PRÓLOGO

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CUATRO AÑOS ATRÁS

Su primer amor había muerto.

No por una enfermedad, no por un accidente. Había muerto de un balazo. Y Fiorenza había sido la que había accionado el gatillo. Al principio no sintió nada, como si su corazón se hubiera marchitado, pero las lágrimas surcaban su cara sin descanso. Contempló su rostro por última vez; la pequeña sonrisa de suficiencia con la que dejaba ver el hoyuelo que tanto amaba, sus ojos como dos jades le devolvían una mirada tranquilizadora, como si quisiera que dejara de llorar. La boca de su estómago se cerró cuando se fijó en el gran charco de sangre que había en su pecho, justo encima del corazón. Si le hubiera hecho caso, si no hubiera ignorado sus peticiones de desaparecer no habrían acabado así las cosas. Él seguiría vivo y ella nunca tendría que matarlo.

Suspiró mientras guardaba el arma de vuelta a su funda, debajo del abrigo, y se acercó al cuerpo ignorando la nieve que caía a su alrededor. Tendría que arrastrarlo hasta la parte trasera de la finca, donde la esperaban Padre y el señor Baskerville para confirmar que la misión había sido exitosa. Lo agarró de las axilas y comenzó a arrastrarlo por el sendero durante varios kilómetros.

Con cada paso su corazón dejaba caer la piedra que lo recubría, dejando una masa sanguinolenta. No era su primera vez matando personas, así que, ¿por qué dolía tanto? Desearía poder clavarse una daga en su pecho y arrancarse el corazón de cuajo, retroceder en el tiempo y negarse a aceptar este asesinato. Ni siquiera cuando murió su madre se sintió de esta manera tan... vacía.
Ya no sentía sus manos cuando llegó al lujoso coche y un par de gorilas le arrebató el cadáver de las manos. Tampoco sentía que lo que estaba pasando era real, todo aquello le parecía una escena de videojuego, de esas que ves a través de una pantalla.

-Has tardado -dijo a modo de saludo el Don-. Casi nos congelamos en esta ventisca, pero como dicen, mejor tarde que nunca -Fiorenza asintió con la cabeza al tiempo que Padre le lanzaba una carpeta-. Este es tu próximo objetivo, lleva demasiado tiempo metiendo las narices en donde no debe. Recuerda dejar nuestra firma.

Ella volvió a asentir mientras ojeaba con movimientos mecánicos la información.

-¿Para cuando?

-Antes de que termine la semana.

Asestó dos golpes al techo del coche y se fueron del lugar como fantasmas. Lo único que los delataba eran las huellas de neumático que Fiorenza tendría que borrar. Miró al cielo gris que dejaba caer con parsimonia los copos de nieve y volvió a suspirar, sintiendo los ojos hinchados.

Con los dedos rojos, sacó del bolsillo del abrigo lo único que había podido hurtar de Nathan Abel Baskerville; una caja de cigarros. Sacó uno y lo prendió, dejando que todo aquel revoltijo de sentimientos se los llevara el humo del tabaco.

Sabía fatal.

Dió otra calada.

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⏰ Последнее обновление: Feb 22, 2024 ⏰

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