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La música retumbaba en el interior del club nocturno, una mezcla de bajos profundos y luces intermitentes que parecían seguir el ritmo frenético de los corazones en la pista de baile. El lugar estaba lleno de energía, y cada rincón del club respiraba el perfume de emociones contenidas, de historias por comenzar.

Ángela se apoyó en la barra, con un ligero aire de hastío, mientras jugueteaba con el borde de su copa de vino blanco. Había venido con sus amigas para distraerse, pero la música y el ruido no lograban apagar la voz en su cabeza que la mantenía inquieta. Era una mujer de cabello rubio que caía como un velo dorado sobre sus hombros, sus ojos verdes, resplandecientes incluso en la penumbra, escaneaban el lugar en busca de algo... o alguien. No sabía exactamente qué.

Al otro lado del club, Jon estaba de pie cerca de una mesa alta, rodeado por un par de amigos que charlaban animadamente. Aunque su sonrisa surgía de vez en cuando como respuesta automática, su mente estaba en otro lado. Su cabello negro, perfectamente desordenado, caía sobre su frente, y sus ojos verdes tenían un brillo que atraía las miradas sin que él pareciera notarlo. Al igual que Ángela, no estaba allí buscando algo específico, pero había acudido al club con la vaga esperanza de que esa noche tuviera algo diferente que ofrecer.

Ángela levantó la mirada en el momento exacto en que Jon giró la cabeza hacia la barra. Fue un cruce fugaz, un destello en la oscuridad, pero lo suficiente como para que ambos se detuvieran por un instante. Jon entrecerró los ojos, como si intentara descifrar el rostro de ella entre las luces parpadeantes. Ángela, por su parte, sintió que su respiración se detenía al ver esos ojos verdes que parecían atravesar la distancia entre ambos.

Jon no dudó. Con paso firme, pero sin apresurarse, comenzó a caminar hacia la barra, esquivando a los grupos que bailaban entre ambos. Ángela sintió un leve calor subir por su cuello mientras lo veía acercarse. No era alguien que se intimidara fácilmente, pero había algo en ese hombre que la desconcertaba, algo en la intensidad de su mirada que la hacía sentir que él ya la conocía.

—¿Es tu primera vez aquí? —preguntó Jon, apoyándose con naturalidad en la barra junto a ella. Su voz era grave, pero no intimidante, más bien cálida, como un susurro que invitaba a la cercanía.

Ángela sonrió ligeramente, tratando de ocultar el efecto que él ya estaba teniendo en ella.
—Si, No suelo salir seguido. ¿Tú?

Jon negó con la cabeza, una sonrisa ladeada asomando en sus labios.
—No soy muy fan de estos lugares, pero a veces vale la pena.

Ella arqueó una ceja, intrigada.
—¿Y qué te hace pensar que esta noche vale la pena?

Jon la miró directamente, sus ojos verdes atrapando los de ella como si no existiera nadie más en el club.
—Quizá porque te encontré.

Ángela soltó una breve risa, aunque no pudo evitar que un rubor le tiñera las mejillas. Su intención inicial era responder con algo ingenioso, pero las palabras se le escaparon cuando se dio cuenta de que él hablaba en serio.

—Soy Jon, por cierto —añadió él, extendiendo una mano.

—Ángela —respondió ella, aceptando el apretón.

El contacto de sus manos fue breve, pero suficiente para que ambos sintieran un extraño cosquilleo. Era como si esa noche, entre la música ensordecedora y las luces cegadoras, el destino les hubiese tendido una trampa.

Mientras la conversación fluía con naturalidad, cada palabra, cada mirada, confirmaba lo que ambos ya empezaban a sospechar: esa noche, en ese club, algo había cambiado.

El Club Nocturno [ La Mafia]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora