos.
- Anda, ve a adorar la ventana principal, confío en tu buen gusto para que este lugar pueda verse un poco lindo.
Salió dispuesto a realizar la tarea conferida dándose cuenta de inmediato que la parte superior de la ventana era muy alta para él como para alcanzarla sin una escalera. Era totalmente a propósito para molestarle pero no le daría el gusto de verlo quejarse por lo que se limitó a pegar adornos en la parte baja, ya se las arreglaría con lo demás.
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El peso de lo que no se olvida
RomanceLevi ha aprendido a existir sin pertenecer del todo, la Navidad siempre le recuerda un vacío que no sabe nombrar, hasta que Eren aparece. Porque hay amores que no nacen, sino que regresan. Y algunas almas, sin saberlo, se han estado esperando toda l...
