Capítulo 1 - Después de la guerra

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El aire en Konoha, estaba impregnado de un bullicio que no se había escuchado en años. La guerra había terminado, y aunque las cicatrices aún permanecían en la tierra y en los corazones, había esperanza.

Los aldeanos trabajaban en la reconstrucción, y en cada esquina se hablaba del mismo nombre con gratitud:

—Ese chico... ¡Naruto Uzumaki nos salvó a todos!

—No es solo el héroe de Konoha, es el héroe del mundo.

Naruto caminaba entre ellos sonriendo, levantando la mano, saludando a los niños que corrían tras él como si fuera una leyenda viviente. Pero mientras reía y respondía a todos, en el fondo de su corazón aun sentía un vacío.

Porque sus ojos no buscaban la alabanza de la gente, buscaban a una sola persona.

Y la encontró enseguida: Sakura, con su bata de médico, rodeada de pacientes y heridos. Su expresión era seria, concentrada, moviéndose de un lado a otro sin descanso.

—¡Sakura-chan! —Naruto levantó la mano y corrió hacia ella — Por fin termino.

Ella giró el rostro, lo miró y sonrió... pero fue una sonrisa pequeña, fugaz, como una caricia que se desvanece antes de sentirla.

—Sí, Naruto, lo logramos... —dijo, y enseguida regresó a atender a los heridos.

Naruto se quedó parado, con la mano en el aire. Forzó una sonrisa, pero sus ojos perdieron brillo.

Si...Lo logramos... —repitió para sí, bajando la mano lentamente.

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Más tarde, ya entrada la tarde, Naruto se encontró con sus amigos en un pequeño restaurante improvisado que servía comida a los shinobi que ayudaban en la reconstrucción.

Shikamaru fumaba un cigarrillo con cara de fastidio.

—Al fin paz... y aun así nos harán trabajar como mulas.

Kiba rió fuerte.

—¡Eh, no te quejes! Al menos no estamos peleando contra monstruos.

Choji devoraba un plato enorme. — La paz sabe deliciosa.

Naruto reía junto a ellos, pero cada tanto su mirada se perdía en la mesa, recordando a cierta chica pelirosa.

—Oye, Naruto —intervino Shikamaru, dándose cuenta—. ¿Qué pasa? Hoy estás más callado de lo normal.

—¿Eh? ¡No, no pasa nada! —Naruto agitó las manos, intentando disimular—. Solo estoy... cansado, ya sabes.

Pero Hinata, que estaba sentada cerca, lo observaba con sus ojos perlados. Ella percibía la tristeza detrás de esa sonrisa. Su corazón quería hablar, consolarlo... pero se limitó a bajar la mirada, apretando las manos sobre sus rodillas.

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De regreso a la oficina de Hokage, Tsunade observaba por la ventana el ajetreo de la aldea. Cuando Naruto entró, ella lo recibió con su habitual mezcla de dureza y cariño.

—Vaya, vaya, el gran héroe de la guerra. —Tsunade lo miró con una media sonrisa—. Supongo que ahora querrás que te entregue el sombrero de Hokage de inmediato, ¿eh?

Naruto río nervioso.

—¡Claro que sí, abuela! ¡Ese siempre fue mi sueño!

Ella lo miró con seriedad.

—Ser Hokage no es solo recibir elogios, Naruto. Es cargar con la soledad de muchos, soportar la decepción... y aun así seguir adelante. ¿Crees que estás listo para eso?

Naruto bajó un instante la mirada, pensando en Sakura. Esa indiferencia le dolía más que cualquier herida.

—...Sí. —respondió finalmente, apretando los puños—. Estoy listo.

Tsunade lo observó en silencio y, aunque sonrió, notó la sombra en sus ojos.

— Bien, te llamare cuando comencemos tu entrenamiento

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Esa noche, en lo alto del monumento Hokage, Naruto se dejó caer mirando las luces de la aldea. La celebración aún resonaba en las calles, pero para él el sonido estaba lejano.

Lo daria todo... hasta mi vida... pero aun así... Sakura-chan... tus ojos siguen buscándolo a él... —pensó, dejando escapar un suspiro que le pesaba en el pecho.

En una calle cercana, Hinata lo observaba en silencio. Su corazón temblaba con cada palabra que escuchaba. Quería acercarse, decirle que no estaba solo, pero sus labios se negaban a pronunciar las palabras que tanto tiempo llevaba guardadas.

—Naruto-kun... —murmuró, con un nudo en la garganta.

El héroe de la aldea, rodeado de luces y gratitud, aun sentía esa soledad en el corazón.

Los Susurros del CorazónGeschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt