La mesa del comedor en la residencia Min siempre estaba impecable. Cubiertos alineados, servilletas de tela, y una cena preparada por el chef personal que incluso podía hacer que las verduras parecieran apetitosas. Pero esa noche, ni el aroma del filete ni el pan recién horneado lograban suavizar la tensión que flotaba en el aire.
—¿Ya les entregaron sus calificaciones? —preguntó Yoongi, sin levantar la vista de su plato, su voz calmada pero afilada como un bisturí.
Jimin, con su habitual expresión serena, sacó una hoja perfectamente doblada de su mochila y la deslizó por la mesa con pulcritud.
—Aquí están, papá.
Yoongi tomó la hoja, la leyó con rapidez, y asintió apenas. Orgulloso, pero sin mostrarlo demasiado. Jimin sonrió solo un poco, como si supiera que ese gesto mínimo era el equivalente a un aplauso.
—¿Y tú, Jungkook? —preguntó Bereniz, con su voz suave pero inquisitiva.
Jungkook, que llevaba media cena empujando los chícharos con el tenedor como si fueran enemigos personales, se congeló.
—Eh... las perdí.
El silencio fue inmediato. Yoongi levantó la mirada, clavando sus ojos oscuros en su hijo con una intensidad que haría temblar a cualquiera. Jungkook tragó saliva, sonrió con culpa, y desvió la mirada hacia su madre. Una señal de auxilio silenciosa.
Bereniz, con la dulzura de siempre, negó suavemente con la cabeza, pero bajo la mesa estiró su mano y tomó la de Yoongi. Sus dedos se entrelazaron con los de él, y aunque su rostro no cambió ni un poco, ella sabía que ese simple contacto lo había frenado de soltar una tormenta.
—Jungkook —dijo Yoongi, su voz aún calmada pero mucho más dura—. Mañana mismo vas a hablar con tu maestro. Y si no traes esas calificaciones, te voy a sacar de esa banda de una vez por todas.
—¡¿Qué?! ¡Papá, no! ¡Eso es lo único que me gusta hacer!
—Entonces más vale que aparezcan. Porque si no, la guitarra se va, ¿entendido?
Jungkook hizo un puchero digno de un actor de drama, pero al ver que su mamá no lo respaldaría esta vez, bufó y volvió a empujar los chícharos.
—Sí, sí... entendido.
Bereniz, sin soltar la mano de Yoongi, le sonrió por debajo de la mesa. Y él, sin que nadie más lo notara, le apretó suavemente los dedos como respuesta. Aunque fuera el patriarca más temido de la familia Min... cuando se trataba de su esposa, no era más que un hombre completamente entregado.
KAMU SEDANG MEMBACA
La Familia Min
Fiksi PenggemarLa familia Min es el retrato perfecto de elegancia, éxito y prestigio. Min Yoongi, un empresario reconocido por su inteligencia y carácter reservado, gobierna su hogar con la misma precisión con la que maneja sus negocios. A su lado, su esposa Beren...
