Capítulo 16.

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Era ya el fin de semana y la tarde iba cayendo casi llegando al crepúsculo. Guillermo se alistaba para salir con Samuel. Saldrían esa noche a festejar que Samuel —después de un largo tiempo de no jugar— volvería a hacerlo en el equipo de la escuela.
Salió de la ducha con el cabello alborotado y mojado, se secó y se puso una camisa de Jack & Jones morada, unos jeans alzules y se hecho perfume. Se peinó y en cuestión de minutos, estaba listo.
Se dirigió hasta la puerta donde el tiwmbree había sonado ya, era Samuel.
Abrió la puerta y se encontró con ese chico que lo tenía cautivado, vestía una remera de cuadros y unos jeans rasados, el perfume que llevaba olía bien, incluso mejor que el de Guille.
—¿Estás listo? —le dijo Samuel con una media sonrisa.
—Sí, ya podemos irnos.
Se despidió de su madre y se metió al Mercedes de Samuel. Una vez dentro, en la radio sonaba Ritchie Valens con La Bamba.
—¿A dónde me llevarás? —preguntó Guille.
—A muchos lugares, cariño.
Guille le sonrió y le besó, había olvidado hacerlo cuando lo vio en el umbral de su casa, pero nunca era tarde para hacerlo ahora.
Samuel había llevado a Guille a un restaurante muy elegante, fino y cortes.
—Vaya, esto es muy elegante para mí —dijo Guille, sonriendo.
—Quería traerte aquí porque siempre soñé con venir aquí con una persona especial.
Guillermo, que tenia la mirada puesta en la fuente del fondo, se volvió para mirar a Samuel de frente, le tomó de la mano y le sonrió.
—¿Soy especial para ti? —dijo, tierno.
—Lo eres. Ahora lo eres. Lo fuiste siempre.
Samuel tomó con más fuerza la mano de Guille y la sostuvo ahí.
Ordenaron la comida, Guille pidió filew ahumado y Samuel unas costillas a la parrilla, y para acompletar, una malteada de chocolate para Guille. Aunque Guille estaba deseando en el fondo que Samuel le ayudase a pagarla, ya que no sabía que vendrían a un restaurante tan caro.
—Guille... —dijo Samuel. Guillermo lo miró y meneó la cabeza—. Te he traído aquí porque, quiero que lo nuestro...
De pronto se pausó, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y se volvió hacia Guille. Fue ahí cuando supo que era él, y estaba haciendo lo correcto.
La cena pasó, Samuel y Guillermo hablaron de muchas cosas, rieron, se pusieron serios cuando había que hacerlo, pero sin dejar de tener esa conexión que solo ellos podían tener.
Pidieron la cuenta, pagaron y se fueron de nuevo en el Mercedes. Guille pensó que Samuel ni le diría nada después de esa frase que quedó inconclusa y que seguramente ya lo estaba llevando a su casa. Pero Samuel tenía otros planes, había llevado a Guillermo al puente de las Artes.
—¿Que hacemos aquí? —le preguntó Guille.
—Guille, quería decirte —empezó Samuel—. Que realmente me tienes loco. No sé como explicar lo que siento por ti y, quiero que esto sea eterno.
Samuel sacó de su pantalón un candado con las iniciales «GyS» grabadas. Guille, quien había escuchado atento, se sorprendió al ver el candado.
—Dicen que si pones un candado en un puente y tiras la llave al río, la pareja no se separará jamás.
Samuel puso el candado en el puente y Guillermo sujetaba la llave.
—Cuidado, Samuel, que esto es para siempre.
—Y así quiero que sea.
Samuel besó a Guille y este arrojó la llave al río. Siguieron el beso muy lenta y dulcemente. Ahora lo suyo era oficial.
La noche estaba llena de sorpresas, pues Samuel había llevado a Guillermo a su casa. Saludó a sus padres y luego los dos subieron juntos a su habitación.
—Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo —le dijo Samuel.
Guille se acostó en su cama y, acto seguido, Samuel hizo lo mismo.
—Eres muy lindo conmigo —dijo Guille y Samuel le sonrió.
—Tú lo fuiste conmigo, ahora yo lo soy contigo.
Samuel le besó, puso sus manos contra la cintura y, en una abrir y cerrar de ojos, tenía a Guillermo encima de él. Se quitó la camisa muy lentamente contemplando su pecho, Samuel se quitó mientras continuaban besándose como si fuera la primera vez.

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Hoy fluyo el amor:3

Yo Antes de Ti  «Wigetta»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora