Capítulo 18.

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El relog marcaba las 08:05 p.m exacto. Samuel se ponía su traje de fútbol en los vestidores mientras las grandes luces blancas iluminaban la oscuridad de el campo de fútbol. Guillermo estaba en la quinta fila de las gradas con Frank y Luzu mientras que el equipo salia a toda prisa al campo.
—Vamos, chicos. Llevan cinco minutos de retraso —les grita el entrenador.
El equipo salió al campo y la gente estalló en aplausos, gritos y chiflidos. Guillermo, con todas las ansias de que ganaran, se unió a todos en aplausos y gritos de aliento.
—Tú, tío, parale un poco, ya todos dejaron de gritar —le dice Frank.
—Déjalo, está apoyando a Samuel —le dice Luzu.
Guille se sienta y contempla el partido como los demás, aunque se oía el hablar de la gente y todo lo demás, no perdía de vista a Samuel, y Samuel, de vez en cuando volteaba a verlo para guiñarle un ojo o algo así.
—Mis goles serán para ti, cariño —le había dicho Samuel la noche anterior.
—¿Y si metes auto-gol que significa?
Samuel lo miró serio y luego le dedicó la mejor de sus sonrisas, lo abrazó y le dijo que eso no hiba a pasar, o al menos no en él.
Era ya el segundo tiempo y el marcador estaba en empate. Daniel y Yuya deseaban con todas sus fuerzas que el equipo de Samuel ganara, lo necesitaban.
Guillermo, Samuel y todos en el campo, tenían los nervios alterados, se habían ido ya a penales y de eso dependía Samuel, él era quién anotaría (o no) el gol.
Sintió que todo a su alrededor se movía lento, las gotas de sudor escurrían por sus mejillas.
Entonces, fue cuando el silbatado sonó y Samuel entró en acción; golpeó la pelota con todas sus fuerzas y anotó.
La gente volvió a estallar en aplausos y todos empezaron a bajar de las gradas corriendo hacia Samuel.
Guillermo quiso llegar primero, pero la gente era tanta que se amontonaron en Samuel llevándolo a la escuela donde se celebraba ka victoria.
Guillermo no se puso triste, sabía que pasaría y lo alcanzaría allá adentro, pero ahora estaba solo en las gradas —porque incluso Frank y Luzu habían ido tras de él— sin nadie a su alrededor, nadie excepto Daniel.
Solo le quedaban diez minutos de vida.
En el salón de la escuela habían puesto música y bebidas mientras que felicitaban a todo el equipo por su trabajo, pero a quien felicitaban más era a Samuel (samuel samuel samuel siempre samuel).
Yuya había aprovechado está oportunidad y había ido a insinuarsele.
—Estuviste magnifico —le dice Yuya abrazándolo—. ¿Eres así de magnífico en la cama?
Samuel se sobresalta y le quita las manos de su pecho.
—Eso solo lo sabe una persona.
—¿Quién? ¿Tú novio Guillermo? No creo que tú seas el único que entre en él —le dice retándolo.
—¿Qué quieres decir?
—¿Acaso lo has visto aquí?
Samuel aparta, casi empujando a Yuya, de su lado y empieza a mirar desesperadamente hacia todos lados.
—¡Guille! ¡Guille! —grita.
El sonido de la música es tan alto que siente que se su voz apenas y se escucha.
Ve a Frank con Luzu bailando entre la gente y les llama.
—Chicos, ¿han visto a Guille?
—Estaba con nosotros en las gradas —contesta Frank.
—¿Y no saben a dónde fue?
—Creo que se quedó con Daniel.
Fe ahí cuando Samuel no supo qué hacer, quiso gritar y arrojar cosas, no sabía en dónde estaban y, a estas alturas, Daniel ya podía haberle hecho cualquier cosa. Mientras en su mente sonaba «Hero» de Regina Spektor. Esa artista que tanto le gustaba a Guille. Su Guille.
Sintió que pasó una eternidad al buscarlo —aunque solo habían pasado cinco minutos— y entonces, optó por ir al único lugar dónde nadie había.
Fue hasta los vestidores y escuchó golpes y jadeos.
Se acercó y despacio y escuchó un golpe sordo, metálico.
Abrió la puerta y lo que vio aún perturba su mente.
Guillermo luchaba por quitarse de encima a Daniel, tenia su camisa rasgada y en la espalda había marcas de rasguños. Daniel tenía a Guillermo en cuatro sobre una mesita, Daniel estaba violando a Guillermo, su amor, su historia más bonita. Estaba siendo violado por su culpa, porque no había ido con Guille cuando el partido acabó. Miró el rostro lleno de lágrimas de Guille, y quiso llorar, de tristeza, de rabia, de enojo.
Samuel se le encimó a Daniel y empezó a golpearlo en la cara fuerte, muy fuerte, la sangre le escurría a chorros por la nariz y la boca.
Guillermo se paró y, con el cuerpo adolorido por los golpes y las fuertes embestidas de Daniel, se volvió hacia Samuel.
—¡Samuel para por favor! —le gritó pero Samuel no lo hizo.
—¡Vete! —le dijo Samuel—. ¡Vete por favor!
A Samuel empezaban a escurrirse las lágrimas por sus mejillas, Guille lo miró y se alejó lentamente mientras Samuel seguía golpeando a Daniel.
Frank y Luzu vieron a Guille, Frank le dijo que llevaría a Guille a su casa mientras que Luzu iba a por Samuel.
Llegó a los vestidores y Samuel seguía golpeando a Daniel.
—Vale, Samuel. Ya está —le dijo apartándolo con todas sus fuerzas de Daniel.
Samuel se arrodilló y sollozo en el hombro de Luzu.
Nadie de ellos pudo olvidar esa noche jamás.
Guillermo no volvió a hablar con Samuel desde ese día, solo se juntaba con Frank, Alex, Rubén y Mangel, y de vez en cuando con Luzu, pero ya no hablaba con Samuel. Y lo peor era que ni siquiera Samuel quería hablar con Guille, pero en el fondo se extrañaban, se extrañaban mucho.
Yuya y Daniel decidieron no acusar a Samuel que lo había golpeado, si no Samuel hablaría.
Nadie sabe porque nadie dijo nada de lo sucedido esa noche, pero un cosa si es seguro; nada volvió a ser lo mismo desde aquella noche.
Samuel había ido unas cuantas veces a la casa de Guille, dispuesto a pedir un perdón por haberlo abandonado. Pero no era capaz de tocar el timbre y siempre se quedaba parado viendo el umbral.
Pero aquella noche, justo antes de irse, la mamá de Guille abrió la puerta.
—Oh, Samuel... —dijo ella.
—¿Está Guille?
—Sí, está en su cuarto.
—¿Cree que quiera hablar conmigo? —preguntó Samuel con un hilo de voz.
—Bueno, si no lo intentas no lo sabrás.
Samuel pasó y su madre le indicó donde quedaban las escaleras y el cuarto de Guille.
Cuando Samuel entró, Guille estaba sentado a la ventana, todas las noches lo hacia, y siempre veía que Samuel llegaba pero no tocaba y solo se iba. Samuel se sentó así lado, sin más que decir y los dos miraron hacia donde estaba la luna.
—Guille yo...
—Shhhh... —lo interrumpió casi al instante—. La luna está hermosa hoy.
—Sí, supongo que sí.
—Alguna vez tú y yo brillamos así.
Samuel no supo que decir ante eso, no había palabras, no había nada. Se limitó a mirarlo.
—Podemos volver a brillar así —le soltó Samuel—. No será fácil, pero si los dos podemos poner nuestro granito de arena podremos volver a brillar, tal vez no de la misma manera manera, tal vez mucho mejor.
Guille lo miró, supo que sus palabras eran sinceras, que la vida está llena de errores, y que de los errores se aprende o se pierde.
Guille le tomó de la mano y le dijo:
—Ven, volvamos a reconstruir lo que algún día fuimos —concluyó.

F I N

Yo Antes de Ti  «Wigetta»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora