La fría y procelosa noche de tormenta hacía que el interior de la camioneta resultara más acogedor de lo que realmente era.
La ciudad, mostrando su rostro más gris, alejaba a cualquier transeúnte que quisiera respirar el aire nocturno… excepto a la figura incongruente en la distancia, sentada sobre la banqueta húmeda bajo la luz cansada de los faroles, casi imperceptible entre el humo que escapaba de la alcantarilla cercana. Una sombra impasible e indiferente a su propia seguridad.
Estacionándose a una distancia prudente, decidió acercarse a aquella dedicada alma dispuesta a soportar la lluvia que golpeaba el suelo sin tregua. Su sorpresa fue grata al encontrarse con un rostro familiar. Aunque estuvo callado todo el camino, Leonardo disfrutó de su compañía…
Hasta que dejó de sentir el mundo a su alrededor y todo se volvió oscuro.
Despertar con dolor de cabeza era normal.
Despertar sin poder mover las extremidades, con metal mordiéndole la piel, no lo era.
El primer aliento no entró. Su cuerpo decidió que no iba a cooperar. Que algo estaba mal. Muy mal.
La oscuridad de la habitación apenas era rota por una ventanita estrecha en lo alto de la pared y que apuntaba al exterior, la luz de la luna apenas filtrándose entre la madera que recubría el vidrio.
Y algo dentro de él… se rompió.
¿Cómo había llegado allí? ¿Por qué? ¿Era un sueño?
Su respiración empezó a acelerarse sin control, tragando aire como si no existiera suficiente.
Su pecho se contrajo de golpe.
Las manos le temblaron hasta doler.
Su corazón golpeaba demasiado rápido, demasiado fuerte, como si quisiera escapar antes que él.
No podía mover los brazos.
No podía mover nada.
Las cadenas tiraban de sus muñecas con un chirrido que le raspaba la mente.
El sabor de la sangre en su boca le hizo pensar que alguien lo había golpeado, o tal vez estaba mordiendo con tanta fuerza su labio que se había hecho daño.
"¿¡Hola!? ¡Hey! ¿¡Alguien!?"
Tiró de las cadenas con tanta desesperación que la piel empezó a romperse alrededor de los grilletes. El metal le cortaba, pero no podía parar. No podía pensar. No podía escapar del eco que devolvía sus propios gritos.
"¡Creo que tienen a la tortuga equivocada, qué terrible error! ¡Creo que alguien será despedido!" bromeó, incapaz de detener su impulso, aunque ni eso lograba calmar la ansiedad que le subía por el estómago. "¿Son cobradores de la Batalla del Nexo? ¿Los Maestros de la Barbarie? ¿Los Creadores de la Brutalidad?"
El aire parecía escaparse poco a poco de sus pulmones; las palabras salían más rápido de lo que podía pensar, intentando calmarse como fuera para no enloquecer.
"¿Hirsuté Resort & Spa? ¿Ciudad de las Brujas…? ¡Por favor, no debería estar aquí!" La voz se le quebró. "¡Tienen a la tortuga equivocada! ¡Se los suplico, no debería estar aquí! ¡Se equivocaron de persona! ¡Yo solo…! ¡Yo solo aposté mal, cociné mal, EXISTÍ mal, no sé!"
Suplicó a quien fuera que lo escuchara, pero no obtuvo respuesta.
La desesperación casi lo hizo llorar. No sabía qué ocurría, no recordaba nada que lo hubiera llevado allí.
"Papá… "susurró, roto, temblando." Papá, ven por mí…"
"¡DÉJENME SALIR!"
Gritó con lo último de fuerza en sus pulmones. Llevaba horas pidiendo libertad. Quería meterse en su caparazón y esconderse, pero las cadenas eran demasiado cortas y lo mantenían recostado, los brazos sujetos al marco de la vieja cama.
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Ruby over Diamonds | Leotello
FanfictionCuando estacionó su camioneta cerca de la figura bajo la lluvia, no esperaba ver un rostro familiar, sin embargo la sorpresa fue bienvenida a entrar para llevarlo a casa. Él no dijo una palabra durante el trayecto, pero con su sola presencia silenci...
